Por Alan Robinson

Ricardo Job Palacios Araujo fue un joven activista peruano por los derechos humanos en salud mental que falleció la semana pasada. Administraba una cuenta en redes sociales que se llamaba “Orgullo loco Perú”, integraba la RedEsfera latinoamericana de la diversidad psico-social y había participado en la 4ª marcha del orgullo loco en la ciudad de México. Además, era un joven artista, escribía poesía y realizaba ilustraciones. Recientemente había comenzado un emprendimiento comercial con el cual vendía remeras artesanales que el mismo dibujaba. Se consideraba a si mismo como un sobreviviente. Max, como había elegido llamarse, en su última publicación en redes sociales del 28 de Septiembre escribió: “Luchen. #Kuyanakuy” Esta palabra significa en Quechua amor y amistad reciprocas. Kuyanakuy es en los andes la ofrenda de la ternura en una relación de amistad reciproca.

La muerte de Max, me recordó a mi amigo Fernando Ladislao que fue mi compañero del grupo de apoyo mutuo “Buenos Aires”, durante 3 años. Fernando trabajaba de editor, era una persona usuaria de salud mental y también se consideraba como un sobreviviente de la psiquiatría. Falleció joven en un incendio cuyas causas nunca fueron esclarecidas ni investigadas por la justicia Argentina. Tuve la oportunidad de despedirme de Fernando frente a su tumba en el cementerio de la Chacarita. A veces en el grupo de apoyo mutuo, cuando hablábamos sobre la necesidad de inclusión, Fernando Ladislao expresaba: “Yo no quiero que me incluyan en esta sociedad de mierda”. Su sueño era irse a partir leña a una montaña solitaria, para pasar su vida en un refugio entre los pájaros y los arroyos.

Después, me tocó recordar a Jorge Bogojevich, un carpintero de mediana, co-autor del libro “La ley de la locura, diálogos entre sobrevivientes de manicomios y la ley 26657”. Con Jorge compartí durante unos años la asamblea de personas usuarias y sobrevivientes de salud mental, en el CELS, en la ciudad de Buenos Aires. Jorge había sobrevivido a varias colonias psiquiátricas y en un video publicitario sobre su libro declara “Mi idea con este libro es dejar huella, simplemente un granito de arena”. En el libro Jorge relata que cuando estaba internado en la colonia psiquiátrica Open Door, le hacían fabricar los ataúdes en los cuales enterrarían a los colonos internados compulsivamente en el loquero al cual el logró sobrevivir.

Escribo estos recuerdos para honrar y recordar la vida de mis compañeros, porque ellos merecen ser recordados por quienes aun caminamos con los pies sobre la tierra. Ya nos llegará el tiempo de caminar entre las estrellas. Y para que haya justicia, tiene que haber memoria y debe darse a conocer la dolorosa verdad: los loqueros, matan.

Ante todas estas injusticias psico-sociales respondo con mi ofrenda de “Kuyanakuy” por la memoria, la verdad y la justicia.