MINERÍA

Mendoza y la minería: la cumbre que reaviva la grieta del agua

Mendoza será sede de Argentina Mining 2025, el principal encuentro internacional del sector minero argentino. El agua como rehén.

Adrián Characán

Entre el oro y el vino, el agua como rehén. Del 27 al 31 de octubre de 2025, Mendoza será sede de Argentina Mining 2025, el principal encuentro internacional del sector minero argentino, que se llevará a cabo en la Nave Cultural de la Ciudad de Mendoza. Este evento es organizado por Argentina Mining, una iniciativa privada que busca reunir a empresas, profesionales y expertos del sector. El Gobierno de Mendoza y la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza actuarán como auspiciantes oficiales y colaborarán activamente en la organización del evento.

La ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre, destacó que "Argentina Mining vuelve a Mendoza, lo que marca un cambio de época que se está consolidando". Por su parte, el intendente de la Ciudad de Mendoza, Ulpiano Suárez, afirmó que "la realización de Argentina Mining ratifica nuestro compromiso desde la Ciudad de Mendoza con una minería sustentable y con la generación de empleo, desarrollo y crecimiento".

Pero el debate no es nuevo en Mendoza. Basta recordar lo que ocurrió en diciembre de 2019, apenas asumido el gobierno de Rodolfo Suárez, cuando se intentó modificar la Ley 7722, que limita el uso de sustancias químicas en la minería. Todas las plataformas políticas que se presentaron en esa elección coincidían en flexibilizar la normativa para habilitar proyectos mineros. Sin embargo, lo que parecía una jugada política con consenso terminó en uno de los estallidos sociales más recordados de los últimos años: marchas multitudinarias, cortes de ruta y un clima de tensión que obligó al gobernador a dar marcha atrás y vetar la reforma. Fue un mensaje claro de la sociedad mendocina, que dejó en evidencia la profundidad del conflicto.

Mientras los defensores del medio ambiente advierten sobre el impacto de la megaminería en los acuíferos, hay otro lobby que no quiere perder el control del agua: el sector vitivinícola. En un contexto de crisis hídrica histórica, el 85% del agua en Mendoza se destina a la agricultura. Y de ese total, gran parte se sigue desperdiciando con sistemas de riego ineficientes, como el riego a manto, una práctica que se mantiene por tradición y por costos, pero que consume volúmenes descomunales de agua.

El consumo humano, en cambio, representa menos del 10% del uso total del agua en la provincia. Y si de desperdicio se trata, el panorama es preocupante: al menos un 40% del agua disponible se pierde por filtraciones, canales en mal estado y una infraestructura de riego obsoleta. Mientras tanto, el Valle de Uco y el secano mendocino ven cómo el agua no llega a sectores que dependen de ella para sobrevivir.

El dilema de los sueldos: el oro paga mejor que el vino

El otro punto de la discordia es el empleo. Mendoza es una provincia con un salario promedio por debajo de la media nacional y, dentro de ese esquema, los trabajadores vitivinícolas están entre los peores pagos. En contraste, la minería ofrece sueldos hasta tres veces superiores a los que se pagan en bodegas o viñedos. Es un dato incómodo para quienes defienden el modelo agroindustrial tradicional, pero que explica por qué muchos mendocinos ven en la minería una alternativa para mejorar sus ingresos y calidad de vida.

Mientras la discusión avanza y Mendoza se prepara para recibir a los principales jugadores del sector minero, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿de quién es el agua en Mendoza?. Y, más importante aún, ¿quién decide sobre su destino?.

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