A 50 años del golpe: Memoria y futuro
Rechazar la "tabula rasa" y romper el algoritmo. La memoria no es una carga del pasado, sino la estructura que sostiene los derechos de hoy. Lamentablemente esta voluntad de borrar la historia encuentra un aliado inesperado en la configuración tecnológica de nuestra era.
Rechazar la "tabula rasa" y romper el algoritmo
A cinco décadas del inicio de la etapa más oscura de nuestra historia, siento que los argentinos nos encontramos en una encrucijada donde el pasado y el futuro parecen disputarse en un terreno de profunda gravedad. Ya no nos enfrentamos únicamente a intentos de justificar lo injustificable, sino a una ofensiva más profunda que busca desmantelar los cimientos mismos de nuestra convivencia democrática.
1976: El plan económico secreto que necesitó el golpe de EstadoDesde mi punto de vista, y como señala Nora Merlin, hemos transitado del negacionismo tradicional a una fase mucho más peligrosa: el rechazo de la verdad histórica. Este dispositivo no busca solo discutir cifras o contextos, sino imponer una "tabula rasa". Creo que la intención es demoler el consenso alcanzado en 1983, aquel pacto fundacional que estableció el "Nunca Más" como el límite infranqueable de nuestra sociedad. Al intentar borrar esta memoria simbólica, se pretende vaciar de legalidad el presente y dejar al ciudadano desprotegido frente a un poder que no reconoce mediaciones ni leyes compartidas. La memoria no es una carga del pasado, sino la estructura que sostiene los derechos de hoy; creo sinceramente que sin memoria no hay derechos laborales consagrados que proteger, ni industria nacional, ni ciencia y tecnología soberana. Resulta evidente que la idea de "tabula rasa" busca borrar derechos a la vez que intenta impedir para las nuevas generaciones la comprensión del impacto de las atrocidades sociales, políticas y económicas que generó el terrorismo de Estado hace 50 años, validando que la discusión política puede darse con la supresión del otro.
Lamentablemente esta voluntad de borrar la historia encuentra un aliado inesperado en la configuración tecnológica de nuestra era. Resulta evidente que vivimos sumergidos en dinámicas digitales que tienden a eliminar la fricción y la duda. Augusto Salvatto advierte que estamos aprendiendo a comportarnos como algoritmos, consumiendo únicamente aquello que confirma nuestros sesgos y evitando cualquier contradicción que nos exija pensar. Esta "comodidad" digital alimenta una polarización extrema que nos aísla en burbujas de eco, donde la empatía y el sentido de comunidad se disuelven en reacciones automáticas.
No hay estallido social porque el ajuste fragmentó a la clase trabajadoraNuestro desafío actual creo entonces radica en comprender que la hiperconcentración económica y la deshumanización tecnológica son caras de una misma moneda que busca individuos aislados y sin memoria. Siento que nuestra respuesta frente a este escenario no debería ser el rechazo a la tecnología, sino su apropiación social. Necesitamos "romper el algoritmo" para recuperar la capacidad de dialogar con lo diferente y reconstruir los lazos colectivos. Frente a un sistema que premia la eficiencia individualista y el olvido programado, debemos proponer una organización de la comunidad que utilice las herramientas digitales para generar inclusión y nuevas oportunidades.
Nunca más una sociedad cómpliceEstoy convencido que rechazar firmemente la "tabula rasa" es un acto de soberanía política ineludible y romper el algoritmo es un acto de rebeldía indispensable para recuperar la idea de que podemos transformar la realidad. La construcción de una sociedad más justa e inclusiva requiere que defendamos los consensos de 1983 con la misma firmeza con la que abrazamos las innovaciones del siglo XXI para ponerlas al servicio de una Patria con la gente adentro. Solo una memoria activa y una ciudadanía capaz de navegar las contradicciones de su tiempo podrán impedir que el futuro sea simplemente un retorno al horror bajo nuevos ropajes tecnológicos. La memoria es, en definitiva, nuestra herramienta más poderosa para transformar el malestar del presente en un proyecto de futuro compartido.