Solemos confundir términos. Es común que al ver un rostro de gesto adusto y seño fruncido cataloguemos al personaje como un hombre serio. Asociamos con frecuencia solemnidad con rectitud, sin que sean necesariamente variables dependientes. Y también, la insistencia discursiva y la omnipresencia de mensajes a través de los medios, nos ha llevado a establecer una analogía (muy antojadiza) entre “prolijidad y eficiencia”.

Según explica con gran rigor académico y experiencia el profesor Hugo Lescano, discípulo del piscólogo Paul Ekman, las gestualidades develan emociones aunque quieran disimularse. Son inevitables, explicaba Charles Darwin. Estos estudios indican que (no sólo los humanos sino la mayoría de las especies y fundamentalmente nuestros parientes mamíferos) denotamos lo que nos está sucediendo. Desde una mueca incontrolable o imperceptible, sin tener que acudir al auxilio intelectual del verbo, el rostro manifiesta la situación que estamos atravesando.
Siete son estas emociones irrefrenables e indisimulables. Tristeza, asco, sorpresa, miedo, alegría, desprecio y la que –además- puede ser transferible: ira. Expresiones que estos expertos detectan en un instante, y que les permite llegar a conclusiones ciertamente reveladoras. Deducciones envidiables. Tanto así que esta especialidad se aplica en investigaciones judiciales de enorme relevancia y –como no- para inferir el rango de veracidad de una declaración.

Estoy convencido que si fuesen más mis certezas que mis dudas, destinaría mi tiempo a otro oficio o profesión. Pero la curiosidad y la duda, o llevándolo a un extremo: la sospecha y la suspicacia son materia prima del periodismo. A propósito, si alguien del ámbito político alienta mi curiosidad y promueve sorpresa es el presidente del comité nacional de la UCR, el legislador nacional por Mendoza, Alfredo Cornejo. Su gestualidad oral me desconcierta.

Hace algo más de un mes, un amigo empresario, me acercó un texto en el cual alguien proponía un “divorcio” de Mendoza con Argentina. Podrá dar testimonio mi amigo que luego de leerlo le dije que lo único que me tranquilizaría era saber que no había sido él el autor. Absurda, extemporánea e infantil propuesta, además plagada de datos inciertos y una inadmisible discriminación cultural. Días atrás, al leer las declaraciones del licenciado Cornejo en medios locales y nacionales, varios pasamos por casi todos los estados emocionales de inevitables gestos, excepto el de alegría.

Ante la situación que atraviesa la sociedad en su conjunto, enfocándonos en Argentina en general y en Mendoza en particular, resulta difícil considerar que un político de carrera, que ha dedicado toda su vida profesional al servicio público y que explota esa capacidad como método de vida, pueda expresar semejante proposición. En absoluto pretendo reducir las amplias posibilidades que otorga el pensamiento osado y la actitud atrevida, sólo que la declaración –tan pariente a aquella propuesta separatista- es impracticable. Por lo cual, absurda, distractiva.
Consultados dos constitucionalistas (que además comulgan con ideas similares al ideario radical ) fueron tan categóricos que reproducir sus asertos podría resultar ofensivo, algo que evito con dedicación.

En medio de una pandemia, en una provincia que él mismo gobernó y en la que ungió a su sucesor (y ambos ganaron con holgura e irreprochable contundencia democrática), pero en default (o sea incumpliendo sus compromisos financieros) con una declinante situación económica y una obsoleta matriz productiva, con el abandono de sectores como el cultural, con amañados procesos legislativos, designaciones tramposas y postergación de pagos del sueldo anual complementario para gran parte de la administración pública, suena más a provocación que a propuesta seria.

Tautológico. Si la intención era desviar la atención, alcanzó su cometido pero seguramente sólo en el ámbito adonde tenemos resueltas las preocupaciones esenciales de subsistencia. En los sectores más afectados, irrita. Lastima. Ofende
Hay acciones legales que pueden afectar a miembros de su familia y alcanzarlo al propio ex gobernador. Denuncias escondidas ante la mirada inclinada oblicua de los grandes medios, pero bien conocidas en ámbito de los poderes judicial y legislativo. No sería ocioso pensar que ese es el principal motivo de una declaración altisonante, en la que pone a Mendoza como el eslabón víctima de una cadena de acontecimientos desafortunados propiciadas por la maldita Nación.

La cifra insuficiente de 1.900 millones de pesos de auxilio del Estado Nacional a la provincia en esta situación de pandemia. La impericia política que pone en riesgo la prosecución del proceso para iniciar la obra Portezuelo del Viento, la escasa porción de torta que recibe Mendoza de la coparticipación, de ninguna manera son sólidos argumentos para estimular el inexplicable neo chauvinismo mendocino y pronunciarse a favor de la secesión, que está de modo taxativo impedido en la Constitución.

Pero así como las pasiones nublan la razón, el histrionismo puede ocultar la rígida arista que propone la matemática.

Si Mendoza tiene toda la capacidad para ser un país independiente, podemos conjeturar que posiblemente padezca de algún exceso, o sea tiene más que lo suficiente. Le estaría sobrando algún sector de la clase dirigente que sólo mira al exterior para destinar sus discrecionales rentas, pero no para establecer comparaciones indispensables y de esa manera, evitar acicatear la estupidez colectiva.

A las cosas. El propio instigador separatista cuenta con estudios de post grado en España. Y a la hora de escoger un ejemplo, nada más amable que Cataluña, los sempiternos separatistas, que a pesar de las recurrentes insistencias no logran su cometido y ellos sí que tienen precisión en sus motivos.

La odiosa comparación. Tomaremos los respectivos censos y análisis económicos de 2010 para no sesgar el cotejo. Mendoza con una población de 1.738.829 en un perímetro de 148.827 km2 ostentaba per cápita un volumen de aproximadamente u$u 10 mil (traerlo a la cotización de 2020 sería calamitoso). Cataluña, con una extensión de 32.106 km2 sumaba en 2010 a 7.463.000 personas. El ingreso per cápita (además mucho más ecuánime y equilibrado) era de 29.700 euros.

Para resumir casi con grosería, los ingresos de un barcelonés, o de un tarragonés, comparados con uno del riquísimo Malargüe o del pequeño Godoy Cruz es tres veces superior, y créame que se nota en el estilo de vida.

Y si se nos ocurriera hacer una discriminación presupuestaria, al ver la asignación de recursos por ítem de uno y otro lugar, fácilmente podremos deducir por qué nos suena más familiar Joan Manuel Serrat que el propio Leonardo Favio, a pesar de la distancia que nos separa del Mediterráneo.

Difícilmente la mezquindad intelectual, la incentivación del odio, el desprecio por lo nuestro, la irreverencia ante los próceres, la ausencia de afecto por nuestra Nación, pero fundamentalmente la indolencia para con los compatriotas, pueda hacernos crecer, progresar y elevar nuestra estatura moral.

Ese concepto de salvarse sólo mientras se presagia como inevitable el naufragio, hunde toda expectativa de abordar el mismo barco. Y aunque lo oculten y fuercen gestos de adhesión, remar en las arenas del desierto no es un ejercicio apto para desertores.

foto gentileza Periodismo Popular