Periodismo, ¿para qué?
En tiempos de precarización laboral, concentración mediática y crisis de credibilidad, el Día del Periodista invita a abandonar los saludos de ocasión y recuperar una pregunta esencial: para qué ejercer este oficio y al servicio de qué intereses hacerlo.
Cuando llega este día siento una profunda incomodidad. Habitualmente es la jornada en la que aparecen los saludos, los mensajes de "feliz día" y las palabras de circunstancia. Pero hace mucho tiempo que los y las periodistas no tienen un día feliz. O, mejor dicho, hace mucho tiempo que las condiciones en las que se ejerce esta profesión, con aires de oficio, son realmente complejas y adversas.
Rompiendo máquinas de escribirA veces te persigue el poder. Otras veces, te persigue la miseria. Por una cosa o por la otra, siempre se trabaja al borde.
Los años felices para el pueblo argentino también fueron los años felices para esta profesión. Y vale la pena decirlo porque no es lo mismo un gobierno que otro. No es lo mismo defender los derechos cuando se los ejerce plenamente, en el terreno de las conquistas consolidadas, que hacerlo en un gobierno como este, donde esas garantías retroceden y vuelven a estar en disputa.
Por eso siempre aparece la contradicción. Porque el "feliz día" tiene mucho de fórmula vacía. Uno agradece el saludo y después vuelve a encontrarse con la realidad. Una realidad angustiante que no es demasiado diferente de la que atraviesa la mayoría de nuestro pueblo.
Porque, salvo un pequeño puñado de periodistas que han decidido rendirse ante las corporaciones, la mayoría vive como el mismo pueblo. No hay tanta diferencia. Las luces, la exposición pública o el manejo de ciertos lenguajes pueden generar otra impresión, pero, en definitiva, no somos mucho más que trabajadores. Con pretensiones de opinadores de la realidad, pero trabajadores al fin.
Sin embargo, en medio de todas estas dificultades, hay algo que sigue siendo central. El periodismo ha logrado poner en agenda temas que molestan al poder. Ha sido también el periodismo de investigación el que ha sacado a la luz detalles que muchas veces no se conocen, y ahí está la esencia del oficio. No hay mucho más que inventar.
Por supuesto que uno, cuando es periodista, tiene que preguntarse para qué lo es. ¿Para qué quiero ser periodista? Porque han hecho uso del periodismo todo tipo de personajes. Algunos lo han hecho bien, otros no tanto. Pero el periodismo también ha sido una estación hacia otras cosas.
Cuando uno revisa la historia argentina, encuentra un dato interesante: algunos de nuestros presidentes fueron periodistas antes que abogados. El periodismo siempre fue un espacio privilegiado para la batalla de las ideas.
Y entonces... ¿Periodismo para qué?
¿Cuáles son las ideas que un periodista tiene que defender? El abanico de respuestas es enorme. Las posibilidades son muchas. Pero cada uno debe asumir una posición.
Personalmente me inscribo en una tradición determinada. Una tradición que nace con Mariano Moreno y Bernardo de Monteagudo y que llega hasta los periodistas desaparecidos por el terrorismo de Estado. Una tradición que encuentra en la Carta Abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar uno de sus puntos más altos.
Y creo que también el compromiso político es una manera de honrar el oficio. Porque todos tenemos que ver con la política, aunque algunos se autobauticen independientes.
¿Periodismo para qué?
Periodismo para acentuar y profundizar la democracia.
Periodismo para defender al movimiento de derechos humanos.
Periodismo para defender la patria, sí, contra la colonia.
¿Periodismo para qué?
Periodismo para reivindicar la justicia social.
Periodismo para discutir la distribución del ingreso.
Periodismo para defender la soberanía.
Periodismo para acordarnos de los pibes de Malvinas.
Esa es una pregunta que cualquier periodista debería hacerse alguna vez. Porque cuando uno tiene claro para qué ejerce este oficio, también entiende que habrá momentos buenos y malos. Entiende que habrá costos. Entiende que muchas veces estará incómodo.
Por eso la palabra "feliz" asociada a "periodista" siempre me resulta una combinación extraña.
Ejercida con honestidad, esta profesión rara vez conduce a la tranquilidad. Por el contrario, suele empujar hacia la inquietud, hacia la duda, hacia la ansiedad y hacia la incomodidad. Si a eso se le suman la precarización, el multiempleo y las dificultades económicas que atraviesan las nuevas generaciones de trabajadores de prensa, el panorama resulta todavía más complejo.
Por eso, si tuviera que decir algo en este día, diría simplemente esto: pregúntense para qué.
La felicidad de los periodistas probablemente sea algo que sólo entienden los periodistas. Puede estar en una nota que modifica una situación. En una entrevista que genera repercusiones. En una investigación que revela algo que nadie conocía.
Me da la impresión de que la felicidad, en general, es simplemente un momento, y que cada profesión tendrá el suyo. Hay gente que encuentra felicidad en cortar un cuerpo -los cirujanos-. Nosotros encontramos felicidad en cosas que para otros parecerían absurdas. Pero alcanzan para justificar una elección de vida.
Si sabemos para qué hacemos periodismo, probablemente podamos atravesar cualquier dificultad. Si no lo sabemos, tal vez nos hayamos equivocado de oficio.
Y en tiempos donde muchos utilizan el periodismo para construir fama, poder o riqueza, la pregunta se vuelve todavía más urgente.
¿Periodismo para qué?
La respuesta sigue siendo la misma: para defender aquello que cada uno considera justo. Pero, sobre todo, para no dejar de dar las discusiones que el poder quisiera evitar. Sobre todo en estos tiempos, que no son los mejores que atraviesa nuestro planeta.