No al apagón cultural
A 50 años del golpe cívico-militar, las y los trabajadores de la cultura, intelectuales, artistas y periodistas decimos: marcharemos en calles y plazas bajo la consigna: Memoria, Verdad y Justicia
Las y los trabajadores de la cultura, intelectuales, artistas y periodistas decimos:
El 24 de marzo de 1976 se inició la última dictadura cívico militar en Argentina. Como señaló con toda agudeza Rodolfo Walsh en su "Carta abierta de un escritor a la Junta Militar", los dictadores -y sus apoyos cívicos y empresariales- tenían un proyecto de miseria planificada: el golpe escondía en sus oscuras entrañas el proyecto de retrotraer a la sociedad argentina a las condiciones económico sociales y culturales previas al siglo XX.
Su intención era dar marcha atrás el reloj de la historia: modificar de raíz la realidad de una sociedad altamente movilizada por los derechos colectivos, sociales y laborales, con una industrialización floreciente y una vida cultural excepcional. Para eso, era necesario disciplinar al conjunto de la sociedad argentina. Un plan sistemático de represión ilegal que sólo podía llevarse a cabo con la complicidad del establishment económico-financiero, los medios hegemónicos de comunicación, las altas jerarquías eclesiásticas, y los sectores más conservadores de la sociedad.
Teatro Abierto: un movimiento teatral durante la dictadura para rememorar.
En todo el territorio nacional persiguieron a organizaciones político-sociales, gremios y sindicatos, trabajadores de la cultura, universidades e instituciones educativas, pequeños y medianos productores, cooperativas agrarias y de servicios, sacerdotes de la opción por los pobres, el mundo del deporte con compromiso social, y todo aquel espacio que pudiera mostrar resistencia.
Hubo 30.000 compañeros muertos y desaparecidos, cientos de miles encarcelados ilegalmente, torturados en los modos más crueles, niños y bebés robados de sus hogares, miles de exiliados y la censura en todos los ámbitos educativos y culturales: la dictadura llevó la represión a niveles genocidas.
La otra dimensión del horror perpetrado fue la política cultural: cientos de miles de libros quemados y prohibidos, facultades cerradas, películas y obras de teatro canceladas, actores y actrices perseguidos, exiliados o desaparecidos, teatros clausurados e incendiados.
Sin embargo, no lograron sus objetivos. Lenta, pero inexorablemente, el pueblo argentino fue encontrando los caminos para denunciar a los responsables e iniciar la lucha por la búsqueda de las víctimas del plan de exterminio, al tiempo que sostuvo la pelea por la Verdad, la Memoria y la Justicia. Las Madres y Las Abuelas caminaron primero, y los Hijos y los organismos de Derechos Humanos las acompañaron, incluso mientras todavía se desplegaba el horror.
Con el fin de la dictadura y el retorno democrático la lucha por Memoria, Verdad y Justicia adquirió cada vez mayor dimensión. El Juicio a las Juntas pareció iniciar un camino esperanzador, pero sus alcances fueron limitados por las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, así como los posteriores indultos durante el menemismo.
Fue recién en el 2004 que el Estado -en la voz del presidente Néstor Kirchner- pidió perdón por aquellas atrocidades. Entre los años 2003 y 2015 la política de derechos humanos promovida por el gobierno nacional permitió profundizar en la búsqueda de verdad y memoria y, particularmente, acelerar las causas judiciales que involucraban a los represores, muchos de los cuales habían logrado evadir a la justicia durante años.
Hoy nos encontramos con un gobierno nacional cuyo modelo económico, social y político parece calcado de aquellos años feroces. Incluso relativiza y hasta reivindica los crímenes de la dictadura.
Una agenda que promueve la apertura económica indiscriminada, el ajuste permanente sobre el presupuesto estatal -salvo para el pago de deuda externa-, el alineamiento con las políticas neocoloniales, y el desmantelamiento de la legislación laboral. La represión permanente de toda protesta social -con especial énfasis en la violencia contra jubilados- es una marca de estos tiempos. La demonización de los dirigentes de la oposición, articulados con el aparato mediático y judicial es el nuevo método para anular los liderazgos populares. Por eso proscriben y encarcelan a Cristina Fernández de Kirchner.
A cincuenta años del inicio de la dictadura, marcharemos en calles y plazas bajo la consigna: Memoria, Verdad y Justicia como nos enseñaron las Madres y las Abuelas.
Que este 24 de marzo nos vuelva a convocar como pueblo que no olvida, para que el Nunca Más sea definitivo.






