Con insistencia una amiga de la señora Sofía procuraba que algún medio atendiera su pedido.  Una vez que tomamos contacto, la amiga de Sofía casi como súplica nos solicita que escuchemos el testimonio.  Tal como es nuestra obligación, acudimos a las fuentes posibles para constatar lo que nos relatan. Es imposible verificar en la actual situación de distanciamiento social.

Una más. Otra vez. La violencia de un varón que lesiona a una mujer. El dolor, la desesperación, la impotencia, la fragilidad.

Fueron los vecinos –seguramente las vecinas- quienes llamaron al 911, debido a que luego de escuchar sonidos que remiten a la crueldad y al sometimiento, fue inútil golpear en la puerta para procurar auxilio.

Sofía pudo darnos su testimonio, afortunadamente, porque no se cumplieron las amenazas de su pareja, Rubén Maroto.  Decir que pudo ser una tragedia, aunque suene extraño, alivia.

Las vecinas y vecinos actuaron con solidaridad y sensatez. La policía llegó a tiempo. La fiscalía hizo las actuaciones correspondientes. El victimario fue detenido e imputado. Según nos cuenta Sofía, luego de esa detención, el agresor ha quedado en libertad, aunque con restricción de acercamiento y de comunicación. Pero Sofía no puede despojarse de las imágenes reiteradas de los golpes (lesiones leves según el expediente), ni de la voz amenazante. Nos dicta que recién hoy se comunicaron quienes seguramente le brindarán asistencia desde la Municipalidad (en este caso, de Maipú).

Si hasta aquí Usted, lector o lectora, se pregunta por qué este testimonio, la respuesta quizá no se vea rápidamente ni podremos encontrarla en la superficie de nuestros pensamientos. La súplica por hacer público el caso de Sofía, por parte de su amiga Silvina obedece al desamparo que experimenta ella y muchas mujeres, ante los golpes, la violencia psicológica y económica que tal vez soportaron demasiadas veces sin recurrir a las herramientas que brinda hoy el Estado.

Pero hay otra razón, que nadie de la administración de Justifica suele observar: el miedo. Ese ente que se instala y es difícil de ahuyentar. Y en gran medida, cuando escuche Usted lo que Sofía cuenta, podrá constatar algo que días atrás bien nos explicaba el Profesor de la UBA Pablo Flores, abogado que dicta una cátedra que es extrañamente novedosa y refiere a los derechos de la víctima.

Todas las instituciones intervinientes y me arriesgo en asegurar que cada persona con la que Sofía tomó contacto por la brutal golpiza y las amenazas,  actuó con la eficacia que las burocracias exigen, pero sin la sensibilidad idónea para entender que las palabras agrupadas en un expediente, no alcanzan a dimensionar el temblor que le produce a Sofía el sólo pensar que un tal Rubén Maroto sabe de su desamparo.

Desde portada.com.ar nos solidarizamos con Sofía y con cada una de las mujeres que padecen violencia, y aprovechamos para agradecer la rápida intervención de las y los funcionarios que no se excusaron en dar respuesta y tender una mano, aunque los excediera en  su rol y función.

 

Por: Ariel Robert