Higiene: un derecho cotidiano

Cada 3 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Higiene, una fecha que invita a recordar algo aparentemente simple, pero decisivo: lavarse las manos, cuidar los alimentos, limpiar los espacios que habitamos y disponer adecuadamente los residuos son acciones capaces de prevenir enfermedades y proteger a toda una comunidad.

Dr. Sergio Benaroya
Abogado UBA. Especializado en Familia, Niñez y Adolescencia, Genero, Responsabilidad Médica y Salud Mental. Diplomaturas en Psicopatología, Psicoanálisis, Autismo, Psicosis, IA, Criminología, Vínculos Patológicos, Sexología Clínica.

La higiene es una de las herramientas de prevención más accesibles y eficaces frente a enfermedades infecciosas. El lavado de manos con agua y jabón, realizado de manera adecuada y durante aproximadamente 40 a 60 segundos, ayuda a reducir la circulación de virus, bacterias y otros agentes que pueden provocar diarreas, infecciones respiratorias, hepatitis, afecciones cutáneas y neumonías. La limpieza no se limita al cuerpo: comprende también los hogares, las escuelas, los lugares de trabajo, los alimentos y los espacios públicos.

Sin embargo, sería injusto hablar de higiene como si todas las personas partieran de las mismas condiciones. Para muchas familias de barrios populares, la falta o irregularidad del agua potable, el hacinamiento, las dificultades para comprar productos de limpieza y la insuficiencia de infraestructura sanitaria vuelven más complejo cumplir con recomendaciones que, en otros hogares, parecen obvias. Pedir higiene sin garantizar los medios para ejercerla equivale a trasladar a quienes menos tienen una carga que debe ser compartida por el Estado y por la sociedad.

Higiene: un derecho cotidiano

La situación es todavía más grave para quienes viven en la calle. ¿Cómo pedir un baño diario a quien no dispone de una vivienda? ¿Cómo exigir lavado frecuente de manos a quien debe recorrer la ciudad para encontrar una canilla, un baño público o un lugar donde asearse? Las personas en situación de calle no necesitan miradas de reproche ni campañas basadas en la culpa: requieren acceso real y permanente a sanitarios públicos seguros, duchas, lavamanos, agua potable, kits de higiene, atención médica y dispositivos de alojamiento dignos.

La higiene, entonces, no puede reducirse a una recomendación individual. Es una cuestión de salud pública y, antes que nada, de dignidad humana. Cuando una persona no puede lavarse las manos, conservar alimentos en condiciones seguras o acceder a un baño, no está fallando en un deber personal: está enfrentando una barrera social y material.

Higiene: un derecho cotidiano

Las cifras muestran por qué este tema importa. La falta de agua segura, saneamiento y prácticas adecuadas de higiene favorece enfermedades diarreicas y respiratorias, con consecuencias especialmente severas para niñas y niños. Asimismo, el lavado de manos con jabón puede disminuir la incidencia de infecciones respiratorias, incluida la neumonía. Por eso, promover la higiene requiere educación, pero también inversión pública, infraestructura urbana y políticas sostenidas de inclusión.

Una responsabilidad compartida

Una comunidad saludable se construye con gestos cotidianos:

  • Lavarse las manos antes de comer, preparar alimentos y después de ir al baño.
  • Lavar frutas y verduras con agua segura antes de consumirlas.
  • Evitar la contaminación cruzada en la cocina y mantener limpios los utensilios.
  • Desinfectar superficies de uso frecuente, como picaportes, mesas e interruptores.
  • Desechar correctamente los residuos y cuidar los espacios comunes.
  • No estigmatizar a quienes atraviesan pobreza, precariedad habitacional o situación de calle.
  • Exigir y acompañar políticas que aseguren agua, saneamiento e higiene para todos.

La elección de la fecha

El verdadero sentido del Día Mundial de la Higiene no es solamente recordar que debemos lavarnos las manos. Es comprender que nadie debería quedar excluido de ese cuidado básico. Una ciudad más limpia y saludable no se logra señalando a quien no tiene recursos, sino asegurando que todas las personas -en especial las más vulnerables- puedan acceder a condiciones mínimas para cuidar su cuerpo y su salud.

Higiene: un derecho cotidiano

La higiene salva vidas, pero solo puede convertirse en un hábito universal cuando deja de ser un privilegio y se reconoce plenamente como un derecho

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