La batalla de Tucumán tiene un significado especial en la Causa de la Revolución, dado que frenó la avanzada realista en el Río de la Plata, que ponía en serio peligro al gobierno patrio. Garantizó el triunfo de la Revolución en la América del Sur, en un momento particularmente difícil.

Más allá de la trascendencia que tuvo la batalla librada en Tucumán el 24 de septiembre de 1812 desde el punto de vista político, también es significativa desde el aspecto militar. Las batallas de Tucumán y Salta, son las únicas de carácter campal dadas contra los españoles en el actual territorio argentino.

Es importante señalar que Belgrano desobedeció la orden del Triunvirato que le ordenaba trasplantar a Córdoba la fábrica de fusiles que funcionaba en Tucumán y desmantelar, desguarnecer y abandonar enteramente Tucumán, para establecerse en Córdoba, frente a la avanzada realista.

La desobediencia de Belgrano selló la suerte de nuestras actuales provincias del Norte, dado que obedecer las órdenes del Triunvirato, que procuraba salvar la Capital, frente al peligro realista de Montevideo, hubiera significado su pérdida. Con su actitud, Belgrano salvó la Causa de la Revolución.

Este es el enorme mérito de esta batalla. Belgrano simuló tomar un camino que se dirigía a Santiago del Estero, sin tocar en Tucumán. Así, el prócer se propuso engañar a Tristán que creyó que Belgrano abandonaba Tucumán, con lo cual, descuidó las más elementales precauciones de orden militar, dando lugar a la captura en Trancas, del jefe realista Huici.

Belgrano se detuvo con sus tropas en la encrucijada, lugar cercano a la ciudad de Tucumán, y despachó para Tucumán a Juan Ramón Balcarce, “dándole las más amplias facultades para promover la reunión de gente y armas y estimular al vecindario a la defensa”.

El vecindario tucumano respondió con entusiasmo al pedido de Balcarce y el Cabildo envió una diputación a Belgrano, para persuadirlo a quedarse en Tucumán, y con todo el apoyo de este pueblo, organizó la defensa y presentó combate al invasor.

Belgrano consiguió que se le otorgara dinero y gente en cantidad apreciable, por lo cual se dirigió a la ciudad de Tucumán, decidido a enfrentarse con el enemigo. Belgrano contó con doce días para organizar sus tropas.

Su plan consistía, como dice Mitre en “esperar al enemigo fuera de la ciudad, apoyando su espalda en ella”, y después, “en caso de contraste, encerrarse en la plaza”.

Para lo cual, cuenta Paz que en ella “se fosearon las bocacalles y se colocó la artillería” que no iba a llevarse a la acción. Los vecinos principales se ocuparon en alistar gente de la campaña para engrosar el ejército, también reunieron caballadas y proporcionaron reses para el mantenimiento de los defensores.

Llegaron contingentes reducidos de Catamarca y Santiago. Así se formaron los cuerpos de caballería de las provincias del Norte, llamados “Decididos”. Muchos de estos soldados tuvieron que improvisar hasta sus lanzas con cuchillos enastados en palos y tacuaras.

El ejército invasor tuvo que soportar el vacío y el silencio que hallaron a lo largo del camino.

Eran hostilizados por las partidas criollas y el 23 de septiembre, el general Tristán, tuvo la máxima sorpresa, al avistar la ciudad de Tucumán y advertir la presencia de Belgrano y su ejército en ella.

El 24 de septiembre se encontraron el ejército realista y el patriota en la batalla de Tucumán y, a pesar de que el ejército realista contaba con 4000 hombres y el patriota con sólo 2000, la suerte fue favorable para los patriotas.

Según palabras de Paz, desde el punto militar “es el de Tucumán uno de los combates más difíciles de describirse, no obstante el corto número de los combatientes”.

A ello se sumó que a mitad de la batalla, ocurrió un hecho asombroso que contribuyó a desbandar las tropas realistas y a llenarlas de pánico.

Fue un vasto huracán que llegó furioso del sur con una manga de langostas. El historiador Vicente Fidel López consideró que esta batalla fue “la más criolla de todas cuantas batallas se han dado en el territorio argentino”. Y eso es para él, “lo que la hace digna de ser estudiada con esmero por los oficiales aplicados a penetrar en las combinaciones con que cada país puede y debe contribuir de lo propio a la resolución de los problemas de la guerra”.

Mitre remarcó la trascendencia de esta batalla: “En Tucumán salvóse no solo la revolución argentina, sino que puede decirse contribuyó de una manera muy directa y eficaz al triunfo de la independencia americana”.

Belgrano atribuyó su triunfo a la intercesión de la Virgen de la Merced, en cuyo día se libró esta batalla, por lo cual, nombró a la Virgen de la Merced “Generala del Ejército”.