Reforma laboral: breve análisis crítico
Para entender qué está en juego, no alcanza con discutir empleo, derechos o eficiencia. Hay que abordar el problema desde su núcleo: la lógica del capital.
La reforma laboral suele presentarse como modernización, eficiencia y libertad de mercado. Pero si la leemos desde el corazón mismo del sistema, aparece otra lógica: la necesidad del capital de reorganizar las condiciones de explotación para aumentar la tasa y la masa de plusvalor. Aquí propongo mirar la reforma desde ese ángulo: cómo la flexibilización laboral amplía el ejército industrial de reserva, abarata el valor de la fuerza de trabajo, intensifica el trabajo cotidiano y debilita la capacidad colectiva de resistencia mediante restricciones al derecho a huelga y la contención sindical.
Por Javier Prezioso | @filocritica
También se aborda el rol del Estado en este proceso, mostrando que la oposición entre Estado y mercado es una falsa dicotomía: el Estado interviene activamente para garantizar mejores condiciones de acumulación para el capital, incluso en regímenes neoliberales o que se presentan como "enemigos del Estado".
Una lectura crítica es necesaria para entender qué está realmente en juego cuando se modifican las leyes laborales.
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Para entender qué está en juego, no alcanza con discutir empleo, derechos o eficiencia. Hay que abordar el problema desde su núcleo: la lógica del capital.
Qué es lo único que le importa al capital
El capital no existe para dar trabajo ni para producir bienes útiles. Existe para valorizar el valor, es decir, para convertir dinero en más dinero. Y sólo puede hacerlo comprando una mercancía muy especial, la única capaz de producir y reproducir mucho más valor del que costó adquirirla: la fuerza de trabajo. Por eso, toda legislación laboral toca el corazón mismo del proceso de acumulación.
¿De dónde sale la ganancia?
Durante la jornada laboral, el trabajador produce más valor del que recibe en su salario. Esa diferencia es el plusvalor (Mehrwerth en alemán).
La cuestión decisiva para el capital no es producir cosas, sino aumentar esa diferencia, aumentar esa porción de la jornada laboral en la que el trabajador produce valor gratis para el capitalista. Esa parte de la jornada laboral es la que representa la mayor cantidad de tiempo de trabajo, la parte de la jornada laboral en la que el trabajador reproduce el valor que costó adquirir su fuerza de trabajo (a saber: el valor de los medios de subsistencia y reproducción del trabajador, la canasta básica) es la parte minoritaria. Los capitalistas buscan a toda costa extender esa parte de la jornada que los beneficia. Toda reforma laboral debe leerse desde esta necesidad silenciosa.
Importar ropa destruye empleo y no crea puestos de trabajoLas dos vías para aumentar el plusvalor
Marx distingue:
- a) Plusvalor absoluto: consiste en extender lo más que se pueda la jornada laboral, aumentando el tiempo de plustrabajo, base de la plusvalía.
- b) Plusvalor relativo: consiste en intensificar la jornada de trabajo, hacer más en menos tiempo.
Todo esto logra abaratar la fuerza de trabajo.
La reforma avanza sobre ambas dimensiones al mismo tiempo.
Qué cambia dentro del proceso de trabajo
La precariedad no sólo afecta el contrato. Afecta el ritmo y la intensidad del trabajo: más tareas, menos pausas, jornadas extendidas, mayor presión.
Eso es plusvalor relativo.
Qué ocurre cuando despedir es fácil
Sin estabilidad, el trabajador pierde poder de negociación.
Su salario deja de estar sostenido por derechos y pasa a depender del miedo a quedar afuera.
Eso reduce el valor de la fuerza de trabajo.
La precariedad no sólo afecta el contrato. Afecta el ritmo y la intensidad del trabajo: más tareas, menos pausas, jornadas extendidas, mayor presión.
El desempleo como herramienta de extorsión
Para el sentido común, el desempleo es un problema. Para el capital, es una condición funcional. El ejército industrial de reserva desocupados, precarizados, disponibles- presiona los salarios a la baja y disciplina a quienes trabajan.
La flexibilización laboral produce ese ejército.
¿Por qué Marx habla de "esclavitud asalariada"?
El trabajador es jurídicamente libre, pero materialmente forzado a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir.
Cuanto menos derechos tiene, más evidente se vuelve esta dependencia.
La libertad formal encubre una coerción económica estructural, social, permanente.
Sin estabilidad, el trabajador pierde poder de negociación
El papel del Estado
El discurso libertario presenta esto como una victoria del mercado sobre el Estado.
Pero es el Estado quien modifica las leyes, elimina protecciones y garantiza nuevas condiciones de explotación.
El Estado no es neutral, por eso no existe "el Estado" en abstracto, sino el estado social e históricamente determinado. Y en las sociedades donde reina el modo de producción capitalista, el estado es burgués, capitalista, es su forma política y de clase.
Por eso en los regímenes neoliberales el estado no desaparece: la mano invisible del mercado necesita el brazo armado del estado. Y aquí entran en juego las burocracias sindicales.
El rol de las burocracias sindicales
Si la organización obrera se limita a negociar condiciones sin afectar el proceso productivo, puede terminar funcionando como mediadora que estabiliza la relación capital-trabajo.
La contención del conflicto también es una forma de disciplinamiento. Este es el rol de los sindicatos amarillos que pactan a escondidas de los trabajadores condiciones laborales miserables mientras reprimen y persiguen a quienes se organizan de forma independiente. Su rol es, sencillamente:
Históricamente hay algunos ejemplos: Antecedentes históricos
Cuando se debilita la autonomía obrera y se suprime la huelga, se refuerza la capacidad del capital para imponer condiciones.
En 1933, el nazismo disolvió los sindicatos y los reemplazó por el Frente Alemán del Trabajo (DAF), integrando trabajadores y empleadores en una estructura estatal sin derecho a huelga mientras perseguía y encarcelada a trabajadores comunistas y socialistas.
La lección histórica: sin organización autónoma, la fuerza de trabajo queda aislada.
¿Qué revela realmente este tipo de reformas?
No buscan empleo ni eficiencia. Este tipo de reformas (cómo la de Bolsonaro en Brasil o la del actual gobierno de Grecia) buscan:
- ampliar el ejército de desocupados,
- abaratar la fuerza de trabajo,
- intensificar el trabajo,
- aumentar la tasa y masa de plusvalor,
- acelerar la acumulación.
Eso es lo que está en juego.
Bibliografía sugerida:
- Karl Marx, El Capital, Libro I (especialmente las secciones sobre el plusvalor absoluto y relativo, y el capítulo sobre el ejército industrial de reserva).
- Karl Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte.
- Rosa Luxemburgo, Huelga de masas, partido y sindicatos.
- Vladimir I. Lenin, El Estado y la revolución.
- Nicos Poulantzas, Poder político y clases sociales.
- Robert Kurz, textos sobre crítica del valor y crisis del trabajo.