Docentes en la era de la IA: enseñar a pensar cuando las máquinas nos responden

Licenciado en sistemas y docente de la UNCUYO, el profesor Diego Vidal Silva (55) analiza el desafío de los educadores en tiempos de IA: "Sin criterio, solo acelera respuestas que no conducen a nada. Pero con criterio, al que hay que entrenar, se pueden ampliar preguntas".

Licenciado. Comunicador Social, Docente, Periodista. Maestrando. Prensa institucional en Colegio Universitario Central y en Magisterio. Co-Propietario de Agencia Fogón: producción audiovisual, prensa y Redes Sociales.

Profesor y Licenciado en Sistemas y Computación, con más de tres décadas de trayectoria en el sistema educativo argentino, Diego Vidal Silva (55) combina formación en Educación y TIC, Gestión Educativa e Inteligencia de Datos con una práctica sostenida en el aula y en la gestión universitaria. Actualmente se desempeña como secretario docente y coordinador del laboratorio de Educación Digital del Colegio Universitario Central (UNCUYO). Además, es docente e investigador en la Universidad Nacional de Cuyo y cofundador de scienc.3s, espacio orientado a la transformación digital con enfoque ético y situado. Su mirada integra pedagogía, tecnología y gestión, en un momento histórico atravesado por la inteligencia artificial y la cultura de datos.

Educar en tiempos de inteligencia artificial: el valor de la pregunta

Por Federico Fayad | @fogon.agencia

Desde tu experiencia en el aula, ¿cómo cambió la forma en que los estudiantes construyen identidad y opinión a partir del uso cotidiano de redes sociales y algoritmos?

Diego Vidal Silva, desde el aula, señala, se percibe con claridad que hoy la identidad se construye en diálogo permanente con las pantallas. Si antes los referentes eran la familia, el barrio o la escuela, ahora los estudiantes conviven también con influencers, comunidades digitales y algoritmos que refuerzan ciertos contenidos.

Diego Vidal Silva es coordinador del laboratorio de Educación Digital del Colegio Universitario Central: un docente en la era de la IA.

Silva advierte que los algoritmos no solo muestran información: la priorizan, la repiten y amplifican aquello que genera reacción. "Ofrecen más de lo que ya consumís", sintetiza. Esto impacta en la formación de opiniones y en la forma en que se validan, generando una especie de "bola de nieve" donde el sistema perfila al usuario y continúa ofreciéndole contenidos, productos e ideas similares.

Durante sus clases, el docente propone un ejercicio simple pero revelador: pedirles que abran su feed y expliquen por qué están viendo exactamente eso. En general, al principio responden "porque sí". Pero luego comienzan a identificar patrones: lo que miraron ayer, lo que comentaron, lo que compartieron. Ese momento, explica, es clave. Comprenden que no es casualidad. "La alfabetización digital hoy implica entender que el algoritmo también educa. Y si no lo analizamos, lo naturalizamos".

¿Qué rol debería asumir la escuela frente al avance de la inteligencia artificial generativa: prohibir, regular o enseñar a usarla críticamente?

Para Diego Silva, prohibir suele ser la respuesta más rápida, pero la menos eficaz. Regular es necesario. Sin embargo, considera que lo central es enseñar a usar la inteligencia artificial críticamente.

Recuerda que en sus más de 30 años de docencia nunca optó por la prohibición. Lo vivió con ICQ, Messenger, blogs, Facebook, Twitter o WhatsApp. Incluso evoca una escuela donde los estudiantes debían presentar una nota firmada para poder usar Internet durante una hora en la sala de informática. "Esa lógica nunca me convenció", señaló.

Diego Vidal Silva es profesor y Licenciado en Sistemas y Computación, con más de tres décadas de trayectoria en el sistema educativo argentino.

Hoy propone actividades concretas: pedir que consulten a una IA generativa y luego contrasten la respuesta con bibliografía académica o con su propio análisis grupal. Muchas veces descubren errores, simplificaciones o afirmaciones poco fundamentadas. Ese contraste, sostiene, es profundamente formativo: permite comprender que la IA no piensa, sino que predice texto probable. "Sin criterio, la IA solo acelera respuestas. Con criterio, puede ampliar preguntas".

