Séptima Etapa: Una road movie en el corazón del Valle del Uco

Séptima Etapa, de la Vuelta Ciclista de Mendoza; una jornada larga, estratégica y con final en alto, donde cada equipo administró energías con precisión quirúrgica.

El sol y una brisa fresca acompañaban en esta tarde de ciclismo en el Valle del Uco, como si la naturaleza misma hubiera decidido bendecir esta jornada de la Vuelta Ciclista de Mendoza. Sobre los viñedos y las montañas lejanas flotaba una luz dorada, épica, que transformaba cada pedalada en una escena digna de crónica y memoria.

Por Orlando Pelichotti

Mientras tanto, el paro general de los trabajadores en contra de la Reforma Laboral marcaba el pulso del país. En nuestra provincia no tuvo mucha repercusión, cosa que en algún momento preocupaba a la organización. Muchas voces de descontento por la jornada anterior habían resonado con fuerza, y esa tensión llevó a neutralizar la misma, procurando que el deporte no quedara atrapado en el torbellino de la coyuntura social. El ciclismo, ese acto de resistencia silenciosa, siguió su curso como metáfora del equilibrio: avanzar aun cuando el viento sopla en contra.

Desde las 15:22 se puso en marcha la caravana desde la Plaza Principal de Pareditas, corazón de Pareditas, bajo la supervisión del comisario Mario Morgante. Las ruedas comenzaron a girar con precisión ceremonial. Inmediatamente salieron en tren controlado, en ese pelotón llamado de excursión, compacto y ordenado, como una sola criatura de acero y voluntad.

Avanzaron por San Martín y Sara de Puebla hasta empalmar con la imponente Ruta Nacional 40. Allí, el paisaje se abrió majestuoso y el pelotón, aún contenido, parecía una serpiente brillante deslizándose sobre el asfalto caliente.

Séptima Etapa: Una road movie en el corazón del Valle del Uco

Desde allí, a calzada completa, avanzaron por calle Cisterna hasta Boulevar San Martín y La Capilla, retomando nuevamente la RN 40 para conectar con la Ruta Provincial 92 y calle Independencia. Esquivando lomos de burro y vibraciones traicioneras, la carrera comenzó a mostrar sus primeras heridas: a media hora de competencia, Agustín Videla rompió la rueda delantera y debió ser asistido al costado del camino, mientras el pelotón seguía su curso inexorable.

En plena temporada de vendimia, decenas de camiones cargados de uva cruzaban rumbo a las bodegas, impregnando el aire con aroma dulce y promesa de vino nuevo. Uno de los puntos emblemáticos fue la rotonda del Monumento a San Carlos Borromeo, símbolo del departamento de San Carlos. Allí, entre banderas y aplausos, apareció Don Quique, histórico vendedor de alcancías de yeso en forma de chanchito, quien confesaba con orgullo ser fanático del Cosme Saavedra, mientras agitaba su gorra al paso de los ciclistas.

El recorrido continuó regulando en pelotón compacto por Boulevar Quiroga y San Martín (RP 99). Fue entonces cuando la carrera dejó de susurrar y comenzó a rugir: la primera fuga se gestó con decisión y coraje. Cinco hombres saltaron al frente como flechas lanzadas contra el viento.

Séptima Etapa: tarde de ciclismo en el Valle del Uco. El "Colo" Leandro Velárdez levantó los brazos y se adjudicó la Meta de Montaña.

Séptima Etapa: tarde de ciclismo en el Valle del Uco. El "Colo" Leandro Velárdez levantó los brazos y se adjudicó la Meta de Montaña.

Entre ellos, el carismático Facundo Ambrossi, ganándose el cariño de la gente a diario; Marcos León Rodríguez; el combativo Gerardo Tivani; Mauro Domínguez; y el brasileño Otavio Augusto Gonzelli (Localiza Meoo Brasil), el jinete de dos ruedas que viene marcando su nombre en el ciclismo argentino.

Séptima Etapa: Una road movie en el corazón del Valle del Uco

La escapada tomó forma, cinco voluntades unidas por el ansia de gloria. El pelotón, detrás, calculaba; adelante, la aventura. El sol seguía alto, la brisa empujaba leve, y la Séptima Etapa se convertía en relato vivo: un capítulo donde la tierra, el esfuerzo y la historia se fundían en cada giro de pedal.

Porque esa tarde no fue solo una etapa más. Fue un espejo del país: tensión, esperanza, sacrificio y belleza. Y sobre el asfalto mendocino, quedó escrita otra página heroica del ciclismo.

Pedaleando hacia el corazón de Tunuyán

La carrera siguió rumbo norte por la imponente Ruta Nacional 40 hasta ingresar a Tunuyán, atravesando su zona urbana por la emblemática calle San Martín antes de retomar la ruta en dirección a Zapata. Allí comenzó a insinuarse el desgaste, ese enemigo invisible que primero susurra y luego golpea sin aviso.

Desde ese punto, la exigencia fue en aumento. Por la Ruta 88 al oeste hasta la rotonda de Tupungato (Avenida Belgrano), el pelotón mantuvo el pulso firme, cuidando cada relevo. Luego, por Julio Roca hasta la Ruta 89, hasta calle El Álamo, el terreno empezó a seleccionar, a mostrar quiénes estaban para pelear y quiénes comenzaron a ceder ante el rigor del ritmo. El tramo final marcó el verdadero desafío. El pelotón avanzó hacia el este hasta el Corredor Productivo, giró al sur por la Ruta Provincial 94 y afrontó el ascenso decisivo hasta el Manzano Histórico, enclave natural y escenario de grandes definiciones. Allí, al pie de la cordillera, la montaña no negoció: expuso, seleccionó y consagró.

