Por: Fernando Cascino

Hoy el rol de los profesionales de la salud mental es esencial ante la angustia e incertidumbre que se vive a causa de la pandemia de coronavirus.

El Día del Psicólogo se instituyó en 1974, después del Primer Encuentro Nacional de Psicólogos y Estudiantes de Psicología que se llevó a cabo en la ciudad de Córdoba, donde psicólogos y estudiantes de todo el país unieron sus fuerzas en defensa de la psicología como campo disciplinario específico, considerada como ciencia y profesión.

Hoy más que nunca, los psicólogos se encuentran trabajando en la salud mental, sorteando los obstáculos de la pandemia y conteniendo las vicisitudes que se presentan ante aislamientos, restricciones en las actividades, angustias e incertidumbres de cada persona.

Consultados algunos profesionales estiman que los nuevos casos de depresión, ansiedad, insomnio y otros trastornos mentales subieron un 20%. El Estrés, depresión, agorafobia e insomnio son las aflicciones en alza.

Terapia y virtualidad:

En el contexto actual, las medidas tomadas para enfrentar la pandemia han generado cambios en los encuentros entre las personas, ya sea con afectos o en áreas profesionales, el contacto físico se reduce significativamente. En este escenario, continuar o no una terapia por teléfono o decidir comenzar una para enfrentar la situación, no es tan fácil como suena, generar la empatía que se daba con el cara a cara y otras múltiples variables se les presentaron tanto a los pacientes como a los psicólogos.

La modalidad de armar una agenda atada a los horarios es una tarea más que difícil para los profesionales de la psicología, y esta situación cambia todo. Por supuesto que se trata de armar un nuevo encuadre teniendo otras variables, pero es muy difícil para ambas partes, tanto para el médico como para el paciente establecer horarios de consultas que se puedan respetar, hay muchas dudas que surgen constantemente y brindar respuestas en estos momentos es fundamental, genera seguridad y baja la ansiedad.

Capacidad de adaptarse:

María Belén Palet es licenciada en psicología, y se desempeña como terapeuta en un centro educativo terapéutico, en el cual trabaja junto a jóvenes con discapacidad. nos cuenta como cambio la modalidad de trabajo a partir de la suspensión de la actividad presencial, y de cómo fue un desafío para todos, tanto para los profesionales, para las familias y chicos: “ Nos hemos encontrado con muchos obstáculos Y dificultades para conectarnos o para comunicarnos como antes, pero rescato todo lo positivo, y es que nos ha llevado a crecer como profesionales.

Como personas hemos tenido que recrear y reinventar las estrategias de intervención y de a poco nos hemos ido convirtiendo en actrices y actores o amigos de la tecnología, hemos investigando todas las herramientas que disponemos para para poder mantenernos en contacto, sobre todo trabajando en equipo tratando de apoyarnos y brindar apoyo a nuestros compañeros. Ese trabajo en colaboración siempre da buenos resultados y mejora la calidad del trabajo. De alguna forma y paradójicamente a pesar de la distancia se ha generado mucha más cercanía y hemos podido contactarnos con nuestros jóvenes y relacionarlos más con su familia y con sus realidades. Nuestro trabajo siempre tiende a la igualdad y a favorecer la participación activa de cada uno de nosotros, que cada persona sea protagonista de su propia vida, que cada persona con discapacidad pueda tomar sus propias decisiones según sus posibilidades y sus preferencias a pesar de la situación que nos toca vivir”.