En el Día Internacional del Implante Coclear, Abril Giudice le cuenta su historia a Portada.

Soy Abril una chica con hipoacusia bilateral este diagnóstico me lo descubrieron a los 3 años, fue difícil llegar a una respuesta a lo que me sucedía ya que muchos médicos le decían a mi mamá que estaba bien pero era claro de que no. Mis padres me tenían que gritar para que los escuchara, también ponían el televisor en volumen alto e incluso para la edad que tenía no hablaba casi nada.

Cuando supimos que tenía perdida de audición en ambos oídos mi familia se embarco en un viaje sin saber por donde comenzar, fue entonces cuando tuve que empezar a  audífonos e ir a una fonoaudióloga para poder comenzar a practicar mi vocabulario verbal, mis padres hicieron de todo para poder darme una mejor calidad de vida.

A mis 11 años me dieron la noticia de que mi oído derecho ya estaba al límite de la sordera, y nos dieron la oportunidad de ponerme un implante coclear, mis padres aceptaron la oportunidad y como era chica no entendía mucho la situación pero sin duda fue lo mejor que me pudo haber pasado. Después de ese proceso cuando me encendieron el procesador empece a escuchar un montón de cosas que antes no podía, como por ejemplo, las s o las r era algo que antes no captaba

En esos momento, cuando fui creciendo me fui dando cuenta de mis dificultades, de mi realidad, me avergonzaba un montón de lo que tenía, siempre me preguntaba ¿Por qué tuve que nacer así? o ¿Por qué me toco pasar por esto? Sufrí mucho rechazo en la primaria, la mayoría de mis compañeros me rechazaban y me dejaban de lado, tuve también dificultad en las clases e incluso tenía una maestra que me descalificaba en su materia ya que según ella no era capaz por el simple hecho de no poder escuchar. Constantemente vivía lidiando  con esto que tenía, siempre me puse etiquetas de “no puedo” “no soy capaz” “no voy a lograrlo” e inclusive la gente de mi alrededor también me ponía esas etiquetas. Con el tiempo, gracias a Dios, me fui dando cuenta de que esto no me podía limitar, me fui desafiando a cosas que nunca pensé hacer por miedo al que dirán y entendí que este diagnostico no me definía.

Hoy tengo 18 años, soy la primera de mi familia en terminar mis estudios y en un colegio de UNCuyo y con mucho esfuerzo he logrado mucho, no fue fácil pero tampoco imposible. No cuento esto para presumir, sino para mostrar que una persona que tiene dificultad auditiva si puede lograr cosas grandes y puede cumplir sus sueños como cualquier otra, porque una dificultad de salud no define lo que somos sino nuestras cualidades como persona.

Quiero también recomendarles y acorde a mi experiencia, que es lo que se debe hacer cuando uno conoce a una persona con dificultad auditiva:

  1. Hable de frente, de manera clara y despacio.
  2. Si nota que la persona se pierde en la conversación, sea comprensivo y repita con paciencia. Las personas que tenemos dificultad auditiva solemos perdernos y muchas veces nos da pena preguntar que fue lo que nos dijo y nos sentimos mal.
  3. No escuchamos de atrás por eso es importante que se nos hable de frente y es bueno también preguntar de que lado escuchamos mejor porque siempre hay un lado del cual escuchamos mejor que el otro. Les recomiendo hablarle del lado que escucha mejor, para poder tener una mejor comunicación

Por último es importante poder comprender al que tiene dificultad, debemos empezar a construir un mundo que ame, que incluya, que respete al que es diferente, al que tiene dificultad.