El estoicismo que circula hoy no busca comprender el sufrimiento, sino despolitizarlo
En los últimos años, el estoicismo reaparece en boca de empresarios, coaches e influencers como una filosofía de vida "útil" para el mundo actual. Pero lo que circula no es una recuperación rigurosa de una tradición filosófica, sino una versión recortada, funcional y profundamente ideológica.
En los últimos años, el estoicismo reaparece en redes, charlas empresariales y discursos de coaching como una supuesta filosofía práctica para "sobrevivir" al mundo actual. Se lo presenta como una ética del autocontrol, la resiliencia y la aceptación. Pero esta supuesta "recuperación" no es inocente: es una operación ideológica.
Por Javier Prezioso | @filocritica
El estoicismo que circula hoy no busca comprender el sufrimiento, sino despolitizarlo. Problemas estructurales como la precarización laboral, el agotamiento crónico o la incertidumbre social son redefinidos como fallas individuales de carácter o de actitud.
No es el sistema el que produce malestar: sos Vos, que no sabés "gestionar" (término económico) tus emociones.
No necesitamos aprender a soportar mejor lo intolerable. Necesitamos transformar colectivamente las condiciones que lo producen.
De este modo, una filosofía antigua es arrancada de su contexto histórico y reutilizada para legitimar el orden social contemporáneo. El mensaje es claro: no intentes transformar lo que te oprime, adáptate mejor. La resignación se presenta como virtud moral y la aceptación, como madurez.
Busto de Zenón de Citio, filósofo estoico. Fotografía: Paolo Monti. Servizio fotográfico (Napoli 1969). Wikimedia Commons.
Este "estoicismo empresarial" encaja perfectamente con la racionalidad neoliberal. Produce sujetos aislados, autoexigidos y responsables de su propio fracaso. Al eliminar las categorías de poder, explotación y conflicto social, neutraliza toda posibilidad de crítica colectiva.
Lejos de ser una herramienta de emancipación, este uso del estoicismo funciona como una pedagogía de la adaptación. No fortalece: anestesia. No libera: domestica.
Frente a esto, la crítica filosófica y política es necesaria. El sufrimiento no es destino ni carácter; es el resultado de relaciones sociales históricas que pueden y deben ser transformadas.
No necesitamos aprender a soportar mejor lo intolerable.
Necesitamos transformar colectivamente las condiciones que lo producen.
El estoicismo empresarial no busca fortaleza moral.
En los últimos años, el estoicismo reaparece en boca de empresarios, coaches e influencers como una filosofía de vida "útil" para el mundo actual.
Pero lo que circula no es una recuperación rigurosa de una tradición filosófica, sino una versión recortada, funcional y profundamente ideológica.
El mensaje es siempre similar: no te quejes, aceptá lo que no podés cambiar, concentráte en vos mismo. Presentado como sabiduría antigua, este discurso aparece justamente en un contexto de precarización laboral, ajuste y sobreexigencia permanente.
Así, el sufrimiento social se redefine como problema psicológico. La explotación deja de ser una relación estructural y se convierte en una "mala gestión" emocional. No es el sistema el que falla: es tu actitud.
No es el sistema el que produce malestar: sos Vos, que no sabés "gestionar" (término económico) tus emociones.
El discurso motivacional insiste: no podés cambiar el sistema, pero sí podés cambiar tu mentalidad. De ese modo, la injusticia se naturaliza y el cansancio se moraliza.
Esta operación no es ingenua. Al separar el malestar de sus causas sociales, el estoicismo empresarial desactiva toda lectura política del conflicto y transforma la adaptación en virtud moral. Usar esa filosofía hoy, en una versión completamente distorsionada y anacrónica para justificar la resignación frente al orden social vigente es una falsificación.
Paulo Freire lo advirtió con claridad: una educación orientada a la adaptación, y no a la crítica, no libera. Domestica. El estoicismo empresarial no busca fortaleza moral.
Este estoicismo pop encaja perfectamente con el neoliberalismo: produce sujetos adaptados, competitivos y que se responsabilizan de su propio fracaso. Cuanto menos se piensa en términos colectivos, más eficaz resulta el control social.
Desde una perspectiva crítica, el sufrimiento no es un destino ni fortaleza de carácter. Es el resultado de relaciones sociales concretas, históricas y conflictivas.
La autoexigencia aparece como fortaleza de carácter.
El agotamiento, como falta de disciplina. La precariedad, como oportunidad de crecimiento personal.
Sobre el autor de este artículo | www.filocritica.wordpress.com
Javier Prezioso es un filósofo de Buenos Aires, Argentina. A lo largo de su formación ha transitado por diversas corrientes filosóficas tales como el marxismo y sus diversas interpretaciones, el hegelianismo, la fenomenología, la Filosofía de la Liberación de Enrique Dussel, el pensamiento nacional argentino, la Teología de la Liberación, la filosofía crítica kantiana, el materialismo de Mario Bunge, la Filosofía Científica de Gustavo Romero, el pensamiento de Deleuze y Guattari, entre otras tantas corrientes y sigue en búsqueda y desarrollo de un pensar propio.









