Aunque es prematura cualquier conjetura, son varios los aspectos que debemos apuntar sobre este inédito episodio que atraviesa el Planeta todo, a pesar de las diferencias geográficas y cronológicas.

En Argentina, el Decreto de Necesidad y Urgencia que transformó en obligatorio el aislamiento social preventivo, se publicó el 20 de marzo. En tiempos relativos históricos, nada.

Debido a la singularidad del auto reclutamiento hogareño, la percepción general no es uniforme. Hay a quienes esto les ha resultado un calvario próximo a la perpetuidad, y algunos –seguramente los menos- que no han experimentado más que la extrañeza de reducir un poco las distancias que habitualmente atraviesan.

Aquello de que el Covid 19 no distingue entre clases sociales, étnicas, religiosas, es tan relativo como el lugar que uno elija para auscultar a la esfera que llamamos Tierra.

Desde factores ambientales (naturales) hasta aspectos culturales y económicos, todo incide de modo significativo en la expansión de este virus maldito que se ha ensañado con la contemporaneidad, justo cuando nos encuentra a nosotros adentro.

Nada para festejar. Sólo se trata de evaluar sobre las medidas definidas por el Estado Nacional y las consecuencias de un comportamiento social que, comparado con otras sociedades, suena bastante sensato.

Y la eficacia de los controles de los estados provinciales, en el caso particular de Mendoza, arroja datos que hoy pueden pasar inadvertidos, pero sería más que propicio analizar.

Desde el Ministerio Público Fiscal nos aportaron información que ratifica datos en off que pudimos rescatar del Ministerio de Seguridad de Mendoza.

Tomando períodos interanuales, contrastando datos de marzo de 2019 con los de marzo de 2020, el descenso de algunos delitos es más que significativo.

Deberemos considerar para esta evaluación que la comparativa “sin aislamiento y con aislamiento preventivo social obligatorio” es de apenas 12 días, lo que hace inferir que las diferencias, midiendo períodos idénticos, serán sustancialmente más acentuados.

A los números: Robos simples: de 1588 a 888, un descenso del 44 por ciento. Robos con arma 486 a 270 lo que equivale a una disminución del 45%. Robos agravados de 187 denuncias a 106, reducción del 44%. Robos de automotores de 461 casos a 294. Tenencia y portación de armas de 59 a 35. Homicidios: de 6 en ,marzo de 2019, a 2 durante marzo 2020.

Excluimos publicar los datos referidos a Violencia de Género y Abuso Sexual, entendiendo que la incidencia del aislamiento para estos casos, puede confundirnos por la dificultad específica para realizar denuncias en un período de confinamiento hogareño.

Toda interpretación especulativa hoy puede llevarnos a una hipótesis errada y peligrosa. Asimismo sería un crimen (permítaseme la figura poco feliz) no aprovechar analizar los por qué de este declive en la comisión de delitos.

Me atrevo asegurar que después de décadas, por primera vez, bajó del primer al cuarto puesto en el ranking de preocupaciones de los mendocinos la inseguridad (en su versión de cuestiones de carácter policial).

Aquél axioma tan pariente a la resignación (o a la resiliencia, según la edad de quien lo juzgue) “no hay mal que por bien no venga”, deberíamos tener la capacidad de hacerlo realidad, analizando los factores que nos transforman en menos violentos, más decentes, más solidarios, como para intentar ponerlo en práctica sin el requisito de estar quietos, aislados y sin producir.

Nadie asume el riesgo de adelantar cuándo podremos restablecer las rutinas. Esta pandemia nos han inducido a cambios paradójicos, físicos y simbólicos. Lavarse las manos ya no es sinónimo de desentenderse, sino al contrario, un acto solidario. Abrazarse y besarse hoy constituye una real amenaza en vez de una demostración amorosa.

Los datos, aunque algunos suenen extrañamente halagüeños y los otros presagien un futuro inmediato tremendo en lo económico e incierto en lo planetario, son datos. Cifras. Índices.

Será vital que, no sólo desde los estados, sino desde nuestra individualidad y junto a nuestras familias y a nuestra vecindad, aprovechemos esos datos para traducirlos en acciones que redunden en los beneficios impensados que, de la mano de la desgracia, nos ha traído esta inusual pandemia. Ojalá así sepamos hacerlo. ¡Salud!