Argentina: los niños robados de la dictadura, una memoria que todavía incomoda

El documental "Argentina: Los niños robados en la dictadura", producido por DW Documental, vuelve a poner en el centro una de las heridas más dolorosas de la historia argentina: la apropiación de niños durante la última dictadura militar. Su emisión, fuera de las fechas tradicionales del 24 de marzo, resulta especialmente significativa porque demuestra que la memoria, la verdad y la búsqueda de identidad no deben quedar encerradas en una fecha del calendario. A casi cinco décadas del golpe de Estado, las historias de quienes fueron separados de sus familias siguen reclamando verdad, justicia y memoria.

Adrián Characán
Adrián Characán

DW volvió sobre uno de los capítulos más atroces del terrorismo de Estado argentino: niños arrancados de sus familias, identidades robadas y una búsqueda que, medio siglo después, todavía continúa.

Hay algo que merece ser destacado: la decisión de Deutsche Welle (DW) de poner nuevamente en pantalla una de las páginas más dolorosas de la historia argentina, pero hacerlo fuera de la liturgia del 24 de marzo.

Argentina: los niños robados de la dictadura, una memoria que todavía incomoda

No para recordar solamente una fecha. No para repetir una consigna. Sino para volver a mirar las consecuencias concretas de una maquinaria represiva que secuestró, torturó, asesinó y también se apropió de los hijos de sus víctimas.

El documental "Los bebés robados de Argentina", emitido por DW Español durante esta semana, reconstruye las historias de niños que fueron separados de sus madres y entregados a otras familias, muchas de ellas vinculadas al entorno militar, bajo identidades falsas. La propia DW señala que cientos  mujeres embarazadas o que habían dado a luz fueron víctimas de la represión y que la búsqueda de esos niños se prolongó durante décadas. (DW?)

Y allí aparece una palabra que debería ser innegociable para cualquier sociedad democrática: identidad.

Porque no se trató solamente de desaparecer personas. También se intentó desaparecer sus historias, sus nombres, sus familias y sus vínculos.

Argentina: los niños robados de la dictadura, una memoria que todavía incomoda

Las Abuelas de Plaza de Mayo transformaron esa búsqueda en una lucha histórica. Estela de Carlotto y tantas otras mujeres recorrieron durante décadas un camino que parecía imposible: encontrar a los hijos de sus hijos desaparecidos. El desarrollo del denominado índice de abuelidad permitió utilizar la genética para demostrar parentescos aun cuando los padres ya no estaban. (DW?)

Entre esas historias está, por supuesto, la de Guido Montoya Carlotto, el nieto de Estela de Carlotto, recuperado en 2014 después de 36 años de una identidad que le había sido arrebatada.

Pero no fue un caso aislado

El documental vuelve a poner frente a nuestros ojos una verdad que durante años muchos intentaron ocultar: detrás de cada niño apropiado había una familia destruida y detrás de cada identidad falsa había una historia que el terrorismo de Estado quiso borrar.

Los vuelos de la muerte y el horror contado desde adentro

Uno de los momentos más estremecedores es el relato de un exintegrante de las Fuerzas Armadas sobre los llamados vuelos de la muerte, una metodología mediante la cual prisioneros eran arrojados al mar o a otros cuerpos de agua.

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El horror llega a una dimensión todavía más difícil de comprender cuando se recuerda que, según testimonios incorporados a las investigaciones judiciales y al conocimiento histórico sobre la represión, se utilizaban sustancias para reducir la capacidad de reacción de los detenidos antes de los vuelos.

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Y lo verdaderamente perturbador es que durante años estos hechos fueron relatados con una naturalidad , por ejemplo en los almuerzos de Mirtha Legrand , que hoy resulta insoportable.

La Argentina tuvo que atravesar el informe Nunca Más, los Juicios a las Juntas, décadas de lucha de los organismos de derechos humanos y, posteriormente, los años de impunidad derivados de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y los indultos de Carlos Menem.

La historia no terminó allí.

Porque la memoria tampoco termina. No fue solamente una cuestión militar

Uno de los grandes debates que deja abierta esta historia es el de las responsabilidades civiles.

La dictadura no fue solamente una cuestión de uniformes. La propia DW ha documentado la participación de sectores empresariales en la represión y ha señalado investigaciones sobre empresas que colaboraron con el aparato represivo mientras se instalaba un nuevo modelo económico. 

Y eso nos obliga a mirar la historia de una manera más amplia.

Porque cuando un régimen puede secuestrar personas, apropiarse de niños, destruir familias y, al mismo tiempo, modificar las reglas económicas y patrimoniales de una sociedad, estamos frente a algo mucho más profundo que un simple golpe militar.

El caso Cerutti: cuando el terrorismo de Estado también se quedó con una bodega y una casa

Celebramos la decisión de DW de abordar la apropiación de niños durante la última dictadura cívico-militar, pero creemos necesario recordar que aquellos crímenes formaron parte de un entramado mucho más amplio. Hubo secuestros, torturas, desapariciones y también apropiación y despojo de bienes de las víctimas y sus familias.

Argentina: los niños robados de la dictadura, una memoria que todavía incomoda

Un caso emblemático en Mendoza es el de la familia Cerutti, que ya hemos contado recientemente en este medio. Su historia tiene como escenario una finca de aproximadamente 25 hectáreas en Chacras de Coria, con viñedos, bodega y una gran casona familiar conocida como Casa Grande. Dicha historia basada en hechos reales motivo a la escritora Maria Jose Cerutti a escribir Casita Robada, libro que cuenta detalladamente el sufrimiento que le toco vivir a su familia. 

Argentina: los niños robados de la dictadura, una memoria que todavía incomoda

El 12 de enero de 1977, un grupo de tareas de la Armada irrumpió en la propiedad, secuestró a Victorio Cerutti, de 75 años, y a su yerno Omar Masera Pincolini. Ambos fueron trasladados a la ESMA. Días antes habían sido secuestrados en Buenos Aires otros dos socios de la empresa propietaria de las tierras, Conrado Gómez y Horacio Palma. Los cuatro continúan desaparecidos. 

Lo que ocurrió después resulta todavía más estremecedor: bajo tortura se obtuvo el traspaso de las tierras de la familia a Will-Ri S.A., una sociedad vinculada a represores de la ESMA. El 2 de mayo de 1977, mediante la escritura correspondiente, se formalizó el traspaso de las tierras de Cerro Largo S.A. a esa sociedad. 

Sobre esas tierras posteriormente se desarrolló el barrio que durante años fue conocido como Will-Ri. El nombre tampoco era casual: hacía referencia a los nombres falsos utilizados por dos de los represores vinculados a la operación. 

Pero la memoria pudo más. En diciembre de 2011, el Concejo Deliberante de Luján de Cuyo aprobó el cambio de denominación y el barrio pasó a llamarse Casa Grande, recuperando el nombre con el que la familia Cerutti identificaba históricamente a su propiedad. La modificación contó además con el respaldo de una consulta popular. Si es importante destacar que nunca tuvieron restitución de los bienes tomados por la fuerza.

Argentina: los niños robados de la dictadura, una memoria que todavía incomoda

Por eso, cuando todavía hoy algunos insisten en llamar "Will-Ri" a ese lugar, no estamos simplemente ante una cuestión de nombres. Estamos hablando de mantener vigente la denominación de una sociedad creada en el contexto del despojo de una familia secuestrada y desaparecida.

Llamarlo Casa Grande no es un detalle menor: es recuperar la memoria de quienes vivieron allí y devolverle al lugar el nombre que tenía antes de que el terrorismo de Estado intentara apropiarse también de su historia.

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