Cuando hablamos de ciencia de datos, ¿qué tan conscientes son los jóvenes de que cada interacción alimenta sistemas algorítmicos que luego moldean lo que ven y piensan?

La comprensión sobre qué es realmente la ciencia de datos, plantea, es baja, tanto en jóvenes como en adultos. En términos simples, la describe como el trabajo que realizan sistemas y algoritmos para construir perfiles de usuario a partir de nuestras interacciones.

Odio a los Therians: la nueva vieja excusa para la descarga emocional

Si bien los jóvenes manejan aplicaciones con enorme destreza técnica, no siempre comprenden la arquitectura que hay detrás. En una actividad concreta, les propone escribir: "Decime todo lo que sabés de mí". La respuesta suele sorprenderlos, no porque exista un acceso mágico a su vida privada, sino porque se reconstruye un perfil plausible a partir de patrones.

Allí se abre una conversación fundamental: cada like, cada búsqueda y cada segundo frente a la pantalla alimenta modelos que luego ajustan lo que vemos. Aclaró que no se trata de generar miedo sino de comprender que los datos no desaparecen: circulan, se procesan y regresan transformados en recomendaciones, anuncios o contenidos personalizados.

¿Cómo se enseña hoy el uso responsable de redes sociales en un contexto donde la viralización y la reacción inmediata parecen imponerse sobre la reflexión?

En un escenario dominado por la inmediatez, la propuesta es desacelerar. Silva trabaja con casos reales: noticias virales, polémicas en redes o episodios de odio digital. No desde el juicio moral, sino desde el análisis. Se preguntan por qué ese contenido se volvió viral, qué emociones activa y quién se beneficia con su circulación.

Silva advierte que los algoritmos "... ofrecen más de lo que ya consumís",

También propone una regla sencilla: antes de compartir algo, esperar cinco minutos. Puede parecer mínimo, pero introduce una pausa que habilita reflexión. "La educación digital no puede limitarse a advertencias. Tiene que formar criterio. Y el criterio se entrena", desliza.

Mirando hacia los próximos años, ¿qué transformaciones profundas traerán la IA y la cultura digital al ejercicio de la docencia?

El docente considera que la inteligencia artificial tenderá a estabilizarse en términos de mercado, pero en el aula su presencia llegó para quedarse. Modificará tareas operativas como evaluaciones automáticas, análisis de datos o personalización, aunque no reemplazará el vínculo pedagógico.

Por ejemplo, el docente observa que hay estudiantes que llegan con respuestas generadas por IA. Entonces el desafío cambia: ya no se trata de transmitir contenido, sino de profundizar. Les pide que expliquen por qué esa respuesta es válida, que la contextualicen y la cuestionen. Eso transforma el rol docente: menos transmisor, más orientador; más diseñador de experiencias que generador de información.

A sus colegas les propone un ejercicio concreto: pasar una evaluación por una IA y preguntarle si puede resolverla. Si la respuesta es afirmativa, quizás no se esté evaluando pensamiento, sino repetición. "La tecnología avanza. El pensamiento crítico sigue siendo humano".

Una reflexión final

El docente de la UNCUYO aseguró que "estamos atravesando un cambio cultural profundo. y que eso les va a hacer, a los educadores figurar en los libros de Historia". "No se trata solo de inteligencia artificial o redes sociales, sino de cómo se construyen hoy el conocimiento, la identidad y la opinión", remarca.

Para Diego Silva, la tecnología no es buena ni mala en sí misma, pero amplifica lo que somos. Si se educa con criterio, amplificará pensamiento; si no, automatismos. Por ello, su preocupación no es que los estudiantes usen IA, sino que la utilicen sin comprenderla; no que estén en redes, sino que reaccionen sin pensar.

"Tal vez la pregunta no sea qué hará la inteligencia artificial con nosotros, sino qué estamos haciendo nosotros con ella. Y esa respuesta, inevitablemente, también se construye en el aula", concluyó.

Esta nota habla de: