Quinta Etapa: Carnaval toda la vida para el chingolo Rodrigo Daniel Díaz
En la Quinta Etapa de esta edición número 50 de la Vuelta Ciclista de Mendoza, el sanjuanino Rodrigo Daniel Díaz, representante de la Municipalidad de San Carlos, convirtió el asfalto mendocino en escenario de epopeya.
Hay jornadas que no se olvidan. En la Quinta Etapa de esta edición número 50 de la Vuelta Ciclista de Mendoza, el sanjuanino Rodrigo Daniel Díaz, representante de la Municipalidad de San Carlos, convirtió el asfalto mendocino en escenario de epopeya. En la quinta etapa, bajo un sol implacable de 28 grados -sensación térmica: un horno abierto al cielo-, el "chingolo" voló bajito y detuvo el tiempo en apenas 3 horas, 43 minutos y 33 segundos.
Por Orlando Pelichotti
A las 15:51, como el día anterior, la salida se demoró. La falta de banderilleros y de policía vial obligó a un inicio en tren controlado. El pelotón avanzó expectante, contenido, con la tensión vibrando en cada pedal. No había cronómetros en marcha todavía, pero ya latía la carrera.
Quinta Etapa de la edición número 50 de la Vuelta Ciclista de Mendoza, el sanjuanino Rodrigo Daniel Díaz cruzó una frontera invisible entre el esfuerzo y la leyenda.
Recién al llegar al Acceso Sur, la historia apretó el botón de inicio. Y entonces sí: comenzó la batalla. El comisario Miguel Caballero abrió camino ante el público encendido, despejando la ruta para que el espectáculo estallara. El asfalto escuchó. Porque el asfalto siempre escucha. Siente el zumbido fino de las cubiertas, el jadeo contenido, el latigazo de las cadenas cuando el ataque se anuncia sin palabras.
Ruta, fe y coraje: la etapa que se volvió leyenda
Uno de los primeros maravillosos momentos fueron sobre la Ruta 82, en la rotonda de Olimpo, el ciclismo dejó de ser sólo competencia para convertirse en ceremonia popular. Los empleados viales, vestidos de naranja encendido, detuvieron su labor para aplaudir el paso del pelotón. Fue un gesto simple, pero poderoso: el pueblo trabajador abrazando a sus corredores.
La caravana avanzaba esquivando el serrucho constante del ripio, ese traqueteo áspero que castiga brazos y piernas, que desordena el ritmo y prueba la concentración. Cada rueda vibraba; cada ciclista apretaba los dientes. El asfalto se volvía tierra, y la tierra, desafío.
A un costado del camino, como estampita viva del paisaje cuyano, estaba Doña Mariquita. Con su puesto humilde, cerca del santuario de la Difunta Correa, vendía sopaipillas calientes mientras la radio murmuraba la quiniela: "el 21 a la cabeza". La mujer en el mundo de la timba, la fe y el ciclismo compartiendo la misma tarde ardiente.
La trepada hacia la primera Meta Sprint, en la entrada del túnel de Potrerillos, fue un examen de carácter. El público colmaba el camino, gritando nombres, agitando banderas, empujando con la voz cuando las piernas ya ardían. Desde allí, bordeando el espejo imponente del lago, el pelotón tomó la Ruta Internacional 7. El paisaje era majestuoso; la batalla, feroz.
Veinticuatro corredores lograron desprenderse. Una fuga numerosa, compacta, decidida a escribir su propia historia. Hasta el paraje Agua de las Avispas resistieron así, como un bloque de voluntad. Pero al girar a la izquierda en la Ruta 40, la selección natural del ciclismo hizo su trabajo: cuatro hombres se escaparon del resto. Cuatro ciclistas firmes sobre sus bicicletas, sostenidos por técnica depurada y por el aplauso interminable de miles de mendocinos que salían a la banquina para saludarlos.
La ruta los llevó nuevamente hacia la Ruta Internacional 7 y luego a la ruta 60. El ritmo era infernal. Entonces, en medio del vendaval a 57 kilómetros por hora, ocurrió lo impensado: Bruno Contreras rompió el "plasma", esa pieza integrada de avance y manubrio que es corazón del control. A esa velocidad, cualquier falla es un abismo.
