George Orwel: «Exponer la verdad en un tiempo de ocultamientos y mentiras, constituye un acto heroico».

Cuando la información está a la vista, y el encubrimiento continúa, estamos en presencia, o bien de colonialismo o bien de oportunismo. 

¿Quién dijo que el periodismo debe ser opositor? ¿Quién dijo que debe ser oficialista? ¿Quién dijo que debe ser neutral?

El periodista, es un sujeto cuyo pensamiento crítico resulta de incalculable valor para analizar, e informar sobre la realidad, razonamiento que resulta de apuntar a un análisis integral de los fenómenos partiendo de cada particularidad, entendiendo que esa realidad está conformada por decenas de variables que es necesario desentrañar, y visualizar públicamente para tratar, en lo posible, de arribar a la síntesis, si es que ésta existe.

Durante los ochenta la política informativa de los medios post-dictadura fueron fervientes soportes del período totalitario, luego, durante los noventa, mientras la crítica se centralizaba en el maquillaje, la sustancia del programa político y económico vigente en aquel entonces, no era escrutado ni visualizado.

Esto ocurría paralelamente a los beneficios que las grandes corporaciones periodísticas, y sus periodistas, obtenían del ejecutivo.

Desde el periodismo, excepción hecha de algunos pocos, nunca se efectúo una autocrítica sobre aquellos comportamientos, en más, tuvo que pasar casi treinta años, para que tales disfraces terminaran de caer.

La ausencia de políticas públicas de comunicación, y de una normativa que regule la distribución de la pauta oficial, lleva a establecer criterios que dependen únicamente de la voluntad política de turno, en muchos casos, se torna una herramienta de censura indirecta.

Hoy, la censura se aplica de numerosas formas,  el sistema no consiste en prohibir la difusión de determinadas noticias u opiniones, ni siquiera en mentir sistemáticamente.

Se trata de métodos más refinados: decir la verdad a medias, omitir información de contexto que permita comprender los hechos, al final el resultado desinformativo es tan eficaz como con la censura.

Un ejemplo de la CENSURA, es lo que sucedió en MDZ, cuyo medio levantó de su portal una columna realizada el viernes 06/11 en el Programa «No tan millennials», donde afiliados de OSEP denunciaban incumplimientos de la obra social.

https://mdzradio.mdzol.com/article/view?slug=problemas-con-osep-afiliados-denuncian-falta-de-cobertura-e-insumos-medicos

En este contexto, la manipulación de la información es morbosa, y es muy probable, que una nueva verdad científica, en este caso periodística, se esté construyendo a partir de estos dislates.

El desafío, es demostrar a diario, con nuevas herramientas y proyectos, que otro periodismo es posible en la cabeza de otros periodistas, y que tal cosa, depende únicamente de personas comprometidas éticamente con la actividad, que deseen acercarse más a la información certera, probada y chequeada, que a la defensa de intereses dominantes.