Entre bancos, gremios y gobernadores: quién ganó realmente con la reforma

La reforma laboral obtuvo media sanción en el Senado con un discurso de modernización, pero el texto final dejó expuesto algo más profundo: el peso del lobby bancario que bloqueó el pago de salarios en billeteras virtuales, la presión sindical que aseguró el 2% para sostener sus cajas y los gobernadores que defendieron su recaudación antes que un esquema más competitivo. Una ley que prometía cambiar reglas, pero que volvió a mostrar quiénes terminan influyendo cuando se redefine el poder en la Argentina.

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La reforma laboral en la Argentina era necesaria. La modernización de las leyes, volver a reescribir las reglas de juego. El mundo gira en torno a una modernización constante: el trabajo cambia y las formas de emplearse también. En todos los países esos cambios se dan, no desde hace años sino desde hace décadas. Pero lo penoso es que cuando nos toca a nosotros dar esos pasos, casi siempre el que pierde es el trabajador.

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Por Martín Tula | martin.tula@portada.com.ar

El miércoles se dio media sanción al proyecto de Ley de Reforma Laboral por un cómodo resultado: 42 votos a favor y 30 en contra en la votación en general. Fue una sesión larga, donde cada senador se tomó su tiempo para explicar su postura, a favor o en contra. Si no la vio, le cuento que no se perdió de nada, mi querido lector: sobraron chicanas y revivals donde algunos sostenían que tiempos anteriores eran mejores.

Lo que sobró fue el lobby de los bancos, de los sindicatos y de los gobernadores. Ese lobby que algunos confunden con acuerdos, con rosca política, en realidad no es más que beneficios para un sector determinado. ¿Qué beneficio puede darle un banco al trabajador? Esos bancos que hoy aplican tasas usurarias. Los sindicatos que, cada vez que deben representar a sus afiliados, terminan negociando con la patronal luego de usar al trabajador como herramienta de presión o como fuerza de choque en actos políticos, marchas o incluso en el fútbol.

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Tampoco nos olvidemos de los gobernadores que no quisieron ceder en Ganancias porque les afectaba la recaudación, en vez de pensar, de una vez por todas, cómo recaudar generando empleo genuino y no solamente a través de impuestos y tasas.

Acá seguramente usted se estará planteando: "No, el Estado no es un privado para generar empleo". Y tiene razón. Pero sí es quien debe brindar las condiciones para que quien quiera invertir -en un comercio, en una pyme o simplemente desarrollando turismo- tenga ganas de hacerlo.

Eso se logra con obra pública eficiente, con mejores servicios: una policía más equipada y preparada, hospitales en condiciones y mejor acceso a la salud, educación en los tres niveles con tecnología e infraestructura. Con docentes, fuerzas de seguridad y personal de salud mejor remunerados. Si eso pasara, le aseguro que llegarían inversiones, porque la gente no tendría miedo de circular de noche por ciertos lugares; esos lugares tendrían más negocios abiertos; con rutas en mejores condiciones se facilitaría la producción; y con una educación moderna y accesible generamos futuro. Un futuro que no es tan lejano.

Volvamos a los lobbies y entendamos, sobre todo, los dos más fuertes: el de los bancos y el de los gremios.

Cuando se eliminó el artículo que habilitaba el pago de salarios en billeteras virtuales, tras la fuerte presión del lobby bancario, el argumento fue que ese cambio podía generar "riesgos sistémicos" y poner en jaque el modelo tradicional de fondeo de depósitos, imponiendo como única vía legal el uso de cuentas bancarias convencionales.

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Esa defensa de la "seguridad" bancaria entra en contradicción con ejemplos recientes de quiebras en Estados Unidos, como la de Silicon Valley Bank en 2023, que colapsó tras un retiro masivo de depósitos y problemas en su gestión de liquidez y activos. La intervención del FDIC dejó en evidencia que ni siquiera instituciones consolidadas garantizan tranquilidad absoluta a los depositantes.

En otras palabras, usar la supuesta "seguridad bancaria" para frenar la inclusión de billeteras virtuales -hoy ampliamente utilizadas en la economía digital- no elimina los riesgos estructurales que enfrentan los bancos tradicionales cuando pierden la confianza del mercado o presentan desajustes financieros.

Mientras tanto, en la negociación de la reforma laboral, el lobby sindical logró mantener la contribución solidaria con tope del 2%, un punto central para asegurar el acompañamiento político y evitar una confrontación abierta con la CGT. Ese resultado puede leerse como una victoria de los sectores tradicionales del sindicalismo -los llamados "gordos"- que conservaron una fuente estable de financiamiento a cambio de moderar el conflicto y garantizar gobernabilidad. En ese esquema, la paz social queda atada a la preservación de las cajas gremiales: cuando hay movilización o amenaza de paro, el eje no siempre pasa exclusivamente por la defensa abstracta de la clase trabajadora, sino también por la defensa concreta de esos recursos que sostienen estructura, poder y negociación.

El país está girando nuevamente. Pero no hacia la derecha ni hacia la izquierda, como en otras épocas. Está girando, otra vez, hacia quienes concentran el poder económico, político y social.

Cuando el pueblo teme al Gobierno, hay tiranía; cuando el Gobierno teme al pueblo, hay libertad.

Thomas Jefferson, carta de 1787 tras la Rebelión de Shays, compilada en los Papers of Thomas Jefferson (Library of Congress).

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