Luján de Cuyo: cuando el ruido se combate con desigualdad

La compactación de 74 motos en Luján de Cuyo reabre un debate incómodo: el ruido molesta, sí, pero la vara no parece igual para todos. Mientras trabajadores humildes pierden su único medio de movilidad y enfrentan multas, costos y trámites interminables, los vehículos de alta gama que también hacen ruido circulan sin sanción. Una política de "mano dura" que castiga hacia abajo, en un municipio que se dice moderno y facilitador, pero cuya práctica expone una lógica elitista y profundamente desigual.

En Luján de Cuyo se difundió un video que muestra con severidad la compactación de 74 motocicletas de bajas cilindradas. Muchas de ellas -explica el propio funcionario que aparece en las imágenes- fueron secuestradas por circular con escapes libres.

La realidad es clara e indiscutible:

Los escapes libres son molestos, generan ruido excesivo, irritación, alteran la convivencia urbana y afectan la salud. Nadie discute ese punto. El problema no es el diagnóstico, sino el método elegido y el criterio aplicado.

Porque si el criterio fuera verdaderamente el ruido, la pregunta surge sola:

¿Por qué no vemos compactadas motos Harley Davidson, autos Porsche o Ferrari, grandes camionetas como las Ford F-150, las Dodge Ram, o Jeep con escapes deportivos originales de marca Chrysler?

Todos ellos tienen un sonido particular, potente, invasivo. Sin embargo, no parecen ingresar en el mismo régimen sancionatorio.

Ahí aparece una sensación difícil de ignorar:

Se es severo con el débil y condescendiente con el fuerte.

Además, hay un dato que el video omite y que resulta central.

Muchas de las motos compactadas no son nuevas. Se observan vehículos con más de diez años de antigüedad, motos que probablemente fueron adquiridas en otra Argentina, en una época de Estado de bienestar, cuando un trabajador que se movía en colectivo podía aspirar a comprar una moto, mejorar su movilidad, ahorrar tiempo, trabajar más y vivir un poco mejor.

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Hoy, en cambio, la aspiración parece haber retrocedido drásticamente:

Tener una tarjeta SUBE con saldo suficiente para pagar un boleto que ya ronda los 1.400 pesos, para subir a un colectivo que no deja de aumentar de precio.

Para muchos de los dueños de esas motos, el vehículo no es un objeto menor ni prescindible. Es su único medio de locomoción, su herramienta de trabajo, la diferencia entre llegar o no llegar. Son trabajadores humildes, en muchos casos precarizados, que realizan tareas de delivery para plataformas digitales, moviéndose en la informalidad, sin derechos, sin estabilidad y con ingresos fluctuantes.

Un nivel educativo maltratado por el gobierno provincial

Resulta llamativo -y profundamente contradictorio- que esos mismos trabajadores sean quienes sostienen buena parte del consumo gastronómico de Luján de Cuyo. Sin ellos, los restaurantes de alta gama, los locales de Chacras de Coria y los emprendimientos de "alta alcurnia" no venderían lo que venden. El delivery precarizado garantiza comodidad y rentabilidad, pero a la hora del castigo, la vara cambia.

Una celebración que incomoda

El video difundido por el municipio exhibe una puesta en escena celebratoria por la compactación de 74 motos, como si se tratara de un logro digno de aplauso. Resulta difícil de comprender esa satisfacción cuando lo que se destruye no son armas ni elementos destinados a causar daño, sino herramientas de trabajo de personas humildes. Celebrar la compactación de motos es tan extraño como festejar la destrucción de hormigoneras, carretillas o cualquier otro medio de subsistencia. La sensación que deja el testimonio audiovisual no es la de orden, sino la de una victoria simbólica sobre los más débiles, una épica del castigo que incomoda y preocupa.

Y es ahí donde aparece una sensación difícil de disimular:

Qué impotencia da ver cuán bravos son con los más humildes, y cuán rápido agachan la cabeza frente a quienes circulan haciendo ruido en sus Ferraris, en sus Porsche, en sus camionetas de alta gama o en vehículos modificados de alto valor.

A esos no se los ve camino al compactador.

A esos se les dice: "Buenas noches, señor. Pase adelante".

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Pero la sanción no termina con la pérdida de la moto

Al trabajador al que se le quitó su vehículo además se le cobra una multa, se le cobra la estadía en el playón municipal y, finalmente, se le cobra la compactación. Como si eso fuera poco, luego deberá iniciar todos los trámites en el Registro Automotor para dar de baja el vehículo y evitar que le sigan cobrando patentes por una moto que ya no existe.

Es decir, un sinfín de trámites, costos y tiempos que recaen siempre sobre el mismo: el trabajador humilde, que esta vez deberá hacerlos caminando o en omnibus.

Todo esto ocurre en un municipio que se autodefine como moderno, inteligente, ágil, que dice facilitarle la vida a los vecinos. No sabemos exactamente cuál es hoy el eslogan de Luján de Cuyo, pero a la luz de este testimonio audiovisual, la realidad parece ir en sentido contrario.

El ruido molesta, sí

Pero compactar el vehículo que representa años de sacrificio de un trabajador humilde, cargarlo de multas, tasas, estadías y trámites interminables resulta una medida excesiva, casi humillante, más cercana al escarmiento que a la solución de un problema urbano.

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Lo que no debería haber es una mirada elitista, que naturaliza el castigo hacia abajo y ejerce tolerancia hacia arriba.

Ojalá todos fueran de Chacras de Coria.

Pero no lo son.

Son trabajadores humildes, muchas veces invisibles, que sostienen con su precariedad una economía que luego los castiga y los expulsa.

Existen medidas alternativas frente a acciones extremas

Ir a los talleres que colocan escapes ilegales, donde se origina el problema; decomisar los escapes, no las motos ni el medio de vida de los trabajadores; aplicar multas severas a quienes los instalan y comercializan; exigir adecuaciones técnicas que reduzcan el ruido sin destruir el único vehículo de una familia; y promover un plan de educación vial y convivencia ciudadana, que comience en las escuelas y apunte a formar conciencia socialantes que castigo ejemplar.

Combatir el ruido urbano es necesario.

Combatirlo siempre sobre los mismos, no.

El problema no es ordenar.

El problema es a quién se ordena y a quién se protege.

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