AEMSA tendrá por objeto la prestación de todos los servicios aeronáuticos demandados por el Estado provincial o sus entes descentralizados y los municipios, pudiendo desarrollar dichas actividades por sí, por terceros o asociada a terceros, incluso en carácter de inversora

El párrafo anterior es el tercer artículo del proyecto de creación de AEMSA, Aeronáutica de Mendoza Sociedad Anónima, enviado a la Legislatura por Alfredo Cornejo tres años atrás.

Inocultable reclamo del personal de AEMSA

Hoy la fama de AEMSA responde al fracaso y al incumplimiento, incluyendo meses de atraso en el pago de sueldos a sus Pilotosy Mecánicos.

En 2017 con la insistente promesa de ahorro y eficiencia que repitió Cornejo en cada acto y entrevista, secreó una Sociedad que transformaría los diáfanos y quietos cielos mendocinos en una oportunidad de negocios formidable.

Un proyecto de estabilización del personal presentado por el gobierno de Pérez quedó archivado en el olvido y con la aparición de “La revolución de lo sencillo”–slogan elegido por el hoy Diputado Nacional- aquella iniciativa fue abandonada y se cambió por la creación de AEMSA, que no sólo mejoraría la Lucha Antigranizo, sino que daría alas a cientos de negocios que iban a aportar recursos a la Provincia y harían de esa empresa un imán para las inversiones privadas.

Aquellos sueños de prosperidad terminaron siendo una invención kafkiana, deficitaria, inoperante y muy costosa. Costosa para el Estado, ó sea, para nosotros, los contribuyentes, tal como nos lo explica el Dr. Gustavo Marón.

Resulta que AEMSA sólo sirvió para alterar cómo imputar gastos inocuos o mal ejecutados.

Hasta entonces la Lucha Antigranizo era administrada por el Estado, con cuatro naves de su propiedad y la contratación de pilotos bajo modalidades que el propio Estado prohíbe o combate. En vez de “blanquear”al personal, incluirlo en Nómina y pagar según corresponda por sus prestaciones laborales y desempeños, optaron por incrementar los costos, los gastos y los riesgos.

Tal como nos advierte el Dr. Marón, abogado especialista en la materia, AEMSA no cuenta con autorización de la Administración de Aviación Civil para prestar servicios de transporte aéreo o trabajo aéreo y opera los aviones del Gobierno de Mendoza sin contratos inscriptos en el Registro de Aeronaves.   Para llevarlo al plano del conocimiento de nosotros, la gente de a pie, es como conducir un auto ajeno sin autorización ni tarjeta azul. Esto deja expuesto al Estado provincial, a la misma Empresa y (lo más grave) a sus pilotos en caso de accidente aéreo, pues la aseguradora no cubriría el siniestro.

Vuelo bajo

Nada cambió sustancialmente con AEMSA ya que opera con el mismo personal,  con las mismas naves, en los mismos hangares y con el mismo taller con que lo hacía el Gobierno. Lo que sí se incrementó fue el gasto (absurdo) que sólo le es útil a la AFIP ya que AEMSA le debe facturar al Estado provincial, obviamente con el impuesto al valor agregado del 21% incluido.

Somos testigos del énfasis que marcó Cornejo en su gestión a favor de la actividad del sector privado, elogiando la labor de los Empresarios como generadores de riqueza y creadores de puestos genuinos de trabajo. Según las declaraciones de él y de sus funcionarios, ese fue el argumento para la creación de AEMSA.

Ahora que podemos constatar que la empresa tiene un único cliente; que los bienes de capital son patrimonio ajeno (y de ese único cliente); que carece de autorización de los organismos competentes; que no amplió su cartera de clientes; que no mejoró su capacidad operativa (no pudo incorporar un necesario jet antigranizo) surge la pregunta ¿para qué una empresa de utilería si la escenografía natural ya nos proveía un paisaje idéntico?  De ninguna manera tenemos una respuesta irrefutable, pero tenemos dudas que se asemejan a certezas.

Si acaso no padeciéramos los vilipendios (cuando no corrupción) de los funcionarios públicos, podríamos reírnos al comparar las promesas y pronósticos con los hechos y sus consecuencias.

El desprecio por lo público no es otra cosa que la indiferencia ante el Pueblo. Mientras los ocupantes del Estado no asuman verdaderos  riesgos (personales y patrimoniales) y entiendan que la responsabilidad no necesita fueros sino acciones, difícilmente podremos modificar el agobio de la realidad.

Mientras los medios continúen adulterando aplausos y críticas, y los ciudadanos y ciudadanas sólo consumamos lemas y campañas, seguirán ganando las ideas austeras y continuarán malversando lo sagrado de la Política.