Un Sol para los Chicos: La Argentina que todavía sabe ponerse de acuerdo

Un Sol para los Chicos cumplió 35 años y reunió más de $2427 millones para UNICEF. Detrás de la cifra hay algo menos frecuente y quizá más valioso: millones de argentinos capaces de mirar, por unas horas, hacia el mismo lugar.

Dr. Sergio Benaroya
Abogado UBA. Especializado en Familia, Niñez y Adolescencia, Genero, Responsabilidad Médica y Salud Mental. Diplomaturas en Psicopatología, Psicoanálisis, Autismo, Psicosis, IA, Criminología, Vínculos Patológicos, Sexología Clínica.

Hay noticias que no necesitan ser estridentes para producir un alivio. No resuelven la inflación, no acortan las distancias entre quienes piensan distinto, no borran de un plumazo las urgencias cotidianas. Pero recuerdan una verdad elemental: la Argentina no es solamente el país de la discusión interminable, de las frustraciones que se repiten y de la sospecha como idioma común.

También es el país que, cuando se le pide ayuda para los chicos, responde.

El sábado 8 de agosto, en su 35ª edición, Un Sol para los Chicos recaudó $2.427.921.106 a beneficio de UNICEF. Es una cifra récord. Pero reducir la jornada a una suma de dinero sería perder de vista lo principal: detrás de cada número hubo una persona que decidió donar, una empresa que eligió acompañar, una familia que llamó, alguien que entró a una página web, un televidente que entendió que el destino de los niños no puede depender de la suerte ni quedar librado a la indiferencia.

Un Sol para los Chicos: La Argentina que todavía sabe ponerse de acuerdo

La recaudación se integró con $1.496.320.280 aportados por teléfono y web, $819.100.826 mediante cheques y $112.500.000 provenientes de publicidad. Son montos nominales, propios de una economía que obliga a mirar las cifras con cuidado. Pero no por eso dejan de expresar una dimensión humana concreta: una decisión colectiva de sostener oportunidades para niñas, niños y adolescentes que viven en condiciones de vulnerabilidad.

En tiempos de desconfianza generalizada, de discursos que convierten cada asunto público en una batalla y de redes sociales que suelen premiar la agresión antes que la empatía, esa respuesta merece ser registrada. No como una postal ingenua ni como una excusa para negar los problemas profundos del país. Todo lo contrario: como prueba de que la solidaridad sigue siendo una reserva social disponible, aun cuando a veces quede oculta detrás del ruido.

Durante cuatro horas, la televisión convocó a la audiencia con música, historias, juegos y figuras conocidas. Guido Kaczka y Mario Massaccesi encabezaron una edición que también celebró los 15 años de Kaczka como anfitrión de la iniciativa. Abel Pintos, Axel, Ángela Leiva y K4OS fueron parte de una transmisión en la que el espectáculo funcionó como vehículo, no como fin: llevar la conversación a quienes necesitan que alguien les abra una puerta.

Guido Kaczka y Mario Massaccesi encabezaron la 35ª edición de Un Sol para los Chicos.

Guido Kaczka y Mario Massaccesi encabezaron la 35ª edición de Un Sol para los Chicos.

El lema elegido fue "Cuidemos juntos lo que más importa". Podría sonar a consigna publicitaria si no encontrara, al menos por una noche, una expresión tan verificable. Porque cuidar no es solo conmoverse ante una historia. Cuidar es sostener programas de salud, nutrición, educación y protección de derechos; es procurar que un chico de una comunidad rural aislada tenga acceso a controles, alimentación y aprendizaje; es intervenir antes de que la desigualdad se vuelva destino.

La Argentina tiene una larga tradición de organización comunitaria: clubes de barrio, cooperadoras escolares, comedores, parroquias, centros vecinales, bibliotecas populares, hospitales que sobreviven gracias a sus trabajadores y campañas solidarias que se activan cada vez que una emergencia deja a miles sin lo indispensable. A menudo, ese entramado es lo que impide que la caída sea más dura. No reemplaza la responsabilidad indelegable del Estado ni debería romantizarse como compensación permanente de las fallas estructurales. Pero existe. Y su existencia habla bien de nosotros.

Hace dos años, la misma campaña había reunido $905.542.815. La marca alcanzada este año muestra el crecimiento de una convocatoria que conserva vigencia después de tres décadas y media. Mantener una iniciativa solidaria durante 35 años no es una tarea menor: exige credibilidad, capacidad de renovar el mensaje y, sobre todo, una sociedad dispuesta a creer que sus aportes pueden llegar a destino y producir un cambio.

Tal vez allí esté una de las enseñanzas más valiosas de la jornada. La confianza no se declama: se construye cuando se explicita para qué se pide ayuda; cuando el objetivo tiene nombre, rostro y territorio; cuando las personas pueden advertir que su contribución, aun pequeña, se incorpora a una red mayor. La solidaridad no depende únicamente de los grandes gestos. Muchas veces se sostiene con decisiones modestas y persistentes.

Un aporte mensual, una llamada, un cheque empresarial, un espacio de publicidad cedido: cada acción, por separado, puede parecer insuficiente. Juntas, sin embargo, alcanzaron más de $2427 millones. Esa es la aritmética silenciosa de una comunidad que no se resigna del todo.

Un Sol para los Chicos: La Argentina que todavía sabe ponerse de acuerdo

El mérito no es de una señal de televisión, ni de una organización, ni de un conductor, ni de los artistas que subieron al escenario. Es de todos y de cada uno. De quienes hicieron de una tarde de sábado algo más que entretenimiento. De quienes comprendieron que, aun en un país atravesado por privaciones y cansancio, siempre hay alguien que está peor y que necesita una mano antes de que sea tarde.

La Argentina suele mirarse con una severidad que, en ocasiones, es necesaria. Pero también debería aprender a reconocerse en estos gestos. No para caer en la autocomplacencia, sino para recordar que ninguna crisis logra anular por completo la capacidad de ponerse del lado de los demás.

El 8 de agosto, millones de pesos cambiaron de manos para convertirse en una posibilidad: una consulta médica, una comida, una escuela, una protección frente a la violencia, una oportunidad de crecer con derechos. Eso no arregla todo. Pero dice mucho.

Dice que, pese a todo, hay una Argentina que todavía sabe ponerse de acuerdo en lo esencial: ningún chico debería quedar solo.

https://www.unicef.org/argentina/un-sol

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