Entre curvas y velas: los santos populares de la Ruta 82

Entre los distritos Las Compuertas y Cacheuta, en Luján de Cuyo, la Ruta 82 se abre paso como una cicatriz nueva sobre la geografía áspera. Con el nuevo trazado quedaron sepultadas más de treinta ermitas, pequeños altares improvisados: Difunta Correa, San La Muerte, Gauchito Gil y el de Gilda. Diario PORTADA fue hasta ahí, a comprobar que, entre el asfalto que avanza y la fe que resiste, uno nunca está solo.

Las obras sobre la Ruta 82 avanzan con la contundencia de lo inevitable, tal vez el hartazgo de los vecinos, también de la necesidad que ese polo turístico comience la expansión definitivamente, o porque alguna elección se aproxima. Entre los distritos Las Compuertas y Cacheuta, en Luján de Cuyo, la doble vía se abre paso como una cicatriz nueva sobre la geografía áspera. Las máquinas muerden la tierra, dominan curvas antiguas y redibujan el camino hacia la imponente Cordillera de los Andes, donde el paisaje siempre parece estar a punto de decir algo.

Pero toda transformación deja huellas invisibles. Con el nuevo trazado quedaron sepultadas más de treinta ermitas, pequeños altares improvisados y hasta un santuario mayor dedicado a la Difunta Correa que estaba en la cima de un cerro, sobre un faldón con vista abierta hacia Vistalba, donde el viento sabía pronunciar plegarias sin idioma. Hoy, ese espacio es memoria bajo el asfalto.

Entre curvas y velas: los santos populares de la Ruta 82

Sin embargo, lo sagrado no desaparece: se desplaza. A la altura del kilómetro 18, en Las Compuertas, justo en la salida de una curva amplia donde el paisaje obliga a bajar la velocidad, comienza a levantarse otro territorio para lo sagrado. No figura en los planos oficiales de la obra. Pero crece todos los días. Entre churrasqueras, mesas con sillas de cemento y una escasa vegetación autóctona, alguien -o muchos- están construyendo un nuevo santuario para todos los santos populares, Diario PORTADA pudo hacer un relevamiento en estos días.

Entre curvas y velas: los santos populares de la Ruta 82.

Entre curvas y velas: los santos populares de la Ruta 82.

"Está naciendo un lugar sagrado", nos dice una joven que aparece detrás de una capilla revestida de rocas dedicada a la Difunta Correa. Su voz no busca convencer: afirma. Luego agrega, casi en susurro: "Deolinda me va a dar una segunda oportunidad". No explica de qué. Tampoco hace falta. Sus manos, manchadas de rojo, cuentan otra parte de la historia: acaba de pintar una pared en agradecimiento a algún pedido. Restaurar también es una forma de rezar.

Entre curvas y velas: los santos populares de la Ruta 82

- Antes de irse, deje su botellita con agua. "No se olvide", nos advierte. Y desaparece en la misma ruta de la que seguramente vino, como si fuera parte de ese tránsito entre lo visible y lo invisible.

La garúa empieza a caer para entonces. El silencio se espesa. Quedamos ahí, rodeado de cientos de botellas, además de algo mucho más impactante, que son cuarenta pequeñas urnas de madera y plásticas conteniendo cenizas de personas fallecidas, algunas identificadas, también hay cruces clavadas en la tierra y papeles doblados que guardan promesas, ruegos y agradecimientos. Cada objeto es una historia. Cada historia, una fe. La Ruta es territorio de los santos populares: Difunta Correa, San La Muerte, Gauchito Gil y el de Gilda, o mejor dicho: estamos en ese territorio. Porque ahí -entre el asfalto que avanza y la fe que resiste- uno nunca está solo.

El Gauchito Gil: la fe vestida de rojo

No hay mapa que lo encierre. Algún payador dijo que parece donde el camino duda y la necesidad se arrodilla. La historia se remonta a mediados de 1800, cuando el correntino Antonio Plutarco Cruz Mamerto Gil Núñez, defensor de la patria aún se forjaba entre lanzas y banderas, combatiendo en la Guerra de la Triple Alianza, pero se negó luego a una guerra ajena. Desertó por conciencia y selló así su sentencia.

Entre curvas y velas: los santos populares de la Ruta 82

Lo colgaron de un espinillo. Antes del degüello habló a su verdugo, Zalazar: le pidió rezar por su hijo enfermo. No fue escuchado. La sangre cayó sobre la tierra. Esa noche, el hijo se sanó.

Desde entonces, la lógica cedió paso al milagro. No lo canoniza la Iglesia Católica: lo consagra el pueblo. Hoy, al borde de rutas y cruces olvidadas, flamea en rojo: color de sangre, promesa y esperanza.

La Difunta Correa: sed, amor y milagro en medio del desierto

Detrás de una tragedia, sobrevino un milagro que trasciende fronteras. Deolinda Correa de Bustos, conocida como la Difunta Correa, pertenece al corazón mítico de San Juan. La tradición narra que en 1841 siguió a su esposo reclutado obligadamente por las montoneras, cuyo destino final era La Rioja, atravesando sola el desierto cuyano con su hijo en brazos.

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Agotada por el sol y la sed, cayó sin fuerzas en los áridos cerros de Vallecito. Días después unos arrieros hallaron su cuerpo sin vida, pero al niño aún prendido a su pecho, alimentándose milagrosamente.

Aquel prodigio convirtió la tragedia en una fe popular. Desde entonces, miles de viajeros llegan a su santuario para pedir protección, agradecer favores y dejar ofrendas, especialmente botellas de agua, símbolo eterno de la sed que la venció y del milagro que la volvió inmortal. Hoy se calculan más de 3000 altares que la recuerdan en Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Bolivia, incluso algunos en España, según afirma la Fundación Vallecito.

San La Muerte: el santo del umbral

Entre los distintos santos populares, San La Muerte no pertenece al santoral oficial, sino al territorio donde la fe popular dialoga a diario con la esperanza y el miedo. Su culto nació a principios del 1900 en Corrientes, Chaco y zonas sureñas de Paraguay.

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Se lo representa como un esqueleto pequeño, tallado en hueso, madera o metal, guardián de quienes viven al borde del peligro. La tradición dice que protege de enemigos, concede favores urgentes, ampara a presos, viajeros y desamparados.

Su origen mezcla raíces guaraníes, catolicismo popular y antiguas devociones a la muerte personificada. No lo canonizó ninguna Iglesia: lo consagró la necesidad humana ante lo inevitable. Para muchos no simboliza el final, sino justicia, defensa y poder frente a la adversidad.

Gilda: la santa popular de la cumbia

Nacida como Miriam Alejandra Bianchi en Buenos Aires en 1961, Gilda fue maestra jardinera antes de convertirse en una de las voces más queridas de la cumbia argentina en los años noventa. Con canciones como No me arrepiento de este amor y Fuiste alcanzó enorme popularidad.

El 7 de septiembre de 1996 murió trágicamente en un accidente vial cerca de Entre Ríos junto a parte de su banda. Desde entonces, su figura trascendió la música y se convirtió en devoción popular.

Miles de personas la veneran como "santa popular", visitan su santuario levantado en la ruta, dejan cartas, flores y agradecimientos por favores recibidos. No fue canonizada por la Iglesia, pero el pueblo la elevó a símbolo de fe, consuelo y esperanza.

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