Invadidos y nebulosos
En su segunda novela, "Cuarenta y nueve días bajo la niebla", José Salem construye una alegoría a partir de un escenario en el que nada es del todo claro.
El seno de la familia Etcheverry, con Eustaquio a la cabeza, es el epicentro a partir del cual José Salem construye su nueva novela, "Cuarenta y nueve días bajo la niebla" (Cuatro Letras Editorial), ambientada en 1806, en los días de la primera invasión inglesa, el escenario es una Buenos Aires cubierta por una bruma que, a la postre, será la gran metáfora de esta historia.
En una atmósfera viciada por las conspiraciones, los secretos y las verdades a medias, Eustaquio Etcheverry, su hijo Ignacio y su hija Antonia son quienes llevan adelante la trama que se desarrolla en esa ciudad que, abandonada por Sobremonte tras el desembarco de las tropas inglesas, parece entregada a su suerte.
Apáticos, proingleses, independentistas, proespañoles, todos desconfían de todos en un contexto en el que cada quien tirará para su lado, mientras los invasores se apoderan de la ciudad y la resistencia se arma tras un telón de aparente tranquilidad. En medio de todo esto, un escalofriante hecho hace que en la familia Etcheverry todo se opaque.
La reconstrucción de ese espacio y ese tiempo son la excusa con la que Salem lleva adelante, con una prosa que atrapa a cada página, una novela de intrigas políticas y relaciones personales en una Buenos Aires de comienzos del siglo XIX, en la que parece ya estar sembrada y brotando la semilla de sus siguientes dos siglos de historia: "para la gran mayoría de los porteños, si el beneficio no lo aprovecha él mismo, se lo birlará el vecino. Nada de trabajo colectivo, de buscar el bien común", reflexiona uno de los personajes británicos.
José Salem presenta su nueva novela, "Cuarenta y nueve días bajo la niebla".
La niebla, en esta, la segunda novela de José Salem, se transforma en la metáfora de un país en nacimiento, un país que, como su gente, tiene dificultades para mirar hacia el futuro, y una población a la que, como a su germinal país, se le dificulta ver más allá de lo evidente, tanto en la extrospección como en la introspección.
Entre amores y amistades, traiciones y fidelidades, individualismos y cooperación, desidia y compromiso, José Salem construye, con "Cuarenta y nueve días bajo la niebla", una alegoría que nos ayuda a que, desde el pasado, leamos el presente y nos proyectemos al futuro.







