OPINIÓN

La distancia física y el abismo moral: Postales desde México

Mirar la patria desde las inmediaciones geográficas de México nos impone una doble perspectiva. No es solo la distancia kilométrica la que altera la percepción de lo cotidiano en nuestra golpeada Argentina; es, fundamentalmente, el violento contraste de los modelos de dignidad y sumisión que se despliegan ante nuestros ojos en este vértice del continente.

Adrián Characán

El faro de la dignidad azteca

Desde aquí, donde el eco del gigante del norte resuena con una fuerza histórica ineludible, asistimos a una lección de entereza que enorgullece al suelo azteca. La recientemente nombrada presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, nacida el 24 de junio de 1962 -una mujer de 63 años regida por la sensibilidad, el temple y la tenacidad del signo de Cáncer-, se planta al frente del ejecutivo consagrada por las mediciones regionales como una de las mandatarias con mejor imagen positiva de toda Latinoamérica, sosteniéndose firmemente en el podio de la aceptación popular.

Mientras Claudia Sheinbaum consolida un modelo de soberanía y templanza frente a los vientos complejos del norte, el experimento libertario argentino se desangra entre el mesianismo de balcón y la genuflexión geopolítica.

Esa misma sensibilidad y agudeza que la definen, potenciadas por su condición de mujer al frente de una potencia latinoamericana, se traducen en una profunda empatía y solidaridad con las causas de la región. No es una líder indiferente al dolor de los pueblos hermanos; su fe en la justicia social y el compañerismo continental quedaron patentes cuando se la ha visto con carteles pidiendo la libertad de Cristina Fernández de Kirchner, un gesto de enorme madurez política que expone su compromiso contra la persecución judicial en América Latina.

Convertida en el faro de una resistencia estoica frente a las embestidas discursivas, las amenazas arancelarias y el tono prepotente del mandatario estadounidense Donald Trump, la mandataria mexicana no ha elegido el camino del agravio inconducente ni el de la genuflexión. 

Su respuesta ha sido la de los estadistas: la firmeza institucional, la defensa de la soberanía y una templanza republicana que desarma la pirotecnia de Washington. Hay allí una mística del resguardo nacional y de la Tercera Posición doctrinaria que, lamentablemente, desde nuestra condición de argentinos en el exterior, nos genera una profunda y dolorosa , pero sana,  envidia.

El sótano estadístico y el delirio por streaming

Al girar la cabeza hacia el sur, el panorama nos abruma con una realidad diametralmente opuesta. El gobierno de Javier Milei parece empeñado en demoler cualquier vestigio de orgullo soberano, trocando la diplomacia por un alineamiento incondicional y automático que roza el ridículo. El castigo de los pueblos no se ha hecho esperar: las encuestas de opinión continental exponen el estrepitoso derrumbe del libertario, relegándolo al fondo de la tabla de posiciones en un humillante subsuelo de desaprobación.

El líder que pretendía dar cátedra global hoy se arrastra ante penúltimo, apenas un pasito por delante de los trágicos niveles que ostenta la presidencia de Venezuela; un sótano estadístico que refleja el repudio generalizado a su entrega geopolítica.

 La degradación de la investidura presidencial ha tocado fondo: hace apenas unos días, asistimos al patético espectáculo de ver a Milei pasando cinco horas y media encerrado en una transmisión de streaming con un grupo de militantes y fanáticos afines. Allí, en un monólogo eterno, el jefe de Estado se dedicó a hilvanar incoherencias, teorías conspirativas, pronunciar infinidad de malas palabras sin ahorrar insultos a periodistas  como a opositores  y desvaríos conceptuales que parecían más bien la transcripción de una crisis en una clínica psiquiátrica que las palabras de un conductor de los destinos nacionales. Mientras el país se hunde, el rey de la virtualidad monologa en su propio manicomio digital.

Mientras en México la soberanía se traduce en el aplauso de las mayorías, en la Casa Rosada el comportamiento indolente e irresponsable se paga con el desprecio internacional.

El desparpajo llega al extremo de ver al propio presidente promocionando proyectos como "Libra", una supuesta criptomoneda digital que terminó en un fraude estrepitoso, estafando a miles de incautos que creyeron en la validación y la pantalla que se le otorgaba desde el mismísimo poder central.

Las grietas éticas de la falsa austeridad

Pero el entreguismo exterior es apenas la capa superficial de un degradamiento interno que avanza a pasos agigantados. Cada jornada en la Argentina de la supuesta "libertad" nos depara un nuevo motivo de vergüenza colectiva. Detrás del relato oficialista de la austeridad y la pureza moral, la realidad de la gestión diaria gotea sospechas, desprolijidades y actos de corrupción que involucran a su círculo más íntimo. 

Los indicios de descomposición no son nuevos; ya en los albores del armado libertario, la figura dl  José Luis Espert funcionó como una temprana señal de alerta cuando quedó envuelto en sospechas de financiamiento y vinculaciones con el narcotráfico, fantasmas oscuros que terminaron por eyectarlo de aquel núcleo de confianza inicial.

Los nombres propios del oficialismo configuran un mapa de opacidad intolerable: cajas comunicacionales, fraudes  y peajes financieros conviven con la obscena opulencia de la nueva casta.

Hoy, el entramado oficialista configura un mapa de privilegios y opacidad que resulta intolerable. Desde las dudosas lógicas de comunicación y cajas que administra Manuel Adorni mas sus escándalos  de viajes y compra de propiedades suntuosas  , pasando por los ruidos financieros y de influencias que rodean a personajes ya desplazados como  Diego Espagnolo , hasta llegar a los audios  que confirman sobre el 3% destinado a Karina Milei, la hermana del presidente y verdadera guardiana de la botonera estatal.

La impudicia en la mole de acero

El colmo de este grotesco quedó expuesto en las puertas mismas del Congreso de la Nación, donde el diputado libertario jujeño Manuel Quintar decidió asistir a legislar a bordo de una monumental camioneta eléctrica Tesla Cybertruck de más de 250 mil dólares. Mientras el pueblo sufre el ajuste, la desocupación y el hambre, los representantes de la nueva era pasean su opulencia importada en una mole de acero; un cachetazo obsceno que desnuda la verdadera cara del régimen. La batalla cultural era, en realidad, la ostentación de los nuevos ricos de la casta. La promesa de combatir los privilegios se ha convertido en una mueca de cinismo absoluto: los negocios cambiaron de manos, los intermediarios se renombraron y el usufructo del Estado se concentra hoy en una mesa cada vez más chica y voraz.

Mientras la presidenta mexicana demuestra que se puede gobernar con el respaldo del pueblo frente a los vientos más complejos del norte, el experimento de Milei se desangra entre el mesianismo de balcón, la entrega geopolítica y las viejas mañas de una corrupción que ya ni siquiera se esfuerzan en ocultar. Desde aquí los argentinos contemplamos con dolor cómo la patria se achica y se vende en el altar del dogma. Se llena la boca con un grito vacío, pero la sumisión real ante el extranjero deja en claro que el verdadero grito de soberanía no resuena allá, sino acá:

¡Viva México, cabrones!

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