Antonio Centeno, un español residente en la ciudad de Barcelona, activista social a favor de la diversidad funcional, comenta y reflexiona sobre cómo viven las personas con alguna discapacidad la sexualidad, y la poca regulación en esta materia por parte del estado.

“Ni a la izquierda ni a la derecha le importa como tenemos sexo”, aduce tajante Antonio Centeno, un español residente en la ciudad de Barcelona, activista social a favor de la diversidad funcional. En los últimos años, la deconstrucción de la sexualidad es una de las banderas que levantan los espacios disidentes y aquellos que, por distintos motivos tienen dificultades físicas, cognitivas o intelectuales, tienen algo para decir: también son cuerpos deseantes.

Sería mejor hablar de diversidad funcional, que se refiere a que cada miembro de la sociedad tiene unas determinadas capacidades, que deben ser gestionadas de modo que no se instiguen exclusiones o discriminaciones. Lo primero es entender esa idea de capacitismo, donde solo hay una forma de hacer las cosas y que todas las demás van a menos. En mi caso, dice Centeno, en vez de una persona, quien te ayuda es esta silla de ruedas eléctrica, cuando yo voy por la calle, el movimiento lo hace la silla, pero nadie piensa que la silla me está paseando, porque todo el mundo tiene claro que yo tomo las decisiones sobre esa acción, entonces tiene sentido pensar que yo estoy paseando con el movimiento de la silla, pero con mis decisiones

Centeno vive en Barcelona desde 1999 y adquirió su diversidad funcional (tetraplejia) a los 13 años, es licenciado en matemáticas por la Universidad de Barcelona y miembro del Foro de Vida Independiente y Divertad (FVID) desde 2004. Se convirtió en uno de los activistas fundadores de la oficina de vida Independiente (OVI) y responsable del proyecto de asistencia sexual Tus manos, mis manos.

Ni en Argentina ni en España hay una regulación sobre la asistencia que requieren las personas con diversidad funcional por parte de terceros, como si sucede en Bélgica, Dinamarca o Suiza. La posibilidad de concretarlo trae consigo una discusión interna incluso dentro del movimiento feminista, en el cual confluyen corrientes que manejan criterios heterogéneos sobre la figura legal del trabajo sexual. Centeno quien además se desarrolla como director de cine y actor, plantea que: “Hay muchas formas de trabajo sexual y cada una tiene su marco, es decir, no es lo mismo ir a un servicio de streaptease, de masaje erótico o de prostitución. En un servicio de streaptease, a nadie se le ocurre pedir un coito, porque eso no forma parte del marco, no es por una cuestión moral, sino que simplemente tiene su propio marco, pero para hacer efectivo ese marco, afirma que no debe verse como una terapia o casi como un acto solidario, no hay deseo ni placer, ahí solo hay o enfermedad y tratamiento médico o desgracia y apoyo solidario”.

En nuestro país, la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) ofrece su servicio para parejas donde ambos tienen dificultades físicas severas, para “ayudarlos a movilizar partes de su cuerpo, acercarlos, y si hace falta colocar un preservativo”. Sin embargo, al debate le queda mucho por recorrer en términos de organización política.

 

A mí me dijeron que no se podía:

Martín Arregui es usuario de silla de ruedas desde los 24 años y desde ese momento se enfocó plenamente en incentivar su autonomía y la del resto de las personas con dificultades motoras. Actualmente está casado y tiene una hija.

“El primer golpe cuando sabes que las consecuencias son para siempre es tremendo, y cuando piensas en qué va a ser de tu vida sexual, aún más. A mí el doctor me limitó la perspectiva de futuro, pero fue cuestión de persistir en el deseo”. En 2002 trajo a la Argentina “Vida Independiente”, un programa que reunía a personas con discapacidad motriz durante una semana para compartir experiencias y consejos prácticos que permitieran aumentar la independencia de los asistentes. Cuenta Arregui sobre su experiencia: “en rehabilitación no se menciona el tema para mantener relaciones sexuales con lesiones medulares hay varios caminos, el más conocido era el de una inyección determinada que permitía la erección. Por suerte después llegó el viagra. Todas estas cosas las fui aprendiendo sobre la marcha, generalmente uno se vuelve más visual y en mi caso descubrí que si hago disfrutar a mi pareja ayuda a que uno mismo esté más erotizado”, detalla. Se mantenía activo en el “juego previo” y se convertía en pasivo en la cama. ¿Todos pueden como yo? es la premisa de su trabajo en la Fundación Alas, un proyecto que lidera hace años.

En febrero presentó su última invención en la Universidad Tecnológica Nacional, unos dispositivos, sillas de rueda y un catre, que permiten una vida sexual más activa y plena. Ideó diferentes sistemas de apoyos técnicos para hombres y mujeres con discapacidad motora y/o movilidad reducida que consisten en dos tipos de sillas de ruedas: una que realiza movimientos en vaivén y otra que se mueve hacia arriba y hacia abajo, y un catre. Todos cuentan con elementos de higiene descartable o lavable y son seguros en cuanto a que no hay riesgo de que la persona se caiga.

Los dispositivos de apoyo estarán disponibles en el mercado en poco tiempo y se espera que, basándose en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, sean contemplados en las coberturas de obras sociales y prepagas.

“Las personas con discapacidad tenemos que lograr un empoderamiento. Muchas veces, la sociedad no está informada y no sabe cómo ayudar, por eso hay que concientizar y explicar, vivir la sexualidad libremente como potencial transformador de todo lo demás» concluye.

 

Fuente: AUNO (agencia universitaria de noticias)