¡Tres... dos... uno... y tiempo!: La Vuelta Ciclista de Mendoza vibra al ritmo de sus bicicletas
Así se vivió la edición 50 de la Vuelta Ciclista de Mendoza: con historia, con pueblo y con destino de leyenda. Porque cuando el deporte y la identidad se encuentran, no hay viento ni pendiente que detenga la marcha. Mendoza ya vibra al ritmo de sus bicicletas, y la épica vuelve a rodar.
Las radiosmotos (mensajeras del vértigo y la precisión, llevaban y traían noticias, tiempos y emociones, tejiendo en movimiento la narrativa vibrante de la jornada), iban y venían por las calles del Parque San Vicente de Godoy Cruz, cortando el aire con ese vértigo inconfundible que anuncia que algo grande está ocurriendo: la edición 50 de la Vuelta Ciclista de Mendoza.
Entre el murmullo expectante de la multitud y el zumbido de las bicicletas lanzadas a toda velocidad, se escuchaba el clásico grito que erizaba la piel: "¡Tres... dos... uno... y tiempo!". Era la señal sagrada, el instante exacto donde el esfuerzo se convertía en registro, donde cada pedalazo encontraba su sentencia en el cronómetro.
Ese sonido no era solo parte del protocolo; era música para los apasionados del ciclismo mendocino. Marcaba el pulso de la competencia y aceleraba corazones en cada esquina del circuito.
Jean Carlos celebra 30 años de éxitos en el Arena MaipúY en medio de esa escena cargada de adrenalina, muchos levantaron la mirada al cielo o al recuerdo para evocar al eterno Santiago Pizarro. Con su inseparable Nikon F4 colgada al cuello, no se perdía detalle, pedal a pedal. Supo congelar en imágenes la épica de cada edición, el gesto de dolor transformado en gloria, la celebración desbordada al cruzar la meta. Su lente fue testigo privilegiado de generaciones de ciclistas y su legado sigue revelándose en cada rincón de la historia grande de la Vuelta.
Santiago Pizarro retrató con detalle, pedal a pedal, la épica de cada edición de la Vuelta Ciclista de Mendoza. Falleció en 2022.
Así se vivió la edición 50: con historia, con pueblo y con destino de leyenda. Porque cuando el deporte y la identidad se encuentran, no hay viento ni pendiente que detenga la marcha. Mendoza ya vibra al ritmo de sus bicicletas, y la épica vuelve a rodar.
Esa tradicional serpiente multicolor por las rutas
Hablar de la Vuelta Ciclista de Mendoza es también evocar a sus leyendas. Entre ellas brilla con luz propia la figura de Juan Carlos Ruarte, la inolvidable "Gacela" del ciclismo. Con apenas 23 años, deslumbró en la edición inaugural de 1977, dejando claro que había nacido un campeón. Su pedaleo elegante, casi etéreo, y su talento natural lo convirtieron en referente del ciclismo nacional.
Juan Carlos Ruarte, la inolvidable "Gacela" del ciclismo. Foto: Santiago Pizarro.
Ruarte no solo ganó aquella primera Vuelta: conquistó tres ediciones mendocinas y grabó su nombre en la memoria grande del deporte argentino. Su figura representa la esencia de la competencia: juventud, audacia y una determinación inquebrantable. Cada vez que el pelotón avanza por las rutas mendocinas, su legado vuelve a rodar.
Hoy, medio siglo después, casi 130 corredores toman la posta de aquella historia fundacional. La Vuelta de Mendoza edición 50 no es únicamente un evento deportivo; es la reafirmación de una tradición que trasciende generaciones. Y cuando el pelotón multicolor se lance a la ruta, no solo competirá por un título: competirá por entrar en la eternidad.