Soy de los que sostiene, que la Argentina, desde su fundación, recorrió un largo camino pletórico de grietas. En otra oportunidad y ha pedido, se las puedo relatar década
por década.

Históricamente, una grieta grande se instalaba cada diez años y luego daba paso a otra. Pero en los últimos tiempos, esta característica se atomizó y aparecen un sinnúmero que
nos atosigan y, por supuesto, nos separan.
Puntualmente me voy a referir a la RTO (o nacionalmente VTV). Llegado el punto de tomarme unas breves vacaciones en la provincia de Córdoba, logré no inmiscuirme en el
debate de RTO sí o no, y como corresponde reservé mi turno que me fue otorgado el 28 de diciembre a las 12.15.
Previendo que algunos turnos se adelantan y van antes de su hora, hice algo parecido y 11.45 me acerqué al playón ubicado en la cercanía del Acceso Este y calle Tirasso. ¡Cuán
equivocado que estuve! Ni bien llegué, a la distancia noté algo de cola. Para no perder el tiempo haciendo preguntas, empecé a recorrer la fila de autos que parecía que
terminaba en una subida. Otro error mío. La fila seguía y seguía.
Dos kilómetros después, doblaba a la izquierda y quince autos posteriores, terminaba. Me ubiqué y esperé para ver el ritmo de circulación: casi nulo. Cada tanto avanzaba siete
u ocho autos y volvía a la inactividad.
Pregunté a los propietarios de tres autos adelante y tres atrás, y ninguno tenía turno. Contexto: pleno sol, sin árboles y casi sin sombra y sin nadie que explicara lo que pasaba.
Así pasaban los largos minutos en plena deshidratación y sin respuestas a la vista.
Cansado de esperar lo que sería a ojos vista varias horas de padecimiento, consultando con la persona que me esperaba en Córdoba, decidí sacar pasaje en micro y perder el
¿turno? que había conseguido.
Por supuesto, que mi espíritu de búsqueda de tantos años de periodismo, hizo que antes de partir fuera a la puerta de entrada de la RTO.
Lo haré conciso: consulté a un empleado sobre mi turno de 12.15 y la larga cola que había en el exterior y recibí como respuesta textualmente: “Afuera no es nuestro problema,
una vez que entre usted tiene la prioridad”. Medité unos segundos pensando en la larga cola (el 90% de sus integrantes venía sin turno) y que yo, inocentemente, había cumplido con todo lo pedido y le contesté: “Pero es mi tiempo” (lo de estúpido del título por supuesto que lo eliminé) y con su cara de nada el empleado siguió atendiendo.

Me di vuelta para ver si conseguía alguien que se me acoplara solidariamente, pero cada uno en lo suyo. Y eso es lo que pasa en la Argentina, cada uno en lo suyo y “minga” de hacer solidaridad.
En micro pagué el doble de lo que gasto en nafta, estoy sin movilidad en un lugar lleno de bellos paisajes y con la angustia de que hacer las cosas bien en la Argentina (o Mendoza) no se premia. Al contrario se castiga. Es el mundo de “las no respuestas”, del “no me importa”, del “arréglate como puedas”, y así estamos. Y encima ahora me entero que para hacer la RTO tengo que pagar más que en diciembre. A quien corresponda y sin miedo de ser irrespetuoso les digo: No me hacen un favor con la revisación, la pago y bien, y además, con mayúsculas, ES MI TIEMPO, ESTÚPIDO”.

Por: Jorge Bossio