Por: Fernando Cascino

Algunos consejos prácticos para que trabajar desde casa no se termine convirtiendo en una pesadilla.

Durante muchos años se pregonó y promovió el trabajo a distancia o desde el hogar como una herramienta lógica. La tecnología desde hace un tiempo ya habilita realizar remotamente muchas de las acciones que hacemos desde el lugar de trabajo. La esperada explosión del Home Office tardó más de lo necesario. Las razones son múltiples y entre ellas está el no querer salir de la zona de confort, la famosa regla de los ingenieros que reza que lo que funciona no se cambia, y por, sobre todo, muchas excusas respecto de la capacidad de la gente de trabajar eficientemente sin el control que impone el lugar y la presencia física de pares y jefes.
Lo que era poco probable, pero si posible, sucedió. Hoy muchos se preguntan, por qué no adoptamos las tecnologías antes y por ello estamos ahora a los apurones ajustando las estructuras, los procesos y la cultura organizacional para adaptarnos rápidamente a las necesidades. Lo importante es saber que el virus pasará, pero muchos de los cambios que nos impuso se quedaran con nosotros.
En tiempos de aislamiento es imprescindible adaptarnos rápidamente al home office. El trabajo desde el hogar es muy diferente a trabajar en la oficina o en la calle porque nos exige cambios y adaptaciones que sabíamos que iban a llegar en algún momento, pero aterrizaron de golpe. La buena noticia es que lo que aprendamos hoy nos será útil ahora y después. Luego de la crisis y el aislamiento físico, cualquiera sea su duración y modalidad, el trabajo remoto tomará un impulso mayor al que tenía antes.
No hay una fórmula mágica, ni hay una receta que les funcione a todos por igual, la mezcla de exigencias puede parecer explosiva, y si además le sumamos el estrés de la situación actual y la incertidumbre sobre el futuro sanitario y económico, es posible que no sepamos por dónde empezar a desmadejar el ovillo.

Consultados algunos ingenieros en sistemas, nos dan algunos consejos para no padecer mayor stress del que ya tenemos encima.
Tomando la idea de estar físicamente en el lugar de trabajo, es ideal poner objetivos diarios, en donde el qué, cuánto, cómo y dónde, sea la regla diaria. Planificar el día y marcar los horarios, reuniones y tareas en la agenda y respetarla, anotar alertas de celular o simplemente alguna pizarra que ayude a recordar las actividades.
Tomar descansos programados o esporádicos para relajar la mente y liberar la creatividad, intentar hacer una cosa por vez, cambiar de tarea en tarea consume esfuerzo y energía.

Crear un área especial para trabajar, no todos poseen un correcto mobiliario, pero ya sea una buena mesa, escritorio, auriculares, algún anotador, silla cómoda, cargador y todo lo que necesites para no levantarte cada 5 minutos.
Sé muy estricto con el horario de comienzo de trabajo, y el de finalización también, vestir como si fueras a trabajar habitualmente.
Algunos médicos han focalizado el virus en como llegamos a contagiarnos y en qué condiciones, por ello es necesario saber que la separación física no implica separación social, se puede usar la tecnología disponible para chatear, hacer una video llamada en un break, comer o simplemente compartir algo con otra gente.

Algo muy importante es racionalizar el uso de la banda ancha, si es posible que los que necesiten descargar películas lo hagan de noche, al igual que los que juegan juegos en red. El ancho de banda será limitado y especialmente en el hogar.
Ser digitales era toda una utopía, hoy abuelos, padres y amigos están conectados y es la forma de no sentir tanto efecto negativo. Hoy más que nunca todos necesitamos más contención, más respuestas, más contacto