Novena Etapa: sudor, coraje y eternidad sobre dos ruedas
Vuelta Ciclista de Mendoza: la Novena Etapa está en marcha y ya se pueden ver los integrantes de todos los equipos junto a sus mecánicos, auxiliares y choferes.
La madrugada de hoy sábado amaneció distinta. En la Villa de Uspallata, departamento Las Heras, ya se pueden ver integrantes de todos los equipos junto a sus mecánicos, auxiliares y choferes. También están los infaltables apasionados del deporte a pedal, que desafían el frío para vivir de cerca la jornada más esperada, de la novena etapa de la Vuelta de las más argentinas de las vueltas, en sus bodas de oro.
Por Orlando Pelichotti
El altímetro marcaba 1.980 metros sobre el nivel del mar. La imponente Cordillera de los Andes no se deja ver con claridad, cubierta por nubes bajas, pero su presencia se siente, Parece observar en silencio, como testigo eterno de gestas deportivas y humanas. Apenas hacen 8 grados y una brisa fresca acompaña la previa. El nerviosismo era protagonista absoluto. ¡Hoy es el día!
Lobito Brizuela: la leyenda que nunca se rinde
Gabriel "Lobito" Brizuela no corre esta Octava Etapa, pero la montaña, el viento y la gente siguen sintiendo su presencia. Tres veces campeón de la Vuelta Ciclista de Mendoza (2004, 2009 y 2015), su historia trasciende los podios: es pasión pura, resistencia y ejemplo de dedicación.
A pesar de no pedalear hoy, fue ovacionado en la llegada de Cruz de Paramillo, donde su sonrisa y su carisma hicieron vibrar a todos. Selfies, autógrafos, saludos, aplausos... cada gesto recuerda que Lobito no solo gana etapas, gana corazones. Por más de 20 años ha sido protagonista de la Vuelta, uniendo la tradición con la emoción de cada kilómetro.
El Lobito es más que un ciclista: es leyenda viva. Donde pasa, deja historia; donde no corre, deja inspiración. Y todos lo saben: la montaña lo espera, y nosotros también, para verlo volver a conquistar la gloria el próximo año.
El alma del Cóndor de América acompañando siempre desde las alturas
En medio del estruendo de más de 150 personas en la localidad de Cruz de Paramillo, a más de 3.500 metros de altura, el entrenador de la Selección argentina de ciclismo de ruta, Omar Contreras, parecía hallar un instante de calma tras su larga cabellera y la camiseta de la selección. En un momento, un viento helado nos rozó por la retaguardia; algunos bromeaban preguntándose si sería el suspiro del Cóndor de América, el inolvidable Ernesto Contreras.
Omar porta con orgullo el apellido de una de las leyendas del ciclismo mendocino y, en su currículum, suma ya tres ediciones de Juegos Olímpicos como entrenador, después de haber estado presente también en Río 2016 y Tokio 2020. Su padre, Ernesto, alcanzó la misma cifra, pero sobre la bicicleta: Roma 1960, Tokio 1964 y Ciudad de México 1968. Una familia que lleva la competencia en la sangre.
"Mi papá lo hizo como deportista y a mí me toca ahora como entrenador. Esto es mágico: mucho esfuerzo, y aquí está la esencia de este noble deporte, donde la definición de sacrificio se pone en práctica. Vine varias veces y seguí los pasos de mi padre, pero hoy es diferente, hoy es mágico. ¿Lo ves?", relataba Omar, mientras señalaba la inmensidad de la geografía mendocina que se desplegaba frente a nosotros, un escenario digno de leyendas y héroes del ciclismo.