Top Gun 1962: Mendoza, escenario de la élite aérea continental
La Fuerza Aérea Argentina, en el año 1962, ofreció una postal poco recordada para la historia de la aviación militar regional: el Concurso Interamericano de Tiro Aire-Tierra.
En el marco de las Bodas de Oro de la Fuerza Aérea Argentina, el año 1962 ofreció una postal poco recordada pero decisiva para la historia de la aviación militar regional: el Concurso Interamericano de Tiro Aire-Tierra, adaptado al reglamento de la Fighter Weapons AF-335-25 del Department of the Air Force.
Por Orlando Javier Pelichotti
Aquella competencia en que participara las fuerzas aéreas de Argentina, Estados Unidos, Perú y de Uruguay (que ayudó solamente en la logística), no fue solo una celebración conmemorativa, sino una verdadera demostración operativa que encarnó, en los hechos, el concepto de "arma superior", lo que años más tarde se conocería como Top Gun.
El certamen reunió a tripulaciones y equipos técnicos de distintos países en un contexto internacional marcado todavía por las tensiones de la Guerra Fría. Para entonces, las relaciones entre Argentina y los Estados Unidos, deterioradas en los años cuarenta y la inmediata posguerra, habían retomado un cauce fluido hacia fines de la década de 1950. Ese acercamiento se tradujo en cooperación, entrenamiento conjunto y en la modernización del material aéreo argentino.
Lejos de ser un actor secundario, la Argentina asumió un rol protagónico. Las misiones de combate y la preparación de sus pilotos colocaron a la Fuerza Aérea Argentina (FAA) en los primeros planos del podio técnico y operativo. De hecho, muchas de las experiencias surgidas de aquellas prácticas serían luego referencia obligada para programas de entrenamiento avanzado en otros países.
Ese proceso se vio reforzado por la incorporación, en la IV Brigada Aérea de nuestra provincia, de 28 cazas North American F-86 Sabre ("El último real cazador", como llaman los pilotos argentinos, y poseían un potente motor de 8 cámaras de combustión, doble rueda de turbina y compresor de dos etapas sólo parecía silenciarse ante el estruendo de su poderoso armamento lanzable o ante el tronar de sus 6 magníficas ametralladoras), una operación iniciada el 7 de diciembre de 1958 y concluida con su arribo a Mendoza el 26 de septiembre de 1960, desde la Base Aérea Williams (Arizona, Estados Unidos).
Concurso Interamericano de Tiro Aire-Tierra: competencia en que participara las fuerzas aéreas de Argentina, Estados Unidos, Perú y de Uruguay.
Pilotos y técnicos argentinos se formaron en distintas bases de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, desde la instrucción en idioma y electrónica hasta el entrenamiento avanzado en combate aéreo y tiro real, completando una transición clave hacia la era del jet. La República Oriental del Uruguay fue una de las naciones que confirmó su participación en el Torneo y participó con 4 imponentes F-80C Shooting Star.
La organización del Concurso Interamericano representó un desafío inédito. No existían antecedentes en América del Sur de un evento de tal magnitud, que implicaba coordinar delegaciones extranjeras, sostener operaciones aéreas complejas y garantizar condiciones técnicas de primer nivel, que incluía no sólo el uso y descripción del armamento, sino el planteo de problemas en el tiro, sistemas, armonización, especificaciones y procedimientos de ataque aire-aire y aire-tierra, balística de bombas y cohetes con una escala de calificaciones.
Uno de los mayores esfuerzos logísticos fue la adecuación del campo de Las Lajas, en departamento Las Heras, transformado en un verdadero polígono - escuela, con instalaciones alineadas a los estándares de la USAF. Se niveló el terreno para colocar blancos fijos, también se montaron torres de control, centros de comunicaciones y espacios específicos para jueces y analistas. La competencia fue supervisada por una junta de árbitros internacionales, presidida por el comodoro Jorge Oscar Dellepiane (padre del brigadier Guillermo Dellepiane, quien se destacó 30 años después en el conflicto del Atlántico Sur o Guerra de Malvinas, condecorado como Héroe de Malvinas), y regida por reglamentos adaptados de los manuales de armas de la Fuerza Aérea estadounidense.
A pesar de las limitaciones iniciales -falta de material de ejercicio, escasez de equipos logísticos y entrenamiento desigual entre las delegaciones-, el certamen se desarrolló con intensidad y profesionalismo. Para la FAA, fue mucho más que una competencia: significó una prueba concreta de capacidad operativa, un ejercicio real de combate simulado y una demostración de que, en 1962, el espíritu Top Gun ya volaba sobre los cielos de Mendoza. Capítulo aparte fue el importante número de público que pudo acompañar desde las gradas ubicadas en el cerro y palcos oficiales, además sectores creados para tal evento. De hecho, algunos memoriosos recuerdan que, en el inicio, un avión a reacción Sabre F-f86 pasó a vuelo rasante, generando un gran impacto.
