Hay términos que al escucharlos con tanta frecuencia, se debilitan, pierden peso y se devalúa su uso. Eso también contribuye para que pasen de largo y no tomemos dimensión de la importancia que esas palabras pueden tener, y tampoco medimos lo gravitante de sus diversas acepciones.

 

Es como la aceptación de cookies en internet ¿cuántas veces nos hemos puesto a leer la ominosa letra chica?, con suerte un par de veces y asimismo hemos soslayado las advertencias.

Hoy, cada vez que pronunciamos y leemos la palabra concentración no nos promueve ningún estado emocional diferente. Y esto es posible, precisamente, gracias a la enorme concentración que hay tanto de fabricantes de bienes como a prestadores de servicios. Entre ellos, los medios de difusión.

 

Aburre repetirlo, si. La cuestión es que de tanto aburrirnos y despreciar el concepto, la concentración nos conduce a la decadencia concreta, real, tangible, palpable, sufriente.

 

La fuerza distractiva que ejercen las redes sociales, que a la vez alimentan a los medios, es pavorosa. La reducción discursiva en la que nos ha atrapado twitter, la mutilación literaria a la que nos empujan instagram, tik tok y la obligatoriedad de intercambiar frases breves cuando no vacías en whatsapp consagran un modelo de concentración que también se desplaza hacia otros aspectos de las relaciones, de la economía, de la política.

 

Las discusiones y polémicas se estrechan, se aceleran y se violentan, pero se desvanece la esencia dialéctica. Sólo queda la descalificación, el insulto, la amenaza o la burla. Eficiente modo de degradar el pensamiento y eficaz método que han encontrado los dueños de las concentraciones para que se disuelva el sentido crítico y disfrazados de reductores de retórica, aparecen los expertos en lemas y slogan, y ganan. Claro que sí.

 

De ninguna manera aceptaría que nos han vencido, pero si acaso no recuperamos pronto la capacidad de cribar entre ficción y mentira, la mentira volverá a instalarse como realidad invariable.

 

Habrá quienes sostengan que en Mendoza no hay concentración de medios. Tan relativo como inútil. Aunque haya una atomización de mini emprendimientos de comunicación, aunque sea cada vez más asequible poder contar con una herramienta de difusión, si ese medio, ese espacio y esos hacedores no cuentan con suficientes recursos, inevitablemente sucumbirán (tal como ya ocurre). Y a la vez, los que concentran medios, reducen la perspectiva. Sí, mientras muchos medios obedezcan a una línea editorial de escaso margen, la sociedad no podrá ver cumplido uno de los principales derechos que le corresponde: el derecho a información variada y fiable.

 

Lo dijo aquél filósofo socio de Ortega & Gasset, Julián Marías, hace casi 30 años: la libertad de expresión es un deseo, la libertad de prensa, un artilugio verbal,  lo que existe es la libertad de Empresa. Categórico.

 

Y mientras los gobernantes que ocupan las máximas funciones del Estado provincial, continúen con su discreción y discrecionalidad informativa, lamentablemente a nosotros sólo nos alientan a suponer cuando no, a sospechar.  Si cada vez que solicitamos una información nos la niegan, si en cada oportunidad que interpelamos a alguna autoridad ocultan respuestas, nos dejan apenas la posibilidad de inferir.

 

Supimos lo de la canonjía a favor de una asociación presidida por Bonarrico, ex legislador y propietario de medios, no por la transparencia del gobierno y mucho menos por la honestidad intelectual del ahora señalado como tramposo. De la misma manera que nos enteramos, habitualmente mediante la colaboración de algún inquieto,  que a la Sociedad Rural versión Mendoza le regalaron, sí, le regalaron tres millones para hacer un encuentro que además, jamás pudimos encontrar adónde y con quienes. Dieciocho millones por acá, tres por allá y aún ninguna respuesta que hable de la decencia que esperamos tengan funcionarios y legisladores. El viernes, otra perlita en el Boletín Oficial, premiando con una intervención pagada por el Estado provincial a uno de esos dúctiles dirigentes políticos que a la sazón viven renegando del Estado. Una más.

 

Y ¿cómo podemos enterarnos? No es fácil. Obvio, les pido que nos lean y escuchen a nosotros y nosotras, pero soy consciente que no alcanza y tampoco podríamos abusar del autoelogio.

 

A las cosas. El fin de semana, la naturaleza ocasional se hizo cómplice de las bondades estables de nuestro paisaje. Nieve. Imágenes impactantes. La magnificencia de nuestra montaña, la bondades de un cielo diáfano, un sol intenso y la cabal muestra de políticos ineptos –para no adjetivar con algo que le compete al poder judicial-. Filas de vehículos a la vera de la ruta internacional 7 adonde funcionó por años un parque de ski.  El gobierno intervino el lugar aduciendo deficiencias en el servicio, años después, no hay deficiencias, porque no hay servicios y eso además pone en riesgo a los turistas y visitantes. Y ¿los del sector del turismo? Bien, gracias.

 

Hasta los carteles mienten. Zoológico, aún puede leerse como promesa. Hace siete años, sí, también durante la gestión del hoy senador, que decidieron cambiar el concepto hacia algo amable, progresista y ecológico. Exacto. Debemos celebrar que nunca más un león arañó esa suerte, porque está cerrado. Y los turistas deben conformarse con ver los animales de la derruida calesita. Muy moderno.

 

Sé que está aburrido escuchando y leyendo, pero permítame otra más. El Perilago. Doy fe de que hubo muchas iniciativas, muchas. Pero no supimos de concurso. No nos enteramos de llamado a licitación. Hay ya un ganador, o tal vez más de uno.  ¿Adónde podrá enterarse de los detalles? Será difícil. Y si se entera, revíselo porque una de las Empresas es, además, dueña de varios medios, espacios, programas radiales y pseudo diarios digitales. Políticos devenidos periodistas; Atorrantes montados en diales; empresarios que viven (y muy bien) sólo merced a sus relaciones con funcionarios del Estado para una provincia que tiene mucho para desarrollar y crecer, pero no así, no de esta manera. No con tanta desproporción. Ni expulsando a talentos y conservando el puesto a los amigos, familiares cuando no parientes.

 

La concentración nos está haciendo mucho daño y quizá los concentradores tengan enormes habilidades para que sigamos distraídos. La concentración de demasiado silencio frente al abandono de niños y niñas como es el caso de Xiomara. Concentración de corruptos para quedarse con los que debería ser de todas y de todos. Esto es Mendoza, hoy.

 

De ningún modo aceptaré que ya está todo dicho. Ahora más que antes,  quienes no estamos en la nómina de privilegios, los y las que no funcionamos tracción a odio, más que necesario es imprescindible que estemos más que nunca, concentrados.