Mendoza y la Ley de Interrupción voluntaria del embarazo.

La política se encarga de organizar a la sociedad. En el occidente, los sistemas imperantes son las democracias capitalistas. No alcanza a todos los países seguramente para que la regla cuente con su excepción.

Por segunda vez se da tratamiento en el Congreso de la Nación a la ley que intenta otorgar el derecho a las mujeres para ser asistidas sanitariamente cuando necesiten interrumpir un embarazo no deseado.

Tanto como ocurrió en 2018, la cámara baja dio sanción favorable al proyecto. Esta vez la diferencia entre quienes se manifestaron a favor fue superior a la diferencia que obtuviese esa mayoría.

Las coincidencias.

En la anterior composición de la Cámara de Diputados de la Nación, presidió la sesión sobre la I.V.E. Emilio Monzó, esta vez, Sergio Mazza. Ambos iniciaron sendas carreras en la UCeDé, partido que comandaba Álvaro Alsogaray, olvidable ministro de economía y siempre colaborador de los regímenes de facto.  Monzó y Massa fueron funcionarios en gobiernos de signo justicialista y giraron hacia la oposición. En el caso del ex intendente de Tigre, renovó su compromiso  con el frente que aglutina a las expresiones que sintetiza el movimiento nacional peronista, hoy bajo el nombre de Frente de Todos.

Siguiendo las trayectorias oscilantes de muchos legisladores , hubiese sido imposible anticiparse al resultado. Si acaso –como se supone debe ocurrir en una organización política de partidos- alguien quiere sacar cuentas de cuántos a favor y cuántos en contra por las representaciones, tampoco arribará a un resultado previsible.

La libertad que los partidos les otorgaron a sus legisladores puede tener diversas lecturas, pero hay dos preponderantes: vaciamiento ideológico, por un lado, y admitir que la ideología imperante es la que pone al individuo, sus convicciones y creencias, por encima del colectivo social, por el otro. O sea, su personal decisión pesa más que cualquier consenso y conocimiento ajenos. Más allá de que se manifieste en contra de la I.V.E , a favor e inclusive le cabe a quien decida ponerse en la fila de los no sabe no contesta.

Aunque resulte redundante, es imperioso destacar que ninguna de las personas que han vertido opiniones, y tampoco quienes votaron entre jueves y viernes últimos, están a favor del aborto.  Todos y todas prefieren que nadie deba atravesar esa situación traumática, de la misma manera que todas y todos saben que la no ocurrencia de un embarazo forzado o fortuito es inevitable. A esto es a lo que desde la política le están dando respuesta. Respuesta que desde Diputados de la Nación pasa a la Cámara de Senadores de la Argentina con luz verde para que sea definitivamente sancionada.

La doble vara de las dos vidas

Con honesto respeto por quienes se manifiestan enfáticamente contra la sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, debemos indagar en los antecedentes.

Como se ha dicho en incontables ocasiones, la no punibilidad del aborto, está contemplado en nuestro Código Penal desde hace 98 años. Casi un siglo, tiempo en el que por alguno de los tres motivos admitidos –según el artículo 86 del CP- se han realizado centenares de abortos. Si bien también en varias ocasiones médicos se han negado a realizarlos y debió acudirse a la intervención de un juez, la defensa de esos niños por nacer (según la denominación que quienes esto defienden así lo definen) no contó con el apoyo masivo con el que cuenta hoy la oposición a la sanción de esta ley, que claramente lo que ha promulgado redunda en un servicio de salud que equipara a las mujeres pobres con aquellas que han decidido interrumpir embarazos en situaciones sanitarias aceptables.

Si accedemos a la administración de justicia para contabilizar la cantidad de médicos, médicas, enfermeras, enfermeros, parteras, parteros, obstetras sobre los que pese denuncia penal por la intervención en casos de abortos, veremos que es prácticamente inexistente. Pero que los hay, los hay.

La contundencia estadística (chicas que se quitan la vida al saber que están embarazadas; cientos de casos de muertes de mujeres pobres por prácticas improvisadas de abortos; miles de pacientes atendidas luego de haberse sometido a un aborto en lugares inapropiados, etc.) sólo puede competir y de modo desigual con la sensibilidad que despierta el relato de un caso y su exacerbada demostración de un incipiente latido. Un verdadero dilema.

Impedir que alguien decida sobre su cuerpo es otro de los argumentos que se sostiene para la promulgación de la ley.  Situación que los varones no alcanzamos a dimensionar por nuestra imposibilidad natural. Sin embargo, han sido los varones los que vienen decidiendo que deben hacer o no las mujeres, inclusive con sus propios cuerpos.

La grieta más profunda

Este tema pone en evidencia que las grietas no pueden disimularse con respuestas demagógicas y bien intencionadas.

Sí es interesante reflexionar que, de obtener aprobación en el Senado de la Nación, esta ley lo que hace es facultar y facilitar los recursos necesarios a las mujeres que están convencidas de no engendrar un hijo ó una hija, y que no prospere una situación que consideran inconveniente. Una ley que morigere el dolor que esa dolorosa decisión provoca. Una asistencia para que no deban padecer, además , otra circunstancia dramáticas cuando no trágica.

Las personas que se oponen, considerando que desde la concepción ya existe otro ser, sujeto de derechos y defensa, no verán limitado su propio derecho de engendrar y traer al mundo a sus hijas o hijos, con la garantía sanitaria que el mismo Estado garantiza.

Consciencia

Imposible abordar de modo serio y profundo la cuestión de consciencia en un artículo.  Y aunque tengamos fácil el dedo acusador, sería irrespetuoso caratular a las y los legisladores por sus decisiones y por la manera en la que expresaron sus convicciones, esta vez, sin poder justificarlas desde la obediencia partidaria.

En un tema tan sensible y profundo, con tantas variables, datos, miradas, historias, experiencias, expectativas sólo podríamos concluir que en la mayoría de los casos de las y los legisladores de Mendoza,  fue notorio el convencimiento personal y la valentía con la que votaron y defendieron sus decisiones. Pero también podemos concluir que no esperable de parte de quienes deben representarnos, confundir al Rey Salomón con Poncio Pilato.

Así votaron los mendocinos en la Cámara de Diputados de la Nación:

Positivo:

Claudia Najul (UCR – Juntos por el Cambio)

Marisa Uceda (Frente de Todos)

Jimena La Torre (UCR Juntos por el Cambio)

Alejandro Bermejo (Frente de Todos)

Negativo:

Omar de Marchi (Pro –Juntos por el Cambio)

Luis Petri (UCR – Juntos por el Cambio)

Omar Félix (Frente de Todos)

José Luis Ramón  (Unidad y Equidad Federal / ex Protectora)

Federico Zamarbide (UCR – Juntos por el Cambio)

Abstención:

Alfredo Cornejo (UCR – Juntos por el cambio)

Las senadoras y el senador, ahora tienen la palabra. 

En 2018, en el primer intento de sancionar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, en el Senado de la Nación, los votos mendocinos fueron: 2 a favor, Anabel Fernández Sagasti ( Frente de Todos) y Pamela Verasay (UCR- Juntos por el cambio);y Julio César Cleto Cobos, no positivo, también en representación de la UCR Juntos por el Cambio)

Las senadoras y el senador, repetirán su posición cuando la Cámara Alta del Congreso deba promulgar, o no, esta ley.