El último salto de Ángel Gagliano
El lunes pasado salimos a dar una vuelta por el centro. Sin ningún plan, de esos paseos que parecen no guardar nada extraordinario. Entramos al Mercado Central y compramos unos huevos frescos. Nada más.
Pero al llegar a casa, mientras desarmábamos cuidadosamente el envoltorio, apareció una fecha: 21 de julio de 1984. Era una página del desaparecido diario Mendoza. El papel estaba ajado, amarillento, como si hubiera esperado cuarenta y dos años para volver a nuestras manos. Entre noticias y avisos, una nota llamó mi atención.
Hablaba de un atleta mendocino. Por un instante pensé que era una de esas casualidades que pasan inadvertidas todos los días. Pero seguí leyendo. Y entonces comprendí que aquel viejo diario no había llegado hasta nosotros solamente para envolver unos huevos. Había una historia allí. Una historia que, de algún modo extraño, estaba esperando ser encontrada.
El hombre detrás del salto
Hay atletas que dejan una marca en una planilla. Otros dejan una marca en quienes los conocieron. Ángel Carlos Gagliano pertenece a los segundos.
Había nacido el 6 de abril de 1950 y comenzó a destacarse muy joven. En 1970, con apenas 20 años, ganó en Córdoba su primer campeonato argentino de salto triple. Después vendrían otros ocho títulos en esa especialidad, además de cuatro campeonatos nacionales en 400 metros y uno en salto en largo. En total, 14 títulos individuales.
Pero su nombre quedó definitivamente ligado al salto triple. Vivió en México durante seis meses en 1980, durante el torneo internacional Ciudad de Buenos Aires, consiguió el récord argentino con 15,86 metros. Un año después, en La Paz, Bolivia, lo llevó a 15,95. Y el 4 de diciembre de 1983 ocurrió algo que hasta entonces ningún argentino había conseguido: en Las Cuevas saltó 16,30 metros y atravesó por primera vez la barrera de los 16 metros.
Aquel salto tenía además un premio detrás: la posibilidad de cumplir el sueño olímpico.
Gagliano viajó a Estados Unidos para Los Ángeles 1984, con sus ahorros, la ayuda del desaparecido Banco de Previsión Social, el BUCI, el Sindicato del SUPE y también YPF. Había llegado junto a su esposa Elsa Pennessi, que compartían el amor por el atletismo y su entrenadora, después de años de esfuerzos para poder sostener una carrera internacional.
Pero el destino tenía preparada otra cosa. En el primer salto del torneo preolímpico de San Diego cayó fuera de la corredera y se fracturó el quinto metatarsiano del pie derecho. El sueño terminó allí.
Años después lo recordó con una frase que todavía duele: "De pronto se me hizo la noche". Su carrera internacional había sido intensa. Durante una década, entre 1975 y 1985, Ángel Gagliano llevó la bandera argentina por las pistas de Sudamérica. Río de Janeiro, Montevideo, Bucaramanga, La Paz. En algunas dejó medallas; en otras, récords. Siempre dejó la huella de un atleta que sabía competir.
En 1977 fue subcampeón sudamericano en Montevideo, detrás del brasileño João Carlos de Oliveira, el inolvidable "João do Pulo". En La Paz, cuatro años después, volvió al podio y llevó el récord argentino del triple hasta los 15,95 metros.
Pero 1980 fue un año especial. Entrenó en las altas montañas incluso y compitió en México, mejoró sus marcas en 200 metros y salto en largo y, luego en Buenos Aires, compartió pista con figuras mundiales como Edwin Moses, Al Oerter y Sara Simeoni. En aquel histórico torneo Ciudad de Buenos Aires, el mendocino consiguió 15,86 metros y volvió a escribir su nombre en la historia. Había pocas competencias internacionales.
Gagliano no sólo saltaba. También corría, integraba relevos y sumaba puntos para la Argentina. Era, ante todo, un atleta completo. De esos que parecían llevar la pista entera dentro del cuerpo.
Un legado que comenzó cuando dejó de competir
La dupla de Ángel y Elsa desarrolló durante muchos años una tarea formativa en nuestra provincia. Preparó a cientos de jóvenes deportistas, acompañó delegaciones y siguió ligado al atletismo en distintas funciones. Incluso, él volvió a competir como veterano. En 2023, ya mayor de 70 años, ganó el salto triple en los Nacionales de Posadas y en el Sudamericano de Lima.
Más atrás en el tiempo, ese récord de 16,30 metros permaneció durante casi 28 años, hasta que Maximiliano Díaz lo superó. Murió después de varios años de luchar contra un impiadoso cáncer el 13 de febrero de 2025. Tenía 74 años. Mendoza perdía así a uno de sus grandes exponentes deportivos y sociales, pero también a un hombre que hizo del deporte una forma de vivir con pasión, acompañar y de resistir.








