La deuda de los hogares argentinos entra en zona crítica: la morosidad alcanzó el 12,7% y golpea especialmente a los jóvenes
Casi cuatro de cada diez menores de 35 años que tienen créditos registran al menos un préstamo irregular. El aumento de los atrasos revela una presión creciente sobre los ingresos familiares y expone los límites de un modelo basado en el financiamiento del consumo.
La morosidad de los hogares argentinos alcanzó en mayo un nuevo récord: el 12,7% de los créditos otorgados a familias se encuentra en situación irregular, es decir, con atrasos significativos en los pagos. El dato representa el decimonoveno mes consecutivo de aumento y marca un fuerte deterioro respecto de fines de 2024, cuando la mora familiar se ubicaba en torno al 2,5%.
El informe elaborado por la consultora 1816, a partir del análisis de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), advierte que el fenómeno dejó de ser un problema focalizado para transformarse en una situación extendida dentro del sistema financiero. La medición considera créditos con atrasos de al menos 90 días.
Deudas familiares: El deterioro no afecta de igual manera a todos los segmentos del sistema.
El dato más preocupante aparece entre los jóvenes: casi el 40% de los menores de 35 años con créditos vigentes tiene al menos un préstamo irregular. Esto muestra que una generación que recién comienza su vida económica enfrenta dificultades para sostener compromisos financieros básicos.
Del crédito como herramienta de consumo al crédito como mecanismo de supervivencia
Durante los últimos años, el acceso al crédito se expandió como una forma de sostener el consumo frente a la pérdida del poder adquisitivo. Tarjetas, préstamos personales, billeteras virtuales y financiamiento ofrecido por empresas no bancarias permitieron a muchas familias mantener gastos cotidianos cuando los ingresos dejaron de alcanzar.
Pero ese mecanismo tiene un límite: cuando el ingreso real no acompaña, la deuda deja de funcionar como un puente temporal y comienza a convertirse en una carga permanente.
El crecimiento de la morosidad refleja justamente esa tensión: hogares que recurren al crédito para pagar gastos corrientes, pero que luego no tienen capacidad suficiente para cancelar esas obligaciones.
Los sectores más afectados: préstamos personales y entidades no financieras
El deterioro no afecta de igual manera a todos los segmentos del sistema. Los créditos otorgados por entidades no financieras presentan una situación especialmente delicada: la morosidad llegó al 32,2%, muy por encima del sistema bancario tradicional.
Deudas familiares: el fenómeno dejó de ser un problema focalizado para transformarse en una situación extendida dentro del sistema financiero.
Este segmento incluye, entre otros actores, empresas comerciales y plataformas que ofrecen financiamiento al consumo. Allí suelen concentrarse créditos de montos más bajos, pero utilizados por personas con menor margen de maniobra económica.
Los préstamos personales y las tarjetas de crédito aparecen como las líneas más comprometidas, porque están directamente vinculadas al consumo diario y a la necesidad de cubrir gastos inmediatos.
Jóvenes endeudados: una generación que comienza con dificultades financieras
El dato del 40% de jóvenes con algún crédito irregular plantea un problema que excede la coyuntura financiera.
Los menores de 35 años enfrentan un escenario marcado por empleos más inestables, ingresos que no siempre acompañan el costo de vida y una mayor dependencia del crédito para acceder a bienes y servicios.
El endeudamiento temprano puede tener consecuencias de largo plazo: pérdida del acceso a nuevos créditos, imposibilidad de financiar proyectos personales, dificultades para alquilar o comprar bienes y una mayor dependencia de mecanismos informales de financiamiento.
Algunos análisis señalan que más del 27% de quienes tomaron préstamos podrían quedar fuera del acceso al crédito tradicional debido a su historial de incumplimientos.
Una señal económica más profunda: el deterioro del consumo
La suba de la morosidad no es solamente un indicador financiero. También funciona como una señal sobre el estado de la economía real.
Cuando aumenta la cantidad de personas que no pueden pagar sus créditos, el impacto aparece en cadena:
- las familias reducen nuevos consumos;
- los bancos y entidades financieras endurecen condiciones;
- aumenta la exclusión financiera;
- cae la capacidad de recuperación del mercado interno.
El crédito, que en una economía sana permite adelantar consumo e inversión, puede transformarse en un problema cuando reemplaza ingresos que dejaron de existir.
La contradicción de la economía actual: menos inflación, pero más presión sobre los hogares
Uno de los principales interrogantes es cómo puede coexistir una desaceleración inflacionaria con un aumento tan fuerte de la mora.
La explicación está en que la inflación no es el único factor que determina la capacidad de pago. Aunque los precios aumenten a menor ritmo, muchas familias todavía enfrentan ingresos deteriorados, salarios que no recuperaron completamente su capacidad de compra y mayores costos en servicios esenciales.
En ese contexto, las cuotas de préstamos que antes podían diluirse con inflación ahora tienen un peso mayor sobre el presupuesto mensual.
Un problema social detrás de un dato financiero
La morosidad récord revela una transformación profunda: una parte importante de los hogares argentinos ya no utiliza el crédito solamente para comprar bienes durables o financiar proyectos, sino para sostener el consumo cotidiano.
Detrás de cada porcentaje hay familias que deben elegir qué pagar primero, jóvenes que comienzan su trayectoria laboral condicionados por deudas y trabajadores que recurren al financiamiento para cubrir necesidades básicas.
El aumento de la mora no es solamente una estadística bancaria. Es una radiografía del estrés económico de los hogares y una advertencia sobre los límites de una economía donde el crédito empieza a ocupar el lugar que deberían cubrir los ingresos.








