Una estrella más en la bandera: Venezuela
La detención de Nicolás Maduro no fue un hecho aislado ni un arrebato geopolítico: fue una jugada de poder. Detrás del operativo relámpago, las acusaciones judiciales y las negociaciones en las sombras, se cruzan petróleo, inflación, deuda, elecciones y una oposición ausente. La pregunta ya no es qué pasó en Venezuela, sino quién está administrando el tiempo, el territorio y el negocio.
En la madrugada del 3 de enero, aquellos que creíamos que la detención e invasión de Venezuela por parte de EE. UU. era solo una amenaza de Donald Trump para ejercer presión sobre el país caribeño -como viene haciendo desde que asumió, amenazando a otras naciones con intervenciones, ya sea terrestres o económicas, mediante el aumento de aranceles- finalmente vimos cómo eso sucedió.
El ajuste también se pintaFue un operativo muy al estilo hollywoodense y norteamericano: en el transcurso de apenas 30 minutos, el presidente de Venezuela fue extraído de Caracas junto a su esposa, Cilia Flores. Este operativo, denominado "Operación Determinación Absoluta" (con este título, en dos años tenemos una miniserie en Netflix), los llevó a Nueva York, donde quedaron detenidos por cargos federales, bajo una excusa sostenida con alfileres para llevar adelante semejante acción militar.
El presidente de Estados Unidos sostenía que Maduro y su entorno eran parte de cárteles del narcotráfico y estaban protegidos por ellos. Según el gobierno norteamericano, estos cárteles enviaban drogas a Estados Unidos vía marítima para luego ser distribuidas en el país.Por ese motivo, en 2020, durante el primer gobierno del actual presidente del país del norte, se iniciaron cargos por narcotráfico que fueron reactivados en 2026, cuando finalmente se produjo la detención.Pero no fueron solo él y su esposa los acusados: también lo fueron su hijo, Nicolás Ernesto Maduro; Diosdado Cabello (ministro del Interior y mano derecha del presidente); Ramón Rodríguez Chacín; y Héctor Rusthenford "Niño Guerrero" Flores (vinculado al Tren de Aragua).
Reconversión e independencia financiera: ¿autonomía o condena a la precariedad?Aquí es donde surgen las primeras preguntas, mi querido lector: ¿fue entregado por los propios? ¿Se está juzgando a Maduro o él está administrando su tiempo?
En el sistema judicial federal de Estados Unidos, Nicolás Maduro puede transitar dos escenarios: esperar el juicio detenido o solicitar la libertad bajo fianza, aceptando condiciones como permanecer en el país y someterse al control judicial. Si la fianza no se concede, el proceso avanza con el acusado tras las rejas; si se otorga, lo hace en libertad vigilada.En ambos casos, los tiempos no son cortos: una causa federal de esta magnitud puede extenderse meses o incluso más de un año, con audiencias preliminares, presentación de pruebas y disputas procesales que dilatan el inicio del juicio oral. Ese calendario no es menor, porque las próximas elecciones presidenciales en EE. UU. se celebran en noviembre de 2028 y Trump no puede competir; por ende, el país tendrá un nuevo presidente. La historia demuestra que el factor político nunca es ajeno al desenlace judicial.Más aún: la Constitución estadounidense habilita al presidente en funciones a indultar delitos federales incluso después de una condena, un poder ya utilizado en casos emblemáticos como el perdón de Gerald Ford a Richard Nixon tras el Watergate, o los indultos otorgados en distintas administraciones a funcionarios y dirigentes condenados.
Donald Trump amenaza a Cuba de frenar el envío de petróleo de Venezuela a la islaPor otro lado, quien quedó a cargo del gobierno de Venezuela fue la vicepresidenta Delcy Rodríguez, de quien se cree que mantuvo charlas previas con el gobierno norteamericano antes del 3 de enero, con Qatar como mediador. En esas conversaciones habría quedado acordada una transición del país sin quien hasta ese momento presidía el Ejecutivo venezolano.Luego de que esto sucediera y ya como presidenta asumida, Rodríguez declaró públicamente la necesidad de cooperación con Estados Unidos en una agenda de entendimiento y desarrollo compartido, aunque enfatizando la soberanía y la legalidad internacional como condición de cualquier vínculo bilateral.Aquí surge un nuevo interrogante: ¿este acuerdo previo lo llevó adelante solo ella o también formaron parte quienes no fueron detenidos y hoy siguen acusados? Respuesta que seguramente nos darán los libros de historia, porque hoy solo son preguntas que uno se hace mientras escribe esta columna.
