"El Perfecto Asesino" y el límite incómodo: consentimiento, infancia y cine en debate
El regreso del film de Luc Besson al streaming reavivó una discusión clave: cómo el cine retrata a las niñas, el poder y el consentimiento, ayer y hoy.
Cuando el cine envejece distinto
El retorno de "León", conocida en Argentina como "El Perfecto Asesino", a las plataformas de streaming no solo despertó nostalgia, sino también incomodidad. Lo que en los años 90 fue celebrado como una historia estilizada y provocadora, hoy se revisa desde una perspectiva atravesada por debates sobre consentimiento, infancia y representación. La relación entre Léon y Mathilda vuelve a generar preguntas que el cine contemporáneo ya no esquiva.
Natalie Portman y el impacto real en una niña actriz
Natalie Portman tenía 12 años cuando filmó "El Perfecto Asesino". Décadas después, reconoció que la reacción mediática fue más perturbadora que la película en sí. La prensa estadounidense, según relató, sexualizó su imagen de forma temprana, obligándola a protegerse y a reprimir decisiones artísticas durante su adolescencia.
Su testimonio pone el foco en una cuestión central: no solo importa lo que muestra una película, sino cómo el entorno cultural procesa a quienes la protagonizan.
Jean Reno y una defensa desde el personaje
Jean Reno explicó en reiteradas ocasiones que construyó a Léon como un personaje emocionalmente limitado justamente para anular cualquier lectura romántica o sexual. Sin embargo, el debate actual excede la intención del actor o del guion y se traslada a la responsabilidad del relato.
Breaking Bad: el costado invisible del sueño americano
Hoy, el cine es interpelado no solo por lo que dice explícitamente, sino por lo que sugiere, habilita o deja abierto.
Mirar el pasado con preguntas nuevas
El caso de El Perfecto Asesino se suma a una larga lista de películas que, al volver al streaming, obligan a repensar los límites éticos del cine. Especialmente cuando involucra a niñas, niños y mujeres jóvenes en roles atravesados por relaciones de poder.
Lejos de la cancelación, el debate propone algo más profundo: mirar con conciencia, entender el contexto y exigir narrativas que no naturalicen lo incómodo.