Séptima Etapa: Una road movie en el corazón del Valle del Uco

Fue una jornada larga, estratégica y con final en alto, donde cada equipo administró energías con precisión quirúrgica. En esas rutas abiertas, con el viento cruzando los viñedos y la cordillera vigilando desde el oeste, la carrera pudo quebrarse en cualquier momento. Y solo los más fuertes llegaron con aspiraciones intactas a la meta.

Séptima Etapa: Una road movie en el corazón del Valle del Uco

El Valle de Uco se presentó en todo su esplendor, pasando por la rotonda de la Virgen hasta reencontrarse con la Ruta Nacional 40, atravesando ese bello departamento que es Tunuyán. La diferencia entre los escapados llegó a ser de 2 minutos y 47 segundos sobre el pelotón mayoritario, una brecha significativa, aunque en ese momento no incidió en la clasificación general.

Desde tempranas horas, la gente se acomodó al costado del camino para ver pasar a la serpiente multicolor. Familias enteras, banderas al viento, mate en mano y celulares atentos al instante exacto en que el pelotón irrumpió como un vendaval. Porque cuando la carrera atravesó el Valle, no fue solo deporte: fue identidad, fue emoción y fue historia en movimiento.

Tupungato y esa trepada hasta el Manzano Histórico

El pelotón irrumpió por la Avenida Belgrano con ese murmullo inconfundible de cadenas tensas y ruedas cortando el viento. Desde allí tomaron la calle Julio Roca (RP 89) hasta calle El Álamo, atravesando el corazón del departamento con ritmo sostenido y determinación.

En el kilómetro 108, frente a la Municipalidad de Tupungato, se disputó la Segunda Meta Sprint, y el espectáculo estuvo a la altura de la jornada. El "Colo" Leandro Velárlez se impuso con potencia y precisión; Tomás Ruiz fue segundo, y el "Roly" Navarrete completó el podio parcial. La diferencia con el pelotón mayoritario se estiró a 4 minutos y 17 segundos. La fuga no solo resistía: volaba bajo, mientras el termómetro marcaba 28 grados, decidía escribir su propio capítulo, a 110 kilómetros recorrido de carrera.

Realmente parecían flotar sobre el asfalto, lanzados en una coreografía de esfuerzo extremo. Desde allí encararon la Ruta Provincial 94, el camino que conducía directo a la meta, en el mítico Manzano Histórico.

A la izquierda, hileras de membrillos cargados de fruta madura; a la derecha, viñedos prolijos dibujando líneas perfectas contra el paisaje. El aire estaba impregnado de ese aroma inconfundible del campo en plena tarea productiva: tierra removida, hojas verdes, promesa de cosecha.

Los valientes ciclistas y el final de la Etapa

La penúltima emoción de la tarde llegó con la única Meta de Montaña, en el kilómetro 152, en el Paraje India Muerta, en Tunuyán. Allí, en solitario y cuál alambre caído sobre la pendiente, el trepador sanjuanino "Colo" Leandro Velárdez, de la Municipalidad de San Carlos, se llevó la gloria cómodamente. Sacó 1 minuto y 39 segundos sobre Tomás Ruiz y Roly Navarrete, y 5 minutos y 13 segundos sobre el pelotón, cuando restaban menos de ocho kilómetros para el ansiado final.

Séptima Etapa: Una road movie en el corazón del Valle del Uco

La gente se agolpaba en la llegada, bajo un cielo nublado y a 25 grados, a 1.700 metros sobre el nivel del mar, aplaudiendo al trepador que se vestía de héroe y escribía una página imborrable en la historia deportiva de nuestra provincia. Mientras tanto, el pelotón se rompía, extrayendo energías hasta alcanzar el segundo y tercer lugar, demostrando que la competencia aún estaba lejos de definirse. La trepada, imponente, se extendía como una escalera que desafiaba a todos.

Cual cometa surcando el aire, el "Colo" Leandro Velárdez levantó los brazos y se adjudicó la Meta de Montaña con total comodidad. José Autrán cruzó segundo a 1 minuto y 47 segundos, mientras Mario Ovejero completó el podio. La jornada cerró con heroísmo, esfuerzo y espectáculo: los valientes ciclistas habían vuelto a escribir otra página de historia en el corazón del Valle del Uco.

La voz del ganador

Me faltaba esto para mi carrera, gracias a Dios lo logré. Fue una etapa muy bonita, no lo puedo creer. El físico me tiene cansado por la intensa temporada en San Juan, donde fui campeón en el Alto Valle de Río Negro y también en Pocito. Sin lugar a dudas, es un año inolvidable: la llegada de mi hijo, el campeonato argentino y, sobre todo, el apoyo de mi gente. Escucho mucho a los experimentados y quiero agradecer especialmente a la Municipalidad de San Carlos por todo su respaldo.

Confesó emocionado Velárdez.

Mirando hacia adelante

Mañana, viernes, se correrá la Octava Etapa, un recorrido extenso, caluroso y exigente que unirá los departamentos de Lavalle, San Martín y Junín. Las estrategias se afilarán, las ambiciones se multiplicarán y, como siempre, solo los más valientes podrán sostener el ritmo hasta la meta. La carrera continúa, y el Valle del Uco seguirá siendo testigo de gestas y heroísmo sobre dos ruedas.

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