Mendoza en la encrucijada: poder, crisis y vida cotidiana
Nuestra provincia atravesaba días ásperos, sacudida tanto en lo económico como en lo social. La provincia se encontraba bajo la intervención federal de facto -dispuesta por el decreto 5076/1962- y gobernada por el doctor Joaquín Guevara Civit, una figura que la historia recuerda por haber acompañado el proceso que consolidó en el poder al presidente de facto José María Guido, tras la caída del gobierno de Arturo Frondizi.
La crisis no se limitaba a los despachos civiles: se incubaba en el corazón mismo de las Fuerzas Armadas. Las tensiones internas llegaron a tal punto que casi la totalidad de los efectivos del Ejército y de la Fuerza Aérea permanecían acuartelados, en un clima de incertidumbre que hacía temer un nuevo estallido institucional.
Sin embargo, la vida cotidiana parecía seguir otro pulso. En los diarios locales, aquel episodio militar aéreo apenas ocupó unos pocos centímetros de tinta. Mucho mayor espacio mereció, en cambio, el triunfo del Club Atlético Argentino sobre el Club Atlético Palmira, por el torneo de la Liga Mendocina de Fútbol. En la tabla de la Primera B, el liderazgo pertenecía entonces al hoy desaparecido Club Jorge Newbery, símbolo de una época.
También brillaba el deporte motor: los titulares celebraban el campeonato de velocidad conquistado por el imparable Domingo Castagnolo, escoltado de cerca por Hugo Pannochia, en el ya clásico escenario del Prado Español, dentro del Parque General San Martín.
Así, mientras el poder tambaleaba y el país contenía la respiración, Mendoza seguía latiendo entre el ruido de sables, el fervor de las tribunas y el rugir de los motores.
Resultados que fueron festejados y rápidamente olvidados
El "as" de la Guerra de Corea, el mayor de la USAF Manuel John Fernández, tuvo un papel decisivo -aunque discreto- en la compleja instrumentación y posterior puesta en servicio de los F-86F Sabre incorporados a la Fuerza Aérea Argentina. Detrás de aquella transición tecnológica, casi silenciosa para el gran público, trabajó intensamente el personal técnico de la IV Brigada Aérea, bajo la conducción del comodoro Ricardo Favre, cuya labor resultó determinante.
Los resultados finales, conocidos sólo por quienes estuvieron cerca de la operación, dieron ventaja al equipo argentino. Se destacaron el vice comodoro Mones Ruíz, el teniente Carbo y el capitán De Blasis. Más atrás quedaron el mayor Liechti, el capitán Newmann y Whelchel, junto a los pilotos peruanos -el teniente Céspedes, el alférez Figueroa y el capitán Santamaría-, superados no en el aire, sino en la precisión técnica y la coordinación en tierra.
Así, lejos del estruendo de los reactores, fue el trabajo meticuloso de la IV Brigada Aérea el que terminó inclinando la balanza, dejando una huella poco visible, pero decisiva, en una página reservada de la historia aeronáutica regional, aunque fueron olvidados por la sociedad mendocina, que se vivía un cruel golpe de estado a la vida democrática.
Italia: Negados primero, protagonistas después
Aunque inicialmente había quedado excluida del programa oficial, la Fuerza Aérea de Italia terminó haciéndose presente en Mendoza. La misión, encabezada por el teniente coronel Doménico Spinelli, había solicitado de manera formal su participación en el ejercicio aéreo tipo Top Gun que se desarrollaba en la provincia, pero la respuesta inicial fue negativa.
Sin embargo, hacia fines de ese mismo mes llegó finalmente la autorización. Con el aval correspondiente, la delegación italiana arribó a la IV Brigada Aérea con una escuadrilla compuesta por cuatro aviones de reacción. El objetivo fue claro: intercambiar conocimientos militares con sus pares argentinos y ofrecer una serie de exhibiciones que surcaron el cielo mendocino, despertando el interés y la admiración del público local.
Así, pese a haber quedado al margen en un primer momento, Italia terminó siendo protagonista de un capítulo destacado de aquella intensa agenda aeronáutica mendocina de 1962.
Agradecimientos y fuentes
La reconstrucción de los hechos aquí relatados fue posible gracias a las investigaciones del historiador especializado en aeronáutica Fernando Benedetto y al acceso al Archivo de la USAF Inter American Fighter Gunnery Competition, una fuente clave para contextualizar el desempeño aéreo de la época.
También resultaron fundamentales los aportes del doctor Gustavo Marón, reconocido referente de la Lucha Antigranizo en Mendoza, y del doctor Gustavo Miguel Marón, ex Administrador Nacional de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC). A ello se suma la colaboración del personal del Archivo Histórico de Mendoza y el trabajo de preservación documental realizado por Juan Mazzola y Ramiro Quiroga, desde la Hemeroteca de la Biblioteca Pública General San Martín.
Como respaldo periodístico y hemerográfico, se consultaron además a www.GacetaAeronáutica.com, https://asociacionpilotosdecaza.com.ar/ y los archivos de los diarios El Tiempo de Cuyo, La Tarde y La Nación, cuyas páginas permitieron completar una mirada integral local sobre los acontecimientos.






