La OMS advierte que el mundo enfrenta una nueva amenaza pandémica con menos defensas que antes

La OMS reaviva la alarma sanitaria global: advierte que el riesgo de otra pandemia crece en un escenario de fatiga política, desigualdad y preparación insuficiente.

Periodista y analista. Escritor. Trabajó en Radio La Red Mendoza y Radio Nihuil. Participó en Radio AM 750, programa de Victor Hugo Morales.

La advertencia llegó con el tono de las noticias que no admiten demora. Apenas 24 horas después de que la Organización Mundial de la Salud volviera a declarar una emergencia global por un nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda, el organismo lanzó otro mensaje inquietante: la humanidad está al borde de enfrentar una pandemia todavía más dañina y, lejos de haberse fortalecido tras las crisis recientes, el mundo sigue sin estar preparado.

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Ese diagnóstico tomó forma en el nuevo informe de la Junta de Monitorización de la Preparación Global, creada por la OMS tras la devastadora crisis del ébola en África occidental. Lo que allí describen los expertos refuerza la alarma: el riesgo de una nueva emergencia sanitaria se ha disparado, mientras la inversión, la capacidad de respuesta y la confianza pública avanzan con lentitud o, en algunos casos, directamente se estancan.

Hace una década, el trauma del ébola había dejado una promesa en el aire: que una tragedia semejante no volvería a sorprender al planeta con las defensas bajas. Después llegaron nuevas reformas, fondos específicos y negociaciones internacionales para blindar la respuesta sanitaria. Pero, ese andamiaje no alcanzó. Desde la crisis de 2016, el planeta atravesó cinco grandes emergencias de salud pública, incluida la covid-19, y aun así los expertos advierten que la resiliencia global podría estar debilitándose en lugar de consolidarse.

La advertencia no aparece en un vacío. Llega en medio de un clima internacional más inestable, descrito por los especialistas como más volátil, incierto, complejo y ambiguo que el de hace diez años. En ese paisaje, cada nueva señal epidemiológica pesa más. El brote de ébola que volvió a poner en guardia a la OMS operó como telón de fondo inmediato para una conclusión sin rodeos: el mundo no es hoy más seguro frente a una pandemia que antes.

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La fragilidad no se explica por una sola falla, sino por una suma de erosiones. Persisten las desigualdades en el acceso a herramientas sanitarias, se enfría la voluntad política para sostener inversiones preventivas y se desgasta la confianza de la ciudadanía en las instituciones y en la evidencia científica. Todo eso ocurre, además, después de años en los que la experiencia de la covid parecía haber dejado lecciones imborrables.

La paradoja es esa: nunca hubo tanta memoria reciente sobre el costo humano, económico y social de una pandemia, pero esa memoria no se tradujo en una seguridad más sólida. La OMS insiste en que la amenaza epidémica no solo persiste, sino que podría golpear con más fuerza en un escenario donde las defensas globales muestran fatiga.

Por eso, más que una advertencia técnica, el mensaje de la OMS suena como una alarma política y social. La próxima pandemia podría encontrar a la humanidad otra vez al borde del abismo: con más experiencia acumulada, sí, pero no necesariamente con más protección.

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