Lo que no queda claro es el lugar que ocupa la oposición en esta situación. ¿Realmente quiere un cambio de régimen, una Venezuela libre, o es solo partícipe secundaria de una discusión que la excede?Nadie puede negar lo que sucede en Venezuela: vive una "democracia", sí, pero una democracia ejercida como dictadura, donde la libertad ideológica y de prensa no existen. A esto se suma la cantidad de detenciones políticas ilegales: más de 1.000 personas fueron detenidas, y tras la captura de Maduro solo alrededor de 100 han sido liberadas hasta la fecha.
Por eso no se entiende la tranquilidad con la que hoy parecen manejarse María Corina Machado y Edmundo González Urrutia frente a la situación del país, cuando la transición prometida no tiene fecha y el régimen sigue siendo el mismo.González Urrutia, quien fue elegido presidente en julio de 2024 pero no reconocido por la autoridad electoral, hoy vive en España; Juan Guaidó, quien compitió en las elecciones de 2019, tiene residencia en Miami; y Machado se encuentra fuera del país participando en actividades internacionales.
¿Cómo se puede luchar desde afuera? Sé que estamos lejos de un Simón Bolívar o un San Martín; no pido próceres ni gestas épicas. Son otras épocas, otra geopolítica, otro mundo. Pero sí tuvimos hechos históricos que cambiaron el rumbo de un país y pueden servir de ejemplo.El plebiscito del "Sí" en Chile, donde la oposición logró -a pesar de persecuciones, muertes, abusos de poder y detenciones ilegales bajo Pinochet- que el país recuperara elecciones democráticas y hoy viva una democracia institucionalmente sólida.O lo ocurrido en nuestro país tras la crisis social y económica de 2001, bajo la consigna "que se vayan todos" (algún día habrá que revisar por qué no se fueron todos, en realidad casi nadie), cuando la ciudadanía dijo basta y se abrió una etapa electoral con un nuevo aire político.El planteo es claro: no se puede cambiar el rumbo de un país desde el exterior, esperando que las condiciones estén dadas para volver a llamar a elecciones, porque eso probablemente no suceda nunca.
Estados Unidos "anexó" un nuevo estado: Venezuela. No, mi querido lector, no es una chicana: es una idea que el propio Donald Trump plasmó en la red social X, al subir una imagen generada por inteligencia artificial en la que también aparecían Groenlandia y México.Esa imagen deja en evidencia las intenciones y ambiciones de poder del actual gobierno estadounidense: no hay ayuda internacional, hay interés económico. Venezuela es petróleo; Groenlandia son minerales y tierras raras; México, aranceles.
Guaymallén: cuando la gestión corre después de mirar para otro ladoLo que vemos en esta intervención de Estados Unidos en territorio ajeno no es un acto humanitario ni en pos de la paz, sino la búsqueda de controlar el precio del petróleo. Más oferta de crudo implica menos presión inflacionaria, en un contexto donde la Reserva Federal se resiste a bajar las tasas y el costo del dinero sigue elevado.Todo esto ocurre con una deuda pública que ronda los 38 billones de dólares, con vencimientos e intereses que superan el billón anual, un punto extremadamente sensible para el Tesoro estadounidense. Si no logra refinanciar esos compromisos, el riesgo no es solo fiscal, sino financiero: más emisión, más presión sobre las tasas y un círculo que vuelve a colocar al petróleo como variable central de la estabilidad económica.
Vivimos en un mundo donde los ideales, la libertad y las ideologías quedaron reducidos a consignas funcionales. Los recursos naturales y las nuevas tecnologías serán el punto de inflexión para saber si el planeta se encamina, una vez más, hacia una guerra de escala global.
Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar a América de miserias en nombre de la libertad.
Simón Bolívar, Carta a Patricio Campbell, 1829.
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