Se destruyeron más de 327 mil empleos registrados y cerraron 24 mil empresas en poco más de dos años de gestión de Milei

Un informe del CEPA, elaborado sobre datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, revela un fuerte deterioro del entramado productivo desde noviembre de 2023 hasta febrero de 2026. La construcción, el transporte y la industria aparecen entre los sectores más golpeados, mientras las pequeñas empresas concentran el cierre de firmas y las grandes explican la mayor parte de los despidos.

Periodista y analista. Escritor. Trabajó en Radio La Red Mendoza y Radio Nihuil. Participó en Radio AM 750, programa de Victor Hugo Morales.

La dinámica del mercado laboral argentino continúa mostrando señales de deterioro. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), basado en datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), registró una pérdida de 327.813 puestos de trabajo registrados y el cierre de 24.437 empresas entre noviembre de 2023 -mes del triunfo electoral de Javier Milei- y febrero de 2026. El dato sintetiza una tendencia persistente: menos empleadores, menos empleo formal y un tejido productivo bajo presión.

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La caída empresarial es uno de los indicadores más significativos del período. Según el relevamiento, el número de empleadores pasó de 512.357 a 487.920 en apenas 27 meses, lo que equivale al cierre de unas 30 empresas por día. El fenómeno impacta especialmente sobre pequeñas y medianas firmas, responsables de casi la totalidad de los casos registrados.

La otra cara del ajuste: más de 327 mil empleos formales perdidos y 24 mil empresas menos.

El sector más afectado en términos absolutos fue el de transporte y almacenamiento, que perdió 6.193 empleadores durante el período analizado. Le siguieron el comercio mayorista y minorista, con 5.794 cierres; los servicios inmobiliarios, con 3.555; la industria manufacturera, con 3.073; y los servicios profesionales, científicos y técnicos, con 2.572 empresas menos. La construcción, uno de los sectores históricamente sensibles a los ciclos económicos, también aparece entre los rubros más castigados, con una retracción de 2.089 empleadores.

Mercado laboral en Argentina: una tendencia persistente: menos empleadores, menos empleo formal y un tejido productivo bajo presión.

Cuando el análisis se mide en términos relativos, el impacto adquiere otra dimensión. Transporte y almacenamiento lidera las pérdidas con una contracción del 15,7% de sus empleadores, seguido por servicios extraterritoriales (-14,4%), inmobiliarias (-12%) y construcción (-9,6%). La tendencia expone un enfriamiento de actividades estrechamente ligadas al consumo, la inversión y la logística económica.

CEPA.

Pero el deterioro no se limita al universo empresarial. El informe señala que el empleo registrado en unidades productivas cayó 3,33%, pasando de 9,8 millones a 9,5 millones de trabajadores formales. En términos concretos, se traduce en 327.813 empleos menos, un promedio de aproximadamente 400 puestos destruidos por día desde el inicio de la gestión libertaria.

CEPA.

La construcción aparece nuevamente como el principal termómetro de la crisis laboral. El sector perdió 75.238 puestos registrados, ubicándose al frente del ranking de destrucción de empleo. Detrás aparecen la administración pública, con 56.169 trabajadores menos; la industria manufacturera, con 55.575; y los servicios profesionales, científicos y técnicos, con una reducción de 28.301 puestos. Transporte, comunicaciones y servicios financieros también muestran retrocesos importantes.

En términos porcentuales, la construcción vuelve a ser la actividad más golpeada, con una caída del 16% del empleo registrado. Los servicios inmobiliarios (-11,8%) y actividades vinculadas a organismos extraterritoriales (-14,3%) completan el podio de sectores más afectados proporcionalmente.

Uno de los datos más sensibles del relevamiento se encuentra en el trabajo en casas particulares. El empleo registrado doméstico cayó de 629.660 personas a 600.429, lo que representa 29.231 puestos menos, equivalentes a más de 34 empleos perdidos por día. Por tratarse de un sector altamente vulnerable y vinculado directamente a la capacidad económica de los hogares, suele funcionar como un indicador temprano de deterioro social: cuando las familias ajustan gastos, el servicio doméstico es uno de los primeros rubros en resentirse.

CEPA.

Si se suman los trabajadores registrados en unidades productivas y el empleo en casas particulares, la pérdida total asciende a 357.044 puestos de trabajo registrados en poco más de dos años. El promedio: 434 empleos formales menos cada día.

El informe también aporta un dato relevante sobre el tamaño de las empresas afectadas. Casi la totalidad de los cierres (99,71%) correspondieron a firmas de hasta 500 trabajadores, lo que confirma el fuerte impacto sobre pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, la destrucción de empleo se concentró mayormente en grandes compañías: el 66,4% de los puestos perdidos ocurrió en empresas de más de 500 empleados, que redujeron su plantilla en 217.861 trabajadores. Las firmas más pequeñas explicaron el 33,5% restante, con 109.952 empleos menos.

CEPA.

Conclusión

Los datos del CEPA muestran una paradoja económica que ayuda a explicar parte del malestar social: mientras el Gobierno exhibe estabilidad macroeconómica, equilibrio fiscal y desaceleración inflacionaria como logros de gestión, el mercado laboral formal continúa deteriorándose y el entramado empresarial pierde densidad.

La construcción y la industria -sectores históricamente asociados a la inversión, la actividad económica y el empleo masivo- aparecen entre los más castigados, sugiriendo un enfriamiento de la economía real. Al mismo tiempo, el retroceso del empleo doméstico expone que el ajuste no solo impacta sobre empresas, sino también sobre los hogares, que reducen consumos y costos ante ingresos deteriorados.

No hay estallido social porque el ajuste fragmentó a la clase trabajadora

El punto más delicado es quizás el de las expectativas productivas. Cuando desaparecen empleadores, particularmente pequeñas empresas, no solo se pierden puestos de trabajo: se erosionan capacidades productivas, redes comerciales y oportunidades de recuperación rápida. El interrogante de fondo es si el actual modelo económico logrará transformar la estabilización macro en expansión del empleo, o si el costo laboral del ajuste terminará consolidándose como uno de los principales pasivos de la gestión.

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