El desgaste económico empieza a perforar el respaldo político: 63% pide cambios en el rumbo

Aunque los indicadores oficiales muestran desaceleración inflacionaria, la mayoría percibe pérdida de poder adquisitivo y descree de la mejora económica. La economía doméstica empieza a convertirse en variable central del futuro electoral.

Periodista y analista. Escritor. Trabajó en Radio La Red Mendoza y Radio Nihuil. Participó en Radio AM 750, programa de Victor Hugo Morales.

La economía cotidiana se transforma en termómetro electoral

El sostén político del programa económico del gobierno nacional comienza a mostrar signos de desgaste. Según el último Monitor de Opinión Pública (MOP) elaborado por Zentrix Consultora, un 63% de los encuestados considera que el plan económico actual debería cambiarse, mientras que seis de cada diez argentinos anticipan que la situación económica será determinante al momento de definir su voto en las elecciones presidenciales de 2027.

Fernando Signorini llega a Mendoza para encabezar un debate sobre salud mental, soberanía y deporte comunitario

El estudio revela un fenómeno que excede los indicadores macroeconómicos: el malestar económico dejó de ser una percepción abstracta sobre el país para instalarse en la experiencia concreta de los hogares. La inflación, el deterioro del salario y la pérdida de capacidad de compra aparecen como factores centrales de una evaluación cada vez más crítica sobre el presente económico.

Myriam Bregman emerge como una de las figuras con mejor diferencial de imagen, siendo la única medida con balance positivo.

Del diagnóstico nacional al bolsillo personal

Uno de los aspectos más relevantes del relevamiento es la diferencia entre la percepción de la economía nacional y la evaluación de la situación personal. Mientras el 59,5% considera que la situación económica del país es "mala" o "muy mala", un 42,4% sostiene la misma mirada respecto de su propia economía doméstica.

El desgaste económico empieza a perforar el respaldo político: 63% pide cambios en el rumbo

La brecha no es menor. Aunque históricamente la economía general suele evaluarse de forma más pesimista que la situación individual, el dato adquiere otra dimensión cuando casi la mitad de la población reconoce un deterioro concreto en sus finanzas cotidianas. El ajuste económico deja entonces de percibirse como un debate técnico o ideológico para expresarse en decisiones diarias: qué se consume, qué gastos se postergan y cuánto alcanza el salario hasta fin de mes.

Salarios, inflación y crisis de credibilidad

La encuesta también expone un problema de legitimidad sobre los indicadores oficiales. El 70,6% de los consultados afirma que la inflación medida por el INDEC no refleja adecuadamente los aumentos de precios que perciben en su vida cotidiana, mientras que el 85,1% asegura que sus ingresos no le están ganando a la inflación.

El dato refleja un fenómeno político sensible: aun cuando las estadísticas oficiales muestren desaceleración inflacionaria, esa mejora no logra consolidarse socialmente si no se traduce en una recomposición tangible del poder adquisitivo. Para amplios sectores, la inflación no se mide por porcentajes mensuales sino por la experiencia concreta del supermercado, las tarifas y la capacidad de sostener consumos básicos.

En otras palabras, la disputa económica parece desplazarse desde el terreno técnico hacia el de las percepciones sociales. El interrogante ya no es únicamente si baja la inflación, sino si mejora efectivamente la vida cotidiana.

La economía empieza a ordenar el voto de 2027

Uno de los hallazgos más relevantes del informe es el creciente peso de la economía como criterio electoral. El 28,3% afirma que definirá su voto presidencial en función de la situación económica del país; el 17,9%, según la necesidad de un cambio de rumbo; y el 14,2%, por el impacto sobre su economía familiar. Sumadas, estas variables superan el 60% del electorado potencial.

El dato sugiere un posible cambio de clima político: la próxima elección presidencial podría configurarse menos como una disputa ideológica clásica y más como un plebiscito sobre resultados económicos concretos. La continuidad del rumbo actual aparece como prioridad apenas para un 15,8% de los consultados, un porcentaje considerablemente menor frente al bloque de quienes demandan modificaciones.

Figuras políticas: entre el desgaste y la oportunidad

El estudio de Zentrix también mide el impacto del contexto económico sobre distintas figuras políticas. Según el informe, el gobernador bonaerense Axel Kicillof aparece como uno de los dirigentes con mayor capacidad para canalizar el malestar económico, aunque condicionado todavía por niveles altos de imagen negativa.

En el oficialismo, Patricia Bullrich muestra una resistencia mayor al desgaste, con un perfil más asociado a orden y autoridad que a la administración económica cotidiana, lo que le permitiría amortiguar parte del costo político del contexto actual.

Por otro lado, Myriam Bregman emerge como una de las figuras con mejor diferencial de imagen, siendo la única medida con balance positivo entre valoración favorable y desfavorable. El dato podría interpretarse como una señal de expansión de discursos opositores más confrontativos con el rumbo económico vigente.

En contraste, el vocero presidencial Manuel Adorni registra uno de los niveles más altos de imagen negativa del relevamiento, apareciendo como una de las figuras más vulnerables del oficialismo en términos reputacionales.

Alcances y limitaciones metodológicas

El estudio fue realizado durante mayo de 2026 sobre una muestra nacional de 1.315 casos válidos, ponderados por región y edad, mediante cuestionarios autoadministrados online. Según la consultora, el margen de error teórico es de ±2,7%, con un nivel de confianza del 95%. Los datos fueron ajustados en función de antecedentes electorales recientes, incluyendo el balotaje de 2023 y las legislativas de 2025.

Conclusión

El informe de Zentrix deja una advertencia política clara: el respaldo social al rumbo económico parece empezar a erosionarse no tanto por grandes variables macroeconómicas, sino por el impacto persistente sobre la economía cotidiana. Cuando el salario pierde frente a los precios y la percepción social desacopla de los datos oficiales, el humor económico comienza a transformarse en comportamiento electoral. Si esa tendencia se consolida, la discusión sobre 2027 podría organizarse menos alrededor de identidades partidarias y más sobre una pregunta concreta: quién puede mejorar la vida material de los argentinos.

Esta nota habla de: