Cecilia Peralta: «Hay contratos basuras, que no llegan a 17 mil pesos». «Los que estamos trabajando en estos hogares hacemos multitareas, los enfermeros bañamos, limpiamos y convivimos con los albergados, es una situación muy incomoda».

En Mendoza existen tres hogares albergues,  donde la gente que habita allí en su mayoría son personas sin familia o han perdido contacto total con parientes. Los tres hogares están situados en Las Heras, Capital y Godoy cruz, y su personal esta compuesto por médicos administrativos, enfermeros y cuidadores, es en estos últimos donde la desigualdad de ingresos es muy marcada.

Cecilia Peralta es integrante del departamento de discapacidad del gremio ATE, ella es trabajadora de uno de los hogares y ante la consulta por la situación que afronta el sector de la salud en medio de una paritaria con enfrentamientos entre gremios y gobierno, nos agrega detalles de como se vive la profesión de enfermero en estos albergues. «Soy integrante del departamento de discapacidad y del departamento de enfermeros de ATE, nosotros no solo estamos a cargo de defender los derechos de los trabajadores de la salud, si no también de las personas con discapacidad que están albergadas en estos hogares. «Es verdaderamente vergonzoso el ofrecimiento por parte del gobierno en paritarias, primero intentaron ofrecer un 5 % y luego avanzaron a un 9 %, esto es una burla para el personal de salud, que somos los que estamos al frente de una batalla como es esta pandemia», indica Peralta.

«Los que estamos trabajando en estos hogares hacemos multitareas, los enfermeros bañamos, limpiamos y convivimos con los albergados, es una situación muy incomoda, no nos reconocen como profesionales de la salud, para el gobierno somos administrativos, siendo que estamos acompañando a pacientes no solo desde lo físico sanitario si no también en lo moral, además estamos pegado al medico para salvar vidas y acompañar todo el proceso», agrega Peralta.

«Los licenciados tampoco nos reconocen como profesionales, teniendo en cuenta que nos hemos preparado y tenemos la misma capacidad. Tenemos contratos basura que están entre los 18 a 20 mil pesos, entre ellos nos encontramos los que pagamos monotributo, donde la retención es de 3 mil pesos, entonces a los que cobran 18 mil les queda 14 o 15 mil de sueldo por mes, adema cada vez que hay algún incremento algunos prestadores y contratados no perciben ese aumento, hemos tratado de pasar a planta a varios compañeros y hace meses no tenemos noticia de los expediente», continua la representante de ATE.

«Nosotros trabajamos en un lugar que es neuropsiquiátrico, no contamos con elementos de seguridad, como lo son las fajas que permiten alzar al paciente, ya que nosotros somos los que acostamos o levantamos a los pacientes. Muchos nos contagiamos de covid a pesar de que estas personas no salen, pero dada la precariedad de nuestros ingresos, muchos tienen dos o tres trabajos y el virus llego a los empleados, tenemos muy malas condiciones para lavar la ropa de los pacientes, los lavarropas son muy chicos, tampoco tenemos comedores o algún espacio para descansar, muchos estamos hasta 12 hs. en el lugar donde solo hay sillas. Cabe mencionar que muchos pacientes son del ex instituto Jorba de Funes», agrega Peralta. El instituto Jorba Funes fue fundado en 1943 comenzó siendo un hogar para la atención de niños y adolescentes y durante su desarrollo se fue orientando a la atención de personas con discapacidad. Fue un hogar de albergue y cuidado de personas con discapacidades múltiples: intelectual, motriz, visceral y sensorial (auditiva y visual), que carecen de un grupo familiar y no cuentan con cobertura social. En abril del 2019 cerro sus puertas luego de serias irregularidades en sus instalaciones, y las personas que residían ahí fueron reubicadas en estos mini hogares.

Los enfermeros y cuidadores de la salud se topan día a día con albergados que vienen de familias con escasos recursos y presentan discapacidades múltiples, con retrasos mentales graves o profundos, dificultades en la comunicación, no autoválidos para el sostenimiento de las actividades de la vida diaria y situaciones de comportamiento complejas y, en algunos casos, violentas.

Estos espacios que hacen de hogares albergues, prima la característica de que su personal conecta con las personas allí alojadas de una manera casi familiar. Según relatos de los trabajadores, los cuales muchos llaman «sus chicos», haciendo referencia a los habitantes de estos hogares, quienes a las únicas personas que ven diariamente es a un cuidador o enfermero empleados de la salud de Mendoza.

 

 

Por Fernando Cascino.-