Argentina quiso más y volvió a hacerse mundial

Perdía ante Inglaterra, pero nunca se sintió contra las cuerdas: dominó, insistió, golpeó con Messi, Enzo y Lautaro, y jugará otra final contra España.

Hernán Ansuini
Periodista y analista. Escritor. Trabajó en Radio La Red Mendoza y Radio Nihuil. Participó en Radio AM 750, programa de Victor Hugo Morales.

Argentina volvió a meterse en una final del mundo con esa mezcla de fútbol, carácter y hambre que ya parece una marca registrada. Le ganó 2-1 a Inglaterra en Atlanta, en una semifinal cargada de historia, nervios y orgullo, pero no desde la agonía ni desde la supervivencia: lo hizo jugando, empujando, creyendo y sometiendo a un rival que quiso proteger demasiado pronto lo poco que tenía.

Anthony Gordon puso el 1-0 para Inglaterra a los 55 minutos y durante un rato pareció que la noche podía acomodarse al viejo sueño inglés de volver a una final mundialista. Pero Argentina nunca transmitió cansancio, nunca pareció quedarse sin aire, nunca estuvo realmente contra las cuerdas. Al contrario: fue creciendo con una naturalidad casi inevitable. El empate no era una esperanza; era una noticia que venía en camino.

Inglaterra quiso resistir desde la ventaja, pero Argentina empujó con fútbol.

Inglaterra quiso resistir desde la ventaja, pero Argentina empujó con fútbol.

El equipo de Lionel Scaloni acumuló ataques, encerró a Inglaterra contra su área y convirtió el tramo final en un ejercicio de insistencia. Pickford tuvo atajadas decisivas, Alexis Mac Allister estrelló dos veces la pelota en los palos y cada rebote parecía devolverle a Argentina una certeza: había que seguir. El planteo defensivo de Thomas Tuchel invitó a Argentina a adelantar líneas; Inglaterra pasó a resistir con una línea de cinco y Argentina tomó las riendas del encuentro.

Y ahí, en ese territorio donde el fútbol deja de ser sólo táctica y empieza a medir deseos, Inglaterra se achicó. No sabe cómo bajar al barro como lo hacen los argentinos: es premium y un pelín blanda; no quiere tanto como Argentina, que siempre quiere más, que tiene hambre de gloria. Argentina no juega en puntas de pie: pisa fuerte, mete el cuerpo, juega con el pecho abierto y con la memoria encendida.

Messi, que había sido contenido durante buena parte del partido, apareció cuando los grandes aparecen: justo y para romper el cálculo ajeno. Primero asistió a Enzo Fernández, que a los 85 minutos sacó un derechazo feroz desde la puerta del área para el 1-1. Después, ya en el descuento, volvió a tomar la pelota por la derecha, levantó la cabeza y puso el centro para que Lautaro Martínez, libre, cabeceara el 2-1. Siete minutos alcanzaron para destruir una ilusión inglesa que se había construido sobre el miedo a perder.

El equipo de Lionel Scaloni acumuló ataques, encerró a Inglaterra contra su área y convirtió el tramo final en un ejercicio de insistencia.

El equipo de Lionel Scaloni acumuló ataques, encerró a Inglaterra contra su área y convirtió el tramo final en un ejercicio de insistencia.

Argentina jugará la final contra España con la posibilidad de defender la corona y agrandar una era que ya pertenece a la historia. Inglaterra, otra vez, se quedó mirando desde el borde: cerca, demasiado cerca, pero sin terminar de animarse. La diferencia no estuvo sólo en los nombres ni en los cambios. Estuvo en la manera de querer. Argentina quiso más. Y cuando Argentina quiere así, con fútbol y con corazón, el mundo se le vuelve posible.

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