Durante su participación en el programa Muchas GraciasJuan Manuel Gispert explicó el impacto que puede tener, tanto desde lo positivo como lo negativo puede tener el reciente anuncio de la implementación del llamado dólar soja.

A la horra de explicar cómo se llegó a la situación actual, Gispert explicó que “por un lado Argentina tiene una importación de energía por precios mucho más altos de los proyectados a principio de año, producto de la guerra en Ucrania. A eso se suma el aumento de los costos del gas que importa en la época de temporada alta, tanto en las industrias que consumen todo el año pero en invierno se suman los hogares para calefaccionar las casas”.

Gispert explicó que eso generó “un aumento de importaciones imprevistas que puso al Banco Central contra las cuerdas de reservas en dólares y eso empezó con principios de julio y finales de junio en la fecha donde empezaron a restringir las importaciones industriales automáticas”.

Uno de los objetivos del gobierno es que el campo liquide las exportaciones de granos, y especialmente la soja. “Lo intentó Silvina Batakis, pero no funcionó”, afirmó Gispert. Y explicó que ocurrió algo distinto en la actualidad con el anuncio de Sergio Massa que busca que se liquiden 5 mil millones de dólares de soja, en septiembre. Es una medida a cortísimo plazo en la que el gobierno pagará un diferencial de 140 pesos por dólar, donde con retenciones incluídas. A partir de octubre, por la salida del invierno, Argentina podría salir del cuello de botella actual porque bajan las demandas de importación de energía.

“Gracias a esta medida ha bajado muchísimo la brecha entre el dólar blue y el legal”, explicó Gispert en relación a lo positivo. Sin embargo, tiene consecuencias negativas porque los otros exportadores se quejaron por no recibir el mismo beneficio. “El exportador de granos acopia porque es un producto común. En el vino no pasa lo mismo porque el que intenta acopiar, pierde a su cliente. Pero los otros productos no tienen peso específico en el volumen de exportaciones y por eso no toma medidas de incentivo como sí hace con la soja. Y lo más grave es el mensaje político porque el que presiona gana”.

Gispert aseguró que el año que viene podría ocurrir lo mismo, salvo que se resuelva el problema de la importación de la energía, a través de la construcción del gasoducto Néstor Kirchner. En ese sentido, el analista explicó que los sectores concentrados agroexportadores siempre han accionado para generar las herramientas que les permitan presionar al Estado para obtener más ganancias.