Andrea Abadi, psiquiatra infanto-juvenil y directora del Área de Neurodesarrollo y Condición del Espectro Autista del Centro CITES INECO (Instituto de Neurología Cognitiva), y una mirada sobre la concientización sobre el autismo.

 

La condición del espectro autista (CEA) es un cuadro de origen neurobiológico que se encuentra dentro de los trastornos del neurodesarrollo y, si bien aún se desconocen las causas exactas que lo provoca, se ha demostrado que las características conductuales que se presentan en las personas que lo tienen, son en respuesta a alteraciones genéticas.

En principio, es fundamental comprender que esta condición no se presenta de una manera única; es decir, no hay dos personas iguales con condición del espectro autista. Por otra parte, se reconocen matices de expresión clínica que van desde niveles restringidos de funcionamiento, hasta personas donde su condición es casi imperceptible y, es por esto por lo nos referimos a una condición de espectro. Asimismo, actualmente se considera el autismo como una condición estable a lo largo de la vida, por lo que ya ha dejado de recibir la denominación de trastorno autista.

En los últimos años, su prevalencia ha ido progresivamente en aumento, siendo que, al día de la fecha, se estima que 1 de cada 54 nacimientos presentan características propias de la condición del espectro autista (CEA). Los rasgos centrales se suelen encontrar en el déficit social, lo cual puede relacionarse con: falta de contacto visual, déficit de expresiones faciales, dificultades en la capacidad para compartir intereses, déficit en la comunicación -incluso teniendo lenguaje, pero solo utilizarlo para expresar sus necesidades y sin intención de compartir o interactuar con otros- y/o perdida de lenguaje entre los 15 a 18 meses de edad.

Quienes presentan CEA, suelen tener dificultades sensoriales como la sensibilidad excesiva a ruidos o luces o la intolerancia a algunas texturas, consistencias o sabores de alimentos. Paralelamente, muchos presentan alteraciones motoras, siendo bastante frecuentes los movimientos automáticos en alguna parte del cuerpo que se denominan «estereotipias motoras» y que suelen presentarse en momentos donde el niño se siente excitado, alegre o ansioso.

Otra situación adicional a contemplar son los cambios en las rutinas, ya que la falta de flexibilidad en personas con CEA, suelen desencadenar berrinches frecuentemente. Esto falta de flexibilidad se relaciona con la existencia de intereses rígidos y acumulación de datos o memoria por encima de la media, siendo expertos en determinados temas que pocas veces son de utilidad funcional en la cotidianeidad del individuo.

En suma, es importante tener en cuenta que un diagnóstico temprano es una gran diferencia con relación al pronóstico y la evolución de niños y niñas con esta condición.

Los abordajes terapéuticos suelen crearse según las características de cada individuo, siendo a veces en forma individual y otras en grupo, pero siempre tratando de trabajar de una manera semejante a una situación lo más parecida a la realidad . Sumado a esto, ciertos aspectos controlados y regulados por el equipo terapéutico permiten que los niños o adolescentes se entrenen en las áreas donde más déficit presentan, que suele ser la capacidad de compartir situaciones en forma grupal o con otros .

La estimulación adecuada juega un papel importante en la temprana edad y es por demás beneficiosa, por lo que es fundamental sumar una orientación a padres y familiares que puedan tener las herramientas necesarias para poder comprender y manejarse con las conductas cotidianas de quien presenta CEA.

El acompañamiento y contención correcta, de manera conjunta entre la familia y el equipo terapéutico, es la llave para llevar una vida con mayor comodidad e inclusión. De igual forma, en una fecha como hoy es imprescindible señalar que sólo con información y empatía podremos lograr una sociedad más inteligible para estos niños.

 

Por Andrea Abadi