Cincuenta capítulos de gloria: la Vuelta más argentina volvió a consagrar la pasión eterna de Mendoza, Christian Moyano se vistió de héroe
Hoy se vivió una jornada inolvidable de la Vuelta Ciclista de Mendoza: ganó el cordobés Christian Moyano, del equipo Municipalidad de Guaymallén. En Mendoza el ciclismo no es un espectáculo: es el gran ritual que une barrios, familias e historias.
El ciclismo no es un deporte más. Es nuestra identidad. Está en nuestro ADN. Late en cada ruta, en cada barrio, en cada amanecer mendocino donde una bicicleta corta el viento como promesa de gloria. Y detrás de cada pedaleada, firme y silenciosa, la labor incansable de la Asociación Ciclista Mendocina, sosteniendo la pasión con organización y compromiso.
La Vuelta Ciclista más argentina volvió a consagrar la pasión eterna de Mendoza, Christian Moyano se vistió de héroe.
Por Orlando Pelichotti
Hoy se vivió una jornada inolvidable de la Vuelta Ciclista de Mendoza, la más argentina de las vueltas. En su quincuagésima edición, la competencia volvió a confirmar lo que esta tierra sabe desde siempre: en Mendoza el ciclismo no se practica, se vive.
Calles colmadas, banderas al viento y el rugido inconfundible del pelotón marcaron el pulso de una definición vibrante. No fue solo el cierre de una carrera; fue la celebración de cincuenta años de historia, sacrificio y gloria sobre ruedas. Una vez más, la pasión mendocina convirtió el asfalto en escenario épico y reafirmó que el ciclismo es parte esencial de su identidad.
Cuando la bandera a cuadros blanca y negra descendió, no ganó solamente Christian Moyano. Ganaron los 104 competidores que dejaron pasión y alma sobre el asfalto. Ganó el sacrificio silencioso de meses de entrenamiento. Ganó el público que alentó sin descanso. Ganó la historia misma, que sumó una nueva página dorada al libro eterno del deporte mendocino.
La etapa partió, una vez más, desde el corazón cívico de la provincia: la Casa de Gobierno, en el Parque Cívico. Desde allí, el pelotón avanzó en tren controlado hacia Pedro Molina, tomó Rondeau en busca de la Costanera por Vicente Zapata y giró hacia el Acceso Este, sonó el silbato del comisario Juan Quiroga a las 16:23. La caravana multicolor enfiló luego por Ruta 40 hasta Valentín Alsina, regresando al norte por la misma arteria, rumbo al Acceso Este y calle Arenales.
Diez vueltas finales, diez capítulos de tensión y estrategia. El circuito fue seguido por miles de espectadores apostados a lo largo del recorrido: el Cóndor, Ruta 40 hasta la bajada de Valentín Alsina, el retorno por Ruta 40 (Acceso Sur), la derecha al Acceso Este hasta Arenales y nuevamente el puente, como un túnel hacia el destino inevitable.
Allí, donde el asfalto se vuelve altar, se definió la historia
La etapa disputada en los departamentos de Ciudad y en Guaymallén, fue un estallido de épica sobre el asfalto ardiente de febrero. Fueron 124 kilómetros de tensión pura, resueltos en 2 horas, 30 minutos y 53 segundos por Leonardo Cobarrubia, el sanjuanino del Sindicato Empleados Públicos de San Juan, que levantó los brazos con la determinación de quien conoce el peso de la historia. Detrás, casi respirandole en la nuca, llegaron Gerardo Tivani (Municipalidad de San Carlos), Kevin Castro (equipo Zabala) y Leandro Velardez (Municipalidad de San Carlos), en una definición que sostuvo al público de pie hasta el último metro.
Allí, donde cada giro exigió coraje y cada ataque escribió una línea de fuego en el pelotón, Mendoza volvió a confirmar que su Vuelta no es solo una competencia: es una ceremonia colectiva, un rito popular que atraviesa generaciones y convierte al asfalto en memoria viva.
Cada fuga fue un latido; cada sprint intermedio, un rugido compartido. La multitud celebró como propia cada embestida, consciente de que el ciclismo aquí no se mira: se siente. A la vera del camino, miles acompañaron con banderas, reposeras y gargantas abiertas; otros tantos siguieron la caravana por todo el territorio provincial. Porque en Mendoza, el ciclismo no es un espectáculo: es el gran ritual que une barrios, familias e historias.
La consagración soñada: Moyano y una Vuelta que quedará en la memoria
Y si la etapa tuvo dueño, la Vuelta tuvo consagración histórica. El jóven cordobés Christian Moyano, del equipo Municipalidad de Guaymallén, se coronó campeón y escribió una página inédita: es la primera vez que un ciclista cordobés conquista el tour mendocino. Su victoria no fue casualidad, sino construcción paciente, estrategia firme y respaldo colectivo.
En la clasificación general, el segundo lugar quedó en manos de su compañero, el chileno José Autrán, vencedor de la novena etapa, esa jornada feroz de alta montaña que trepó hasta el Cristo Redentor. En la subida a Las Cuevas, el trasandino impuso un ritmo demoledor, exhibiendo jerarquía y temple. Pero no alcanzó. En la etapa final, Moyano contó con un equipo sólido que blindó cada intento y sostuvo la ventaja con autoridad.
No fue solo una carrera. Fue una reafirmación cultural. Porque aquí el ciclismo es identidad, memoria y futuro. Y mientras exista una ruta abierta y un corazón dispuesto a latir al ritmo del pedaleo, la historia seguirá escribiéndose sobre dos ruedas, bajo el sol mendocino y ante un pueblo que nunca deja de rodar.