Adorni, el jarrón chino del gobierno: caro, incómodo y difícil de mover
El caso Adorni empieza a tensionar el relato libertario: cuando la promesa de terminar con la casta choca contra prácticas que se parecen demasiado a lo que se criticaba.
Cuando asumió y en campaña, el gobierno de Javier Milei daba un fuerte discurso de recortes, motosierra y que iba a terminar con los privilegios de la casta, que no iba a haber más beneficios para la política y que quien las hace las paga.
Fue todo lindo como un slogan y creo que muchos argentinos compraron, pero a la hora de la realidad no sucedió. Sí nos sucedió lo que a veces pasa con otras cosas de la vida: como cuando uno va a comprar a un local de comida rápida una super hamburguesa y termina siendo una feta de carne de dudosa procedencia entre dos panes casi fríos y con escasez de tomate y lechuga. En resumen, así vivimos los argentinos: llenos de promesas y falsas campañas.
El jarrón chino de Milei: cuando el relato anticasta entra en crisis.
Hace unas semanas, mientras aún quedan esquirlas del caso Espert y la causa $LIBRA avanza de una manera realmente asombrosa, no es que asombre que la Justicia actúe de manera rápida y en tiempos claros para este tipo de causas; lo que asombra es que suceda en nuestro país, donde las causas contra el gobierno de turno suelen dormir en un cajón hasta que este termina su mandato.
Pero no es el caso de Libra: a medida que se extrae información del teléfono de Novelli -actor clave del entramado- aparece un volumen de datos que recuerda, por nivel de detalle, a los cuadernos de Centeno, donde se registraban pagos de coimas. Hoy, ese nivel de reconstrucción lo está dando el peritaje de un celular en una presunta estafa cripto.
Mientras esto sucede, al Presidente le cayó otro problema: un jarrón chino llamado Manuel Adorni, su jefe de Gabinete, a quien en los pasillos de Casa de Gobierno ya apodan "Aloe Vera" (todos los días le aparece una propiedad nueva), en la misma lógica de aquellos apodos del macrismo, como cuando a Santilli lo llamaban "el Paisajista".
El problema es que el gobierno no sabe qué hacer con ese jarrón. Porque el costo ya se empieza a ver en la opinión pública: la imagen vuelve a niveles del caso Espert, pero aun así Karina Milei y el Presidente lo sostienen.
Y ahí es donde el cuadro se vuelve más incómodo: el viaje a Nueva York con su esposa en una comitiva oficial, el vuelo a Punta del Este en Carnaval que no logra explicar con claridad, las inconsistencias entre su patrimonio y su declaración jurada, y los vínculos con su entorno más cercano.
Entre ellos aparece su amigo Grandio, con una productora que factura al Estado, y también su esposa, Bettina Julieta Angeletti, cuya situación abre un frente más delicado: no solo por haber participado de un viaje oficial sin tener función pública, sino porque su consultora privada presta servicios a empresas que a su vez tienen relación contractual con el Estado.
Ahí es donde la discusión deja de ser ética y pasa a ser potencialmente judicial: si existe o no un esquema donde el dinero público, de manera directa o indirecta, termina orbitando en el entorno familiar del funcionario.
Manuel Adorni y su familia: el vuelo a Punta del Este en Carnaval que no logra explicar con claridad.
Lo que deja este episodio es más profundo que un escándalo puntual. Adorni no es solo un funcionario cuestionado: es una pieza incómoda, una porcelana china que se encareció no por su historia sino por su valor político dentro del gobierno.
Y como todo jarrón chino, nadie sabe dónde ponerlo ni cómo sacarlo sin romper algo.
Porque al final, el problema no es Adorni: es lo que su caso revela. Que no estaban en contra de la casta, sino afuera de ella.
Los hombres olvidan más pronto la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio.
Maquiavelo, El Príncipe, capítulo XVII.