Intentó acomodarlo en plena marcha. Luchó contra el viento, contra el miedo, contra el reloj. El equipo de mecánicos actuó con precisión quirúrgica: cambio de bicicleta en apenas dos segundos. La nueva máquina era más pesada, de aluminio, menos dócil. Pero en el ciclismo no todo es carbono y tecnología. También está el alma. Y Bruno guapeó como un león. Porque en estas rutas no sólo se compite: se resiste. Se cae y se vuelve. Se rompe el manubrio, pero no la voluntad
El pelotón buscaba la meta, cuatro ciclistas la gloria
El chingolo Díaz, junto al brasileño Pedro Figueiredo Leme, el sindicalista sanjuanino Agustín Videla y el mendocino Nahuel Méndez, de la Municipalidad de Godoy Cruz, la escapada tomó forma y avanzó con decisión en la 50ª edición de la Vuelta Ciclista de Mendoza. El cuarteto trabajó con inteligencia, relevándose con precisión y manteniendo un ritmo firme, aunque siempre atentos a los registros del pelotón. Cada mirada hacia atrás era un cálculo; cada relevo, una apuesta medida.
En esa quinta etapa histórica, Rodrigo Daniel Díaz no sólo cruzó primero la meta: fue escoltado por Nahuel Méndez (Municipalidad de Godoy Cruz) y el brasileño Pedro Leme Figueiredo (Localiza Brasil), completando un podio de alto vuelo.
El "Chingolo" no ganó solamente una etapa. Cruzó una frontera invisible entre el esfuerzo y la leyenda. Porque imponerse en la Vuelta no es simplemente vencer: es grabar el nombre propio en una tradición de héroes anónimos que se agigantan bajo el sol mendocino.
Cuando levantó los brazos al cielo, no celebró en soledad. Celebró San Juan entero, celebró a su equipo, celebró cada entrenamiento silencioso al amanecer, cuando el mundo todavía duerme y sólo se escucha el latido del sacrificio. Celebró el carnaval de la vida sobre dos ruedas.
La clasificación general, por ahora, no se mueve. En la 50ª edición de la Vuelta Ciclista de Mendoza, los líderes sostienen posiciones y la tensión se acumula para las etapas decisivas.
Al frente continúa Cristian Moyano (Municipalidad de Guaymallén), seguido por Nicolás Traico (Municipalidad de Godoy Cruz), Fernando Contreras (Municipalidad de Guaymallén), Alejandro Durán (Municipalidad de Godoy Cruz) y José Autram (SEP de San Juan).
Nada está definido. La montaña y el desgaste aún tienen la última palabra, pero por ahora la general permanece intacta, como calma tensa antes de la próxima batalla sobre ruedas.
Un chingolo que se recibió de cóndor
En la 50ª edición de la Vuelta Ciclista de Mendoza, Rodrigo Daniel Díaz dejó de ser promesa para convertirse en gigante. El "chingolo" de San Carlos desplegó alas de cóndor y conquistó una etapa inolvidable, ganándose algo más que el primer puesto: el corazón de la gente.
Tras la victoria, fue el ciclista más solicitado. Selfies interminables, abrazos apretados y aplausos que parecían no tener fin. En medio de esa marea de cariño apareció un Díaz emocionado, que habló con Diario PORTADA y dejó en claro que lo suyo no fue casualidad, sino convicción:
Qué etapa difícil... faltando 130 kilómetros me metí en la fuga y la mantuve. Sabía que me lo merecía. Estoy en forma, preparado. La Municipalidad de San Carlos me apoya mucho. En Paramillo sufrí varios pinchazos que me retrasaron en la general. Mañana es otro día y pasado subimos... esto no se ha terminado.
Con la voz todavía vibrando por el esfuerzo, también hubo tiempo para agradecer:
A todo el equipo que hace posible que esté hoy acá, a mi amigo Fabián Aballay, y obvio a mi familia que me ilumina desde lejos.
El chingolo voló bajo al principio. Hoy planea alto, como cóndor andino. Y en Mendoza ya saben que cuando Díaz ataca, no es solo una fuga: es una declaración de grandeza.
Alejandro Durán: herencia, orgullo y corazón
En la 50ª edición de la Vuelta Ciclista de Mendoza, Alejandro Durán corre con las piernas... y con la historia.
Desde que se presentó el programa sabíamos que era muy dura, que se iba a romper mucho material. Pero era un desafío, y eso demuestra si estás preparado. Hicimos el reconocimiento de la etapa, entrenamos y buscamos las formas para no fallar.
Contó con serenidad, reflejando planificación y carácter.
Para Durán, cada kilómetro tiene un significado especial: "Corre mi padre y me da orgullo. Le pone amor, alma... eso me empuja. Es mi ejemplo, es un honor". Habla de Antonio Durán, puro corazón sobre la bicicleta, referencia viva de esfuerzo y pasión heredada.
También destacó el valor de representar a su tierra: "Corrí para Mendoza y eso me ayuda. Falta mucho, la carrera no está cerrada hasta que no se produzca un corte".







