Salud sexual: un derecho humano que incluye a todos los cuerpos

El 4 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Salud Sexual. Lejos de ser una fecha menor o limitada a campañas de prevención, es una oportunidad para recordar algo básico: la salud sexual forma parte del derecho a la salud, de la dignidad humana y de la libertad de cada persona para vivir su cuerpo, sus vínculos y sus decisiones sin violencia, coerción ni discriminación.

Dr. Sergio Benaroya
Abogado UBA. Especializado en Familia, Niñez y Adolescencia, Genero, Responsabilidad Médica y Salud Mental. Diplomaturas en Psicopatología, Psicoanálisis, Autismo, Psicosis, IA, Criminología, Vínculos Patológicos, Sexología Clínica.

En 2026, la campaña internacional propone el lema "Every Body" -"Todos los cuerpos"-, una formulación potente porque desplaza la idea de que la salud sexual pertenece solo a ciertos grupos, edades, identidades o modelos de pareja. Pertenece a todas las personas: a jóvenes y adultas, a personas mayores, a quienes tienen discapacidad, a quienes integran la diversidad sexual y de género, a quienes viven en ámbitos urbanos o rurales, con o sin pareja. La universalidad no admite excepciones.

La Organización Mundial de la Salud define la salud sexual como "un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad", y aclara que no consiste únicamente en la ausencia de enfermedades, disfunciones o malestares. Requiere, además, una mirada positiva y respetuosa de la sexualidad y de las relaciones, con posibilidad de experiencias seguras y placenteras, libres de toda coacción, violencia y discriminación.

Salud sexual: un derecho humano que incluye a todos los cuerpos

Esta definición importa porque todavía persiste la tendencia a reducir la cuestión sexual a riesgos, diagnósticos o prohibiciones. Claro que la prevención de infecciones de transmisión sexual, el acceso a anticonceptivos, los controles médicos y la atención adecuada son indispensables. Pero una política seria no puede terminar allí. Hablar de salud sexual también implica hablar de educación, intimidad, consentimiento, información confiable, diversidad, responsabilidad afectiva, autonomía corporal y acceso igualitario a servicios de salud.

Derecho, no concesión

Los derechos sexuales no son privilegios ni una concesión cultural de moda. Son la aplicación, en el campo de la sexualidad, de derechos humanos ya reconocidos: igualdad y no discriminación, privacidad, integridad personal, libertad, salud, educación, acceso a la información y protección frente a la violencia. La propia OMS sostiene que la salud sexual solo puede alcanzarse y mantenerse si los derechos sexuales de todas las personas son respetados, protegidos y ejercidos plenamente.

En la Argentina, ese enfoque tiene un anclaje normativo relevante. La Ley 25.673 creó el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable; la Ley 26.150 estableció la Educación Sexual Integral; la Ley 26.743 reconoció el derecho a la identidad de género; y la legislación sanitaria y de derechos de pacientes exige respeto por la dignidad, la intimidad, la confidencialidad y el consentimiento informado. El desafío, sin embargo, no es solo tener normas: es convertirlas en experiencias reales para quienes necesitan información, atención, acompañamiento y respuestas estatales sin prejuicios.

Salud sexual: un derecho humano que incluye a todos los cuerpos

La desigualdad aparece cuando una adolescente no recibe educación sexual científica y adecuada a su edad; cuando una persona trans encuentra obstáculos para ser atendida conforme a su identidad; cuando una persona mayor es tratada como si no tuviera deseo ni vida afectiva; cuando una persona con discapacidad es infantilizada; cuando el miedo al estigma impide consultar por una infección, un método anticonceptivo o una situación de violencia.

Consentimiento y cuidado

El consentimiento ocupa un lugar central. No es una formalidad ni una frase dicha una sola vez: debe ser libre, informado, específico y revocable. Una relación sexual saludable no se presume por el silencio, por una relación previa, por la convivencia, por el matrimonio, por una imagen compartida o por haber aceptado una práctica anterior. El consentimiento existe cuando hay posibilidad real de decidir y de cambiar de decisión.

La educación sexual integral resulta clave para construir esta cultura del cuidado. No se trata de adelantar etapas ni de invadir la intimidad familiar; simplemente de ofrecer herramientas para reconocer el propio cuerpo, respetar el ajeno, prevenir abusos, identificar violencias, cuestionar estereotipos y tomar decisiones informadas. En un entorno digital donde circulan pornografía, sextorsión, grooming y exposición no consentida de imágenes íntimas, esa formación es todavía más urgente.

Salud sexual: un derecho humano que incluye a todos los cuerpos

La salud sexual también exige acceso efectivo a información de calidad y a servicios que no juzguen. La vergüenza, el miedo y la desinformación son barreras sanitarias. Un sistema que escucha, informa y respeta protege más que uno que moraliza.

Una mirada desde el libro

En Familias, vínculos y sexualidades, propongo pensar estas cuestiones desde un paradigma de derechos, alejándonos de miradas exclusivamente biologicistas o moralizantes. El libro sostiene una idea especialmente pertinente para esta fecha:

Hablar hoy de sexo y sexualidad implica, antes que nada, hablar de derechos.

La frase condensa un cambio de enfoque: la sexualidad no puede ser tratada únicamente como un asunto privado sin consecuencias públicas, ni como un problema que deba ser vigilado.

Salud sexual: un derecho humano que incluye a todos los cuerpos

Es una dimensión esencial de la personalidad, atravesada por la dignidad, la autonomía y la igualdad.

El texto también afirma:

La sexualidad se entiende como una vivencia dinámica y posnatal del ser humano que abarca identidad, orientación sexual, erotismo, placer, intimidad y reproducción.

Esa definición ayuda a comprender que ninguna política de salud sexual será suficiente si desconoce la complejidad de las experiencias humanas. No hay una única manera legítima de conformar una pareja, una familia, una identidad o un proyecto de vida. El Estado, las instituciones educativas y los servicios de salud deben acompañar esa pluralidad sin imponer moldes ni reproducir exclusiones.

El compromiso pendiente

Conmemorar el Día Mundial de la Salud Sexual debe servir para renovar un compromiso concreto: garantizar información basada en evidencia, educación sexual integral, prevención y atención sanitaria accesible, respeto por la identidad, confidencialidad, consentimiento y protección efectiva frente a toda forma de violencia.

Salud sexual: un derecho humano que incluye a todos los cuerpos

Defender la salud sexual como derecho humano significa, en definitiva, resguardar la posibilidad de que cada persona viva su sexualidad con libertad, cuidado, placer, responsabilidad y respeto. No se trata de imponer conductas ni de uniformar deseos, sino de asegurar que nadie quede afuera por su cuerpo, edad, orientación sexual, identidad de género, condición de salud, discapacidad o situación social.

Porque la salud sexual no es un tema marginal. Es una parte inseparable de una vida digna.

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