Así como hay quienes cometen infracciones y encuentran siempre argumentos para realizar descargos y no pagar la multa correspondiente, hay quienes asumen el error y se disponen a compensar la defección de inmediato. Error.

Para ser víctima de las políticas que se implementan en el departamento Guaymallén no es requisito ser guaymallino (nativo o por opción), basta con tener que atravesar su extensa geografía y es suficiente la pretensión de ser un ciudadano responsable.

En ocasión de una cena reunión en el elegante hotel (ex) Intercontinental,  un ciudadano estaciona su vehículo en el lado Oeste del bulevar Pérez Cuesta. Aunque cuesta entender por qué la prohibición, el color amarillo con el que está pintado el cordón impide cualquier ardid.

El sujeto había abandonado la cena con prontitud pero esa fugacidad no evitó que le confeccionaran la correspondiente acta de infracción.  Cualquier lamento sería inútil. Al día posterior, leyendo el texto del acta, se apresuró para cancelar el monto de la multa con el beneficio del pronto pago. Error. Siguió los pasos recomendados a través del sitio de internet de la municipalidad, envió el correo tal como indicaba la página web municipal y la respuesta, sencillamente, no llegó.

Escasos días entre la cena y el año nuevo, cuando se dispuso a pagar según otra sugerencia, no logró su cometido. O sea, cancelar, pagar, cumplir es toda una aventura.

Convencido ya de que no podía utilizar esos métodos a distancia, el inocente ciudadano se avino a ir personalmente a la Dirección de Tránsito. Con el ardor del intenso estío y el temor a volver a cometer infracción prefirió estacionar el vehículo en la playa que está cerca de la dirección de tránsito del municipio.

Seis personas esperaban en la vereda por algún trámite relacionado al tránsito. Más de una hora de espera para recibir como respuesta “se cayó el sistema”.  O sea, una multa cuyo único fin –que tampoco discutimos- es el de recaudar, no cumple su cometido. La deducción es simple e indiscutible. La inoperancia es de tal magnitud que ni siquiera actúan a favor de los supuestos intereses recaudatorios. Pero además, hay esmero para incomodar (a vecinos y no vecinos) y una indolencia tan grosera que, exactamente adonde está la dirección de tránsito, están los vehículos de la propia Municipalidad, violando espacios de estacionamiento destinados a personas con discapacidad, y además, el resto de los vehículos –seguramente de los propios empleados municipales- infringiendo las zonas destacadas con el mismo amarillo por el cual se solazan repartiendo actas de infracción.

En Guaymallén, hasta pagar en término es una tarea insalubre. Después del frustrado intento físico y personal, volvió el iluso ciudadano a intentar usar el “sistema informático”, imposible, estuvo inactivo todo el día.

Carecemos de las pruebas para señalar que –como se dijo en varios medios – hay un método corrupto para obtener la licencia de conducir en Guaymallén . Pero a modo de conjetura, es imposible no sospechar que sí, que debe haber algún mecanismo “informal”, porque la formalidad en Guaymallén es tan difícil de cumplir como esquivar los botones amarillos, una sobredosis de reductores de velocidad que son mucho menos eficaces que la abundancia de pozos eternos que destacan al departamento.

Pregunta ciudadana ¿quién le confecciona el acta de infracción a los vehículos municipales y a los autos de los que administran esa comuna?.  Aconsejan no preguntar a concejales del oficialismo, porque podría cobrarle por dar respuesta

Así nos va.

Las fotos que ilustran esta nota fueron tomadas el día 10 de enero de 2022 y no hay ninguna modificación ni